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Congruencia
¿Qué pasa cuando un gobernante atiende bien los asuntos de su gobierno, pero no puede ser leal a su esposa?
El mundo no se pone de acuerdo. Históricamente ha tenido un gran aprecio por la congruencia, pero en las décadas recientes la ha desvirtuado. Veamos, por ejemplo, lo que sucede con los gobernantes y las demandas de la opinión pública hacia ellos; desde hace muchos años atrás, a cualquier gobernante se le exigía congruencia en cada área de su vida, es decir, que fuera honesto, leal, de sólidos principios morales, al mismo tiempo que se esperaba que fuera apto para gobernar, lo cual debía demostrar produciendo resultados.
Si un gobernante demostraba capacidad para gobernar, dando resultados, pero no mostraba honestidad en su vida personal, eso era suficiente para que se produjera un escándalo que casi siempre le privaba de su derecho a gobernar. El argumento que se usaba era que esa persona “no tenía autoridad moral” para gobernar.
En tiempos recientes la apreciación de ese tipo de congruencia comenzó a cambiar. Los mismos escándalos bajaron de tono ante los ojos de la opinión pública, y gradualmente la gente asimiló la idea de que un gobernante podía ser exitoso en su vida pública, aunque fuera un fracaso en su vida privada. La frase que condensa este pensamiento, ha sido dicha muchas veces recientemente, por la opinión popular: “mientras este gobernante produzca resultados que traigan beneficios concretos a mi vida, a mí no me importa lo que haga con su vida personal”.
Aunque el asunto suena bien en cuanto a una tolerancia hacia los demás, o respetando la privacidad de los otros, cuando lo examinamos a detalle nos encontramos con asuntos delicados, que tienen implicaciones que pueden afectarnos. ¿Qué pasa cuando un gobernante atiende bien los asuntos de su gobierno, pero no puede ser leal a su esposa? Lo que parece ser un asunto de índole privada, en realidad está mostrando un fundamento en la manera de pensar del gobernante: su lealtad hacia sus convicciones puede variar, y no necesariamente va a respetar los acuerdos de su palabra. Este es un fundamento en su vida, que por el momento se está mostrando hacia su esposa, pero que en un futuro podría mostrarse hacia sus gobernantes.
Y aunque se ha tomado el ejemplo de los gobernantes, en realidad el tema se aplica a cualquiera de nosotros, ya que funciona de la misma manera. Si el doctor que lo atiende, el arquitecto que le construye, o el despachador en su tienda de la esquina no respeta su palabra en casa, no es leal a su familia, o está siendo derrotado en alguna área privada, son muy altas las posibilidades de que un día llegue a pasar lo mismo con la gente a la que sirve, y que llegue a recetar medicamentos que convengan a cierto laboratorio, a construir con material caro, pero de menor calidad, o a venderle productos más caro de lo debido. Si no son leales a lo que se supone deberían amar más, ¿por qué habrán de serlo con aquellos a los que están “obligados a servir”?
De manera que el Señor Jesús tenía mucha razón cuando confrontó a los escribas y fariseos, quienes enseñaban muy bien las cosas, pero no las hacían. Por eso Jesús dijo a la gente: “en todo caso, hagan como ellos les dicen, pero no hagan como ellos hacen”. No tenían la más mínima congruencia en sus vidas.
Angel Flores Rivero
iglefamiliar@hotmail.com
Si un gobernante demostraba capacidad para gobernar, dando resultados, pero no mostraba honestidad en su vida personal, eso era suficiente para que se produjera un escándalo que casi siempre le privaba de su derecho a gobernar. El argumento que se usaba era que esa persona “no tenía autoridad moral” para gobernar.
En tiempos recientes la apreciación de ese tipo de congruencia comenzó a cambiar. Los mismos escándalos bajaron de tono ante los ojos de la opinión pública, y gradualmente la gente asimiló la idea de que un gobernante podía ser exitoso en su vida pública, aunque fuera un fracaso en su vida privada. La frase que condensa este pensamiento, ha sido dicha muchas veces recientemente, por la opinión popular: “mientras este gobernante produzca resultados que traigan beneficios concretos a mi vida, a mí no me importa lo que haga con su vida personal”.
Aunque el asunto suena bien en cuanto a una tolerancia hacia los demás, o respetando la privacidad de los otros, cuando lo examinamos a detalle nos encontramos con asuntos delicados, que tienen implicaciones que pueden afectarnos. ¿Qué pasa cuando un gobernante atiende bien los asuntos de su gobierno, pero no puede ser leal a su esposa? Lo que parece ser un asunto de índole privada, en realidad está mostrando un fundamento en la manera de pensar del gobernante: su lealtad hacia sus convicciones puede variar, y no necesariamente va a respetar los acuerdos de su palabra. Este es un fundamento en su vida, que por el momento se está mostrando hacia su esposa, pero que en un futuro podría mostrarse hacia sus gobernantes.
Y aunque se ha tomado el ejemplo de los gobernantes, en realidad el tema se aplica a cualquiera de nosotros, ya que funciona de la misma manera. Si el doctor que lo atiende, el arquitecto que le construye, o el despachador en su tienda de la esquina no respeta su palabra en casa, no es leal a su familia, o está siendo derrotado en alguna área privada, son muy altas las posibilidades de que un día llegue a pasar lo mismo con la gente a la que sirve, y que llegue a recetar medicamentos que convengan a cierto laboratorio, a construir con material caro, pero de menor calidad, o a venderle productos más caro de lo debido. Si no son leales a lo que se supone deberían amar más, ¿por qué habrán de serlo con aquellos a los que están “obligados a servir”?
De manera que el Señor Jesús tenía mucha razón cuando confrontó a los escribas y fariseos, quienes enseñaban muy bien las cosas, pero no las hacían. Por eso Jesús dijo a la gente: “en todo caso, hagan como ellos les dicen, pero no hagan como ellos hacen”. No tenían la más mínima congruencia en sus vidas.
Angel Flores Rivero
iglefamiliar@hotmail.com