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Condenados para siempre

La lectura del día de hoy puede considerarse fácilmente como una de las partes centrales de la Biblia, ya que presenta la verdadera esencia del evangelio


    La lectura del día de hoy puede considerarse fácilmente como una de las partes centrales de la Biblia, ya que presenta la verdadera esencia del evangelio. Todo sucedió en una noche, cuando Nicodemo, un principal de entre los judíos, visitó a Jesús a fin de conocerle mejor. Las palabras que Jesús expresó a Nicodemo representan el mensaje más nítido del evangelio: Dios amó tanto al mundo, que envió a su Hijo único para salvar a la humanidad.
    Jesús explicó a Nicodemo que Dios no mandó a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. Siempre ha estado en el corazón de Dios el deseo de que los hombres no se pierdan, pero lamentablemente mucha gente ha desechado este mensaje de salvación.
    Hay algo que llama poderosamente la atención cuando leemos las palabras de Jesús, las cuales fueron referidas por Juan el evangelista: la gente no será juzgada por lo que hace, sino por lo que ha dejado de creer. Las palabras textuales de Jesús fueron “El que cree en Él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.”
    ¿Qué significa esto? Generalmente pensamos que una persona puede irse al infierno por cometer un asesinato, o quizá un adulterio, o una gran cantidad de pecados considerados graves ante Dios; pero las palabras de Jesús dicen que la persona que ya ha sido juzgada es aquella que no ha creído en el mensaje de salvación.
    Una y otra vez el mensaje es claro: la salvación del alma es un asunto de fe, es decir, de creer lo que Dios mismo afirma. Él dice que si nos arrepentimos de nuestros pecados, le pedimos perdón y creemos en nuestro corazón que Jesús murió en la cruz para pagar nuestros pecados, y que fue levantado de entre los muertos, esa fe nos hará salvos. No hay cosa alguna que podamos añadir a través de nuestros esfuerzos u obras para completar nuestra salvación. Esto es creer en Él, y el que cree en Él no será juzgado.
    Por otra parte, la persona que decide no creer, ya ha sido juzgada, porque ha cerrado la puerta para su salvación. Las malas acciones que cometa sólo empeorarán si situación ya de por sí condenada. Basta un solo pecado para condenarnos, por eso fue necesario que Jesucristo pagara por todos y cada uno de nuestros pecados.
    En la noche de aquel encuentro, Jesús dejó bien claro que Él había venido a salvar a la mayor cantidad posible de personas, pero que cada quien debería hacer su propia y personal elección. Curiosamente las personas que respondieron mejor a su mensaje, fueron aquellas que habían cometido una gran cantidad de pecados: las prostitutas,  los cobradores de impuestos, la gente del vulgo y hasta una gran cantidad de gentiles, es decir, de personas no judías, como en el caso de los soldados romanos.
    Todos ellos nada tenían que ofrecer a Dios por su salvación, excepto sus propios errores, pero Dios en su misericordia los perdonó al ver su fe; en cambio una gran cantidad de religiosos, quienes llevaban una vida admirada por los demás, y quienes tenían poco de qué arrepentirse, fueron desechados, no por sus pocos pecados, sino por su falta de fe.
    Querido lector: ¿Has examinado tu corazón para ver si tienes fe en Jesús, o estás confiando en tus buenas acciones para conseguir tu salvación?

Angel Flores Rivero
iglefamiliar@hotmail.com

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