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Con los pies en la tierra
Afrontar cada cambio en la vida es uno de los mayores retos del ser humano
GUADALAJARA, JALISCO (08/ABR/2011).- Aceptar la muerte de un familiar, la ruptura de una relación sentimental o el cambio de área en el trabajo son algunas de las circunstancias que representan un verdadero tormento y angustia para diversas personas. Cambios que por decisión propia o ajena se tienen que realizar, tarde o temprano. Para aceptarlos y superarlos pueden pasar días, meses o hasta años.
Los cambios son constantes e inician desde el momento en que se nace y se respira por primera vez. Cuando se dice el popular dicho “genio y figura hasta la sepultura”, o “las personas nunca cambian”, se está en un error, en una ignorancia total, pues es necesario comprender que cualquier tipo de cambio en el ser humano es “inherente, permanente y continuo”.
Carmen Ceja, jefa del Departamento de Psicología del Hospital Zoquipan, en Zapopan, asegura que cuando una persona se resiste a un cambio influyen diferentes vertientes que crean una capa de ceguera casi impenetrable, pues “no tienen claro cuáles son los pasos que siguen después de realizarlo, ni cuál es el objetivo para hacerlo”.
A decir de la también experta en Programación neurolingüística, los cambios más difíciles de afrontar para cualquier persona y que son el vértice para desencadenar otros, son las cuestiones de la salud, y el cuerpo pierde estabilidad y armonía, principalmente cuando se recibe un diagnóstico nada favorable respecto a la detección de un cáncer o el desarrollo de una enfermedad crónica degenerativa. Posteriormente, los procesos más complicados de digerir se vuelcan sobre la pérdida de la solvencia económica y el nivel social, el enfrentamiento a una nueva estructura laboral o la culminación de una situación amorosa, lo que “desmoronan la realización y certeza personal”.
“Cuando no se da un cambio de manera natural, es porque todavía no están dadas las circunstancias adecuadas. Tenemos que revisar muy bien si la persona tiene los recursos necesarios, y si los tiene que esté consciente de ello”.
No obstante, la persona puede tenerlos más no reconocerlos, lo que implica una severa valoración de las herramientas físicas y emocionales con las que posee. Aquí es donde entra en juego los estados de certeza, seguridad y confianza, además de los valores morales como la honestidad y el respeto, de éstos partirán las nuevas estructuras a reemplazar.
“No hay mal que dure 100 años…”
Un cambio mal manejado y procesado puede desenlazar eternas depresiones. Carmen recomienda que antes de tomar cualquier decisión, es importante dar respuesta a las siguientes preguntas en un “estado presente”: dónde estoy, qué está pasando, cómo fue que llegué aquí, cómo fue que me convertí en esta persona, “una vez que se ubica el estado presente, entonces conoces todos los recursos que se requieren para hacer el cambio, y a la vez decir qué es lo que realmente quiero, qué voy a obtener con esto y el efecto que tendrá en mi vida”.
Arriesgarse y aventar el ancla
Lamentablemente, en algunas ocasiones el abrumador panorama no está en nosotros, sino en las personas que nos rodean. Intentar hacerlas reaccionar no es tan sencillo como parece. Hablar directamente con ellas puede ser un portazo a la oportunidad de cambio, si la persona en cuestión no está decidida a dar un giro completo a su vida. Hay que pedir permiso para entrar y navegar en las turbulentas aguas de sus sentimientos.
“A través de las creencias, valores y emociones nos adentramos gradualmente. Si no quiere cambiar voluntariamente hay que llevarla a lo que se conoce como un ‘pase a futuro’, que se vea en un año, dos, 10 o 20 años cómo sigue en esa misma situación sin el cambio. También podemos llevarla a que se vea en diferentes roles, que se convierta en otros personajes que la rodean para que valore cómo la ven los demás”.
Siete ciclos a comprender
Carmen Ceja explica que durante todo el proceso de vida se presentan los llamados “siete ciclos del cambio”, los cuales se presentan en cualquier ser humano.
“Se dan en diferentes etapas y áreas, simultáneamente”.
Detalla que estos siete puntos indican el momento ideal para realizar un cambio en la estructura de vida y así equilibrar las emociones del ámbito personal, laboral y social.
1.- El inicio: es el comienzo de una nueva etapa como el principio de una relación amorosa.
2.- Desarrollo y crecimiento: evolución y consolidación, como lograr un ascenso en el trabajo.
3.- Estado estático: los planes funcionan a la perfección.
4.- Las turbulencias: es el momento en que la persona se da cuenta de que no está conforme con su actual situación.
5.- El Caos: los problemas se duplican a cada instante. La felicidad es escasa en este estado y por lo general no hay una claridad de qué se desea y quiere en la vida.
“Cuando estás en el caos, para donde te hagas te toca, la única manera de salir es al indicar que ya todo terminó y se acabó”. De manera natural debe venir el cambio y es tiempo de mostrar un desapego sin miedo e incertidumbre.
6.- El soltar: es el desapego total de la situación dañada. El individuo reconoce que no está bien en su estructura.
7.- Meditación y el silencio: es necesario dedicar tiempo al libre pensamiento para analizar y meditar qué pasó, cómo fue, por qué pasó.
El psiquiatra y escritor argentino Demián Bucay propone una lectura terapéutica para librar el alma en Mirar de nuevo, enfoques y estrategias para afrontar conflictos, obra que expone casos reales de superación que optaron por un camino sin obstáculos y turbulencias.
Bucay logra una reflexión interior en el lector a través del análisis crítico del comportamiento humano, los miedos y angustias que lo rodean.
FICHA
• Autor: Demián Bucay.
• Editorial: Océano.
• Precio: 190 pesos, en librerías Gandhi.
Los cambios son constantes e inician desde el momento en que se nace y se respira por primera vez. Cuando se dice el popular dicho “genio y figura hasta la sepultura”, o “las personas nunca cambian”, se está en un error, en una ignorancia total, pues es necesario comprender que cualquier tipo de cambio en el ser humano es “inherente, permanente y continuo”.
Carmen Ceja, jefa del Departamento de Psicología del Hospital Zoquipan, en Zapopan, asegura que cuando una persona se resiste a un cambio influyen diferentes vertientes que crean una capa de ceguera casi impenetrable, pues “no tienen claro cuáles son los pasos que siguen después de realizarlo, ni cuál es el objetivo para hacerlo”.
A decir de la también experta en Programación neurolingüística, los cambios más difíciles de afrontar para cualquier persona y que son el vértice para desencadenar otros, son las cuestiones de la salud, y el cuerpo pierde estabilidad y armonía, principalmente cuando se recibe un diagnóstico nada favorable respecto a la detección de un cáncer o el desarrollo de una enfermedad crónica degenerativa. Posteriormente, los procesos más complicados de digerir se vuelcan sobre la pérdida de la solvencia económica y el nivel social, el enfrentamiento a una nueva estructura laboral o la culminación de una situación amorosa, lo que “desmoronan la realización y certeza personal”.
“Cuando no se da un cambio de manera natural, es porque todavía no están dadas las circunstancias adecuadas. Tenemos que revisar muy bien si la persona tiene los recursos necesarios, y si los tiene que esté consciente de ello”.
No obstante, la persona puede tenerlos más no reconocerlos, lo que implica una severa valoración de las herramientas físicas y emocionales con las que posee. Aquí es donde entra en juego los estados de certeza, seguridad y confianza, además de los valores morales como la honestidad y el respeto, de éstos partirán las nuevas estructuras a reemplazar.
“No hay mal que dure 100 años…”
Un cambio mal manejado y procesado puede desenlazar eternas depresiones. Carmen recomienda que antes de tomar cualquier decisión, es importante dar respuesta a las siguientes preguntas en un “estado presente”: dónde estoy, qué está pasando, cómo fue que llegué aquí, cómo fue que me convertí en esta persona, “una vez que se ubica el estado presente, entonces conoces todos los recursos que se requieren para hacer el cambio, y a la vez decir qué es lo que realmente quiero, qué voy a obtener con esto y el efecto que tendrá en mi vida”.
Arriesgarse y aventar el ancla
Lamentablemente, en algunas ocasiones el abrumador panorama no está en nosotros, sino en las personas que nos rodean. Intentar hacerlas reaccionar no es tan sencillo como parece. Hablar directamente con ellas puede ser un portazo a la oportunidad de cambio, si la persona en cuestión no está decidida a dar un giro completo a su vida. Hay que pedir permiso para entrar y navegar en las turbulentas aguas de sus sentimientos.
“A través de las creencias, valores y emociones nos adentramos gradualmente. Si no quiere cambiar voluntariamente hay que llevarla a lo que se conoce como un ‘pase a futuro’, que se vea en un año, dos, 10 o 20 años cómo sigue en esa misma situación sin el cambio. También podemos llevarla a que se vea en diferentes roles, que se convierta en otros personajes que la rodean para que valore cómo la ven los demás”.
Siete ciclos a comprender
Carmen Ceja explica que durante todo el proceso de vida se presentan los llamados “siete ciclos del cambio”, los cuales se presentan en cualquier ser humano.
“Se dan en diferentes etapas y áreas, simultáneamente”.
Detalla que estos siete puntos indican el momento ideal para realizar un cambio en la estructura de vida y así equilibrar las emociones del ámbito personal, laboral y social.
1.- El inicio: es el comienzo de una nueva etapa como el principio de una relación amorosa.
2.- Desarrollo y crecimiento: evolución y consolidación, como lograr un ascenso en el trabajo.
3.- Estado estático: los planes funcionan a la perfección.
4.- Las turbulencias: es el momento en que la persona se da cuenta de que no está conforme con su actual situación.
5.- El Caos: los problemas se duplican a cada instante. La felicidad es escasa en este estado y por lo general no hay una claridad de qué se desea y quiere en la vida.
“Cuando estás en el caos, para donde te hagas te toca, la única manera de salir es al indicar que ya todo terminó y se acabó”. De manera natural debe venir el cambio y es tiempo de mostrar un desapego sin miedo e incertidumbre.
6.- El soltar: es el desapego total de la situación dañada. El individuo reconoce que no está bien en su estructura.
7.- Meditación y el silencio: es necesario dedicar tiempo al libre pensamiento para analizar y meditar qué pasó, cómo fue, por qué pasó.
El psiquiatra y escritor argentino Demián Bucay propone una lectura terapéutica para librar el alma en Mirar de nuevo, enfoques y estrategias para afrontar conflictos, obra que expone casos reales de superación que optaron por un camino sin obstáculos y turbulencias.
Bucay logra una reflexión interior en el lector a través del análisis crítico del comportamiento humano, los miedos y angustias que lo rodean.
FICHA
• Autor: Demián Bucay.
• Editorial: Océano.
• Precio: 190 pesos, en librerías Gandhi.