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Con la meta siempre en la mira

Arly Velásquez y Silvino Cubesare comparten el camino que los ha llevado a hacer lo que más les gusta: competir

GUADALAJARA, JALISCO (08/MAY/2016).- Ejemplo de lucha son y lo saben, pero no se jactan de ello. Arly Velásquez y Silvino Cubesare no se urgen en hablar sobre las medallas que han logrado y de las líneas de metas a las que han llegado con el último de sus alientos. Ellos prefieren hablar de la vida, de cómo a pesar de los obstáculos han sabido encontrarle gracia a sus días, de cómo el deporte ha detonado una fuente de inspiración en sus entornos.

Arly es veloz, una ráfaga humana pese a que sus piernas no responden a las instrucciones de su cerebro. A los 13 años se rompió la espalda al caer de una bicicleta de montaña y desde entonces ha explorado docenas de disciplinas montado en una silla de ruedas.

Por su parte, Silvino es como un leopardo en cacería, sus piernas le han dado victorias que muchos profesionales del atletismo no han logrado en años de preparación profesional. Silvino es rarámuri y sus huaraches lo acompañan en cada maratón y carrera dentro y fuera de México.

Ambos están de visita en Guadalajara para participar en “Wings For Life World Run” y demostrar que no existe competencia pequeña ni cruce de meta lejana que no se pueda lograr pese a las condiciones físicas o culturales.

De ellos se ha hablado bastante, de los triunfos que visten a sus vitrinas, de los torneos internacionales y olímpicos en los que han llevado el nombre de México como estandarte. Silvino recuerda las seis horas -de ida y vuelta- que diariamente emprendía en su comunidad, de la que a primeras horas del día tenía que salir a pie para llegar hasta la tienda en la que podía encontrar alimento para su familia. A veces descalzo, a veces con huaraches, pero siempre la misma distancia, bajo el mismo Sol.

Sin límites


Arly -de 27 años y originario de Cancún- memora aquella caída que lo inmovilizó tras una mala jugada del terreno y de la bicicleta, de cómo sus vertebras se destrozaron cuando él gozaba de pertenecer a los 15 mejores ciclistas de “downhill” en México. Tras el accidente esperó seis meses, un año, después tres años, hasta que comprendió que sus piernas ya no serían las mismas, pero presume que al primer día de estar en la silla de ruedas pudo dominar “el caballito”, a levantar la silla sobre sus dos ruedas.

“Estaba compitiendo en el circuito nacional, ya había sido campeón nacional juvenil. Tuve lesión medular. Pensé que después de seis meses todo volvería a la normalidad, que volvería a la bicicleta, pasaron tres años, tuve depresión y replanté mi realidad en la silla de ruedas. Toda la vida me sentí atleta y ahora solo tenía que hacerlo adaptado”.

Arly probó la natación, basketball, pista, lanzamiento, pero asegura que ninguno lo convenció por completo hasta que conoció el monoski alpino: “ahí regresé a la montaña, a lo que más me gusta, me reencontré, era a lo que quería dedicar mi vida, la silla de ruedas solo sería otro vehículo más que dominar”. Actualmente, Arly realiza hand-cycle (bicicleta de mano) y en el invierno el mono esquí alpino, considerado como uno de los mejores 15 del mundo.

“En este deporte se demuestra que no hay tanta diferencia entre las personas con algún tipo de discapacidad o una convencional. Esquiando somos y podemos hacer lo mismo. Lo máximo que podemos tener en esta vida es estar presente, en el momento y eso me ha llevado a este deporte”.

Sin importar la disciplina deportiva a la que se tenga vocación, Arly destaca que la importancia y urgencia de mejorar las condiciones deportivas en México: “Ahorita y siempre ha sido que cualquier deportista que llega a un nivel bueno es por mérito propio, no hay una estructura que acompañe el desarrollo de un deportista, son muy pocos los casos que tienen la suerte de tener un coach apasionado al que no le importa el sueldo, que va buscando talento con planes a mediano y el largo plazo. Esa sería la prioridad”.

A su propio ritmo


“Allá no hay transporte, antes no había forma de salir. Para ir a un mandado había que caminar siete horas de ida y de regreso, nos llevaba todo el día”, así comienza a contar su historia Silvino Cubesare, ultramaratonista perteneciente a la comunidad rarámuri de la Sierra Tarahumara de Chihuahua, que desde hace un par de años transformó su necesidad de caminar por kilómetros a una pasión por las pistas profesionales.

“Casi siempre caminé solo, no me gusta estar acompañado. Me gustaba caminar mucho y a mucha gente no le gustaba seguirme, hacerlo. También al trabajo caminaba, hacía muchas cosas en la agricultura, sembrando maíz, deshierbar, iba por leña o agua y me la llevaba en el lomo”.

Silvino está a punto de llegar a los 39 años de vida y asegura que pese a los patrocinios e invitaciones internacionales no se han detenido, él siempre estará al pendiente de su comunidad, de seguir firme a sus labores domésticas para impulsar a sus cinco hijos, de los cuales, dos ya se encaminan a seguir sus pasos sobre los maratones.

Aunque le han ofrecido utilizar uniformes deportivos, Silvino puntualiza que para él es más cómodo emprender los maratones ataviado con la vestimenta tradicional de los rarámuri como la napachala (camisa) y seguir fiel a sus huaraches, pese a que en ocasiones hay que adaptarse a los requerimientos de utilizar prendas más convencionales y calzado netamente deportivo.

“En los primeros años me costó mucho adaptarme, los tenis no me gustaban. En España tuve que utilizar tenis porque así no podía participar. Pero cuando llego a la meta me siento contento, a gusto, en mi familia están contentos, lloran al emocionarse”, al recordar el primer lugar que obtuvo en el Gran Trail Peñalara 2015 ante una prueba de 110 kilómetros.

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