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'Cash'
José trata de cobrar su primera paga obtenida al otro lado del río Bravo
GUADALAJARA, JALISCO (29/MAR/2015).- Un pequeño grupo de personas se forma en aquella calle cerrada por donde ingresan los trailers a las bodegas.
Son las 3:43 de la tarde. “Viene un poco retrasada”, comenta José. “Ya le llamé, y me dice que hay algo de tráfico en el 'freeway'”, responde Daniel.
Cada uno lleva consigo un cheque. Es el “cada segundo viernes” del mes que todos esperan.
“Es mi primera vez”. “No te preocupes, a ella no le importa si tu ‘ai-di’ es falso, lo que le interesa es que el cheque sea bueno”.
José había intentado cambiar su primera paga —desde que llegó a este país— sin tener éxito. “¿No tienes otra identificación?”, le preguntaron en una tienda de productos mexicanos. “No”. “Es que, con esta no te lo puedo cambiar. Intenta sacando la consular”. Sabía que sería inútil. Para entrar a este trabajo, José tenía que utilizar otra identidad.
“Es 'fake', es falsa”, le dijeron en una "liquor" en la que se vende, además de cerveza y refrescos, boletos de lotería, llaveros, pipas, tabaco, relojes, carteras, productos con el escudo de equipos de "football" (americano) y béisbol, además, cambian cheques.
Afuera de las bodegas de la cadena de tiendas Food 4 Less esperan empleados de la empresa y clientes de esta especie de banco móvil que, por fin, a las 3:50 llega a la cita. Se trata de una camioneta tipo Van con vidrios blindados, y con una ventanilla al costado. Detrás de ella aparece una mujer de unos 50 años, con gafas y acento cubano.
“Una disculpa”, dice. “Nos retrasó el tráfico en el 'freeway'”. Entonces empieza a atender la fila hasta llegar a Daniel y José.
“Señora, le traje a un nuevo cliente”, dice Daniel mientras recibe 856 dólares en billetes de 20 y 50 y de un dólar. “Oh, espéreme al final, por favor”. El vehículo continúa encendido mientras su chofer observa con atención la calle por donde llegó.
“Es que creo que esto es ilegal”, susurra Daniel mientras José continúa esperando. Poco después, atiende la banquera independiente. “Somos un servicio para la gente”, explica. “Ustedes trabajan de manera honrada, les pagan, y merecen este beneficio. ¿Trajiste tu identificación y un comprobante de domicilio?”.
“Sí”.
“Sólo estamos aquí los viernes de 3:30 a 4:00. Si cambiamos de lugar, me puedes marcar a este teléfono”, explica ella mientras le entrega una tarjeta. Mobile Cash, se alcanza a leer.
“¿Me endosas tu cheque?”. José pone su nombre (falso) como firma, mientras el chofer avanza lentamente. El banco se mueve. “Se acercan a dos calles”, dice el conductor mientras sostiene un teléfono celular.
“Muchacho, márcame más tarde”.
“Sí, claro”, responde él con el cheque en la mano.
La camioneta se marcha. “Vámonos”, dice Daniel, quien empieza a caminar como si nada ocurriera. Al mismo tiempo, una patrulla ingresa al callejón hasta detenerse donde antes estuvo el banco ambulante. José guarda su cheque en la bolsa del pantalón y, sin soltarlo, siente que el papel cobra vida y palpita con fuerza. Otra vez se quedó sin "cash".
TOMA NOTA
Más historias
Date una vuelta por el blog Narraciones migrantes, donde Francisco Rojas Cárdenas presenta historias más allá del río Bravo, donde “realidad y ficción corren por el mismo 'freeway' sin importar el modelo de auto ni la velocidad en que se trasladan”.
Son las 3:43 de la tarde. “Viene un poco retrasada”, comenta José. “Ya le llamé, y me dice que hay algo de tráfico en el 'freeway'”, responde Daniel.
Cada uno lleva consigo un cheque. Es el “cada segundo viernes” del mes que todos esperan.
“Es mi primera vez”. “No te preocupes, a ella no le importa si tu ‘ai-di’ es falso, lo que le interesa es que el cheque sea bueno”.
José había intentado cambiar su primera paga —desde que llegó a este país— sin tener éxito. “¿No tienes otra identificación?”, le preguntaron en una tienda de productos mexicanos. “No”. “Es que, con esta no te lo puedo cambiar. Intenta sacando la consular”. Sabía que sería inútil. Para entrar a este trabajo, José tenía que utilizar otra identidad.
“Es 'fake', es falsa”, le dijeron en una "liquor" en la que se vende, además de cerveza y refrescos, boletos de lotería, llaveros, pipas, tabaco, relojes, carteras, productos con el escudo de equipos de "football" (americano) y béisbol, además, cambian cheques.
Afuera de las bodegas de la cadena de tiendas Food 4 Less esperan empleados de la empresa y clientes de esta especie de banco móvil que, por fin, a las 3:50 llega a la cita. Se trata de una camioneta tipo Van con vidrios blindados, y con una ventanilla al costado. Detrás de ella aparece una mujer de unos 50 años, con gafas y acento cubano.
“Una disculpa”, dice. “Nos retrasó el tráfico en el 'freeway'”. Entonces empieza a atender la fila hasta llegar a Daniel y José.
“Señora, le traje a un nuevo cliente”, dice Daniel mientras recibe 856 dólares en billetes de 20 y 50 y de un dólar. “Oh, espéreme al final, por favor”. El vehículo continúa encendido mientras su chofer observa con atención la calle por donde llegó.
“Es que creo que esto es ilegal”, susurra Daniel mientras José continúa esperando. Poco después, atiende la banquera independiente. “Somos un servicio para la gente”, explica. “Ustedes trabajan de manera honrada, les pagan, y merecen este beneficio. ¿Trajiste tu identificación y un comprobante de domicilio?”.
“Sí”.
“Sólo estamos aquí los viernes de 3:30 a 4:00. Si cambiamos de lugar, me puedes marcar a este teléfono”, explica ella mientras le entrega una tarjeta. Mobile Cash, se alcanza a leer.
“¿Me endosas tu cheque?”. José pone su nombre (falso) como firma, mientras el chofer avanza lentamente. El banco se mueve. “Se acercan a dos calles”, dice el conductor mientras sostiene un teléfono celular.
“Muchacho, márcame más tarde”.
“Sí, claro”, responde él con el cheque en la mano.
La camioneta se marcha. “Vámonos”, dice Daniel, quien empieza a caminar como si nada ocurriera. Al mismo tiempo, una patrulla ingresa al callejón hasta detenerse donde antes estuvo el banco ambulante. José guarda su cheque en la bolsa del pantalón y, sin soltarlo, siente que el papel cobra vida y palpita con fuerza. Otra vez se quedó sin "cash".
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