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¡Busquen al Señor!
¡Cada día son más las personas que dicen ser cristianos, católicos, y que ni siquiera saben la “o” por lo redondo de la doctrina cristiana y mucho menos de su autor y modelo de vivencia por excelencia
¡Cada día son más las personas que dicen ser cristianos, católicos, y que ni siquiera saben la “o” por lo redondo de la doctrina cristiana y mucho menos de su autor y modelo de vivencia por excelencia: Jesús! Personas que con sus comentarios, y también con sus actos, evidencian que para nada viven el auténtico cristianismo, sino más bien creen y proclaman una serie de leyes, normas, ideas, postulados, etc., cuando en realidad el cristianismo no es esencialmente nada de eso, sino un estilo de vida, fundamentado en el seguimiento incondicional de su fundador.
Cabe señalar que quien esto escribe, y lo testimonio para la gloria de Dios, también vivió, durante una buena época de su vida, en esta situación, debido precisamente a su ignorancia, a su desconocimiento de la persona y el pensamiento de Cristo. Sin embargo, un día me llamó a un encuentro personal, y, respondiendo positivamente, desde entonces dedico mi vida a conocerlo, a vivirlo y a predicarlo, anunciando su Buena Nueva y denunciando todo lo que no es de ella. Con ello he venido haciendo vigente la gracia que recibí desde mi bautismo, de participar con Cristo en su profetismo, su sacerdocio y su realeza.
Y, precisamente compartiendo su ser profeta, escribo esto como una fraternal y sincera llamada de atención a todos aquellos que quizá estén en esa situación de ignorancia y no se den cuenta, al tiempo que les comparto una buena noticia: Nunca es tarde para reaccionar, recapacitar, enmendar y reorientar nuestra vida; siempre existirá en el mundo, mientras éste exista, y en nuestra vida, mientras estemos vivos, esa oportunidad de experimentar un encuentro personal con Jesucristo, y redescubrir el inmensurable don y a la vez el gran compromiso que significa nuestro bautismo.
Don, porque recibimos gratuitamente los más grandes regalos de parte de Dios, como son su propio Espíritu, su gracia santificante, la fe, la esperanza y la caridad, y multiplicidad de otros carismas; compromiso, porque ante semejante amor y bondad incomparables, inmensurables e infinitos, no se puede corresponder mas que con nuestra propia vida, con todo lo que somos y todo lo que tenemos.
No es posible ser un “cristiano mediocre”, un “cristiano a su propio estilo”, y no lo es porque no existen: o se es cristiano o no se es; o se sigue a Jesucristo a plenitud, o no se le sigue. Jesús mismo lo afirmó en forma tan drástica: “El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama”(Mt. 12, 30).
Y para seguirlo auténticamente, para estar con Él verdaderamente, no podemos hacerlo solos, en forma aislada, hemos de hacerlo en comunidad. Para ello Jesús fundó su gran comunidad, es decir su Iglesia, la auténtica, no la que otros han fundado o reformado; lo que implica, por simple lógica humana, por humildad, y también con fundamento en la fe, que hemos de estar en plena comunión con ella y conocer, aceptar y vivir la doctrina que el Espíritu Santo le ha inspirado a ella, a través de su Magisterio y su Tradición, la cual siempre se fundamenta en la revelación recibida a través de la Sagrada Escritura.
El Evangelio de hoy nos presenta la figura, la persona de ese Jesús a quien tenemos que conocer profundamente; Jesús, el profeta poderoso en palabras y obras, y en quien y a quien hemos de creer y corresponder, siguiéndolo y entregándole todo. Para ello contamos con muchos medios para lograrlo, pues a Él lo encontramos en la Eucaristía, en la Sagrada Escritura, en la oración, en los acontecimientos, en nuestros hermanos, etc
Para todos aquellos que aún recelan, dudan, relativizan a Jesús --como lo hicieron muchos en tiempo de Él, y que finalmente acabaron por abandonarlo--, la Palabra de Dios nos dice a través del profeta Isaías: “Busquen al Señor ahora que lo pueden encontrar, invóquenlo mientras está cerca. Que el malvado abandone su camino, y el criminal sus planes; el Señor se apiadará de él si se convierte, si regresa a nuestro Dios que es rico en perdón.” (55, 6-8).
Francisco Javier Cruz Luna
cruzlfcoj(arroba)yahoo.com.mx
Cabe señalar que quien esto escribe, y lo testimonio para la gloria de Dios, también vivió, durante una buena época de su vida, en esta situación, debido precisamente a su ignorancia, a su desconocimiento de la persona y el pensamiento de Cristo. Sin embargo, un día me llamó a un encuentro personal, y, respondiendo positivamente, desde entonces dedico mi vida a conocerlo, a vivirlo y a predicarlo, anunciando su Buena Nueva y denunciando todo lo que no es de ella. Con ello he venido haciendo vigente la gracia que recibí desde mi bautismo, de participar con Cristo en su profetismo, su sacerdocio y su realeza.
Y, precisamente compartiendo su ser profeta, escribo esto como una fraternal y sincera llamada de atención a todos aquellos que quizá estén en esa situación de ignorancia y no se den cuenta, al tiempo que les comparto una buena noticia: Nunca es tarde para reaccionar, recapacitar, enmendar y reorientar nuestra vida; siempre existirá en el mundo, mientras éste exista, y en nuestra vida, mientras estemos vivos, esa oportunidad de experimentar un encuentro personal con Jesucristo, y redescubrir el inmensurable don y a la vez el gran compromiso que significa nuestro bautismo.
Don, porque recibimos gratuitamente los más grandes regalos de parte de Dios, como son su propio Espíritu, su gracia santificante, la fe, la esperanza y la caridad, y multiplicidad de otros carismas; compromiso, porque ante semejante amor y bondad incomparables, inmensurables e infinitos, no se puede corresponder mas que con nuestra propia vida, con todo lo que somos y todo lo que tenemos.
No es posible ser un “cristiano mediocre”, un “cristiano a su propio estilo”, y no lo es porque no existen: o se es cristiano o no se es; o se sigue a Jesucristo a plenitud, o no se le sigue. Jesús mismo lo afirmó en forma tan drástica: “El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama”(Mt. 12, 30).
Y para seguirlo auténticamente, para estar con Él verdaderamente, no podemos hacerlo solos, en forma aislada, hemos de hacerlo en comunidad. Para ello Jesús fundó su gran comunidad, es decir su Iglesia, la auténtica, no la que otros han fundado o reformado; lo que implica, por simple lógica humana, por humildad, y también con fundamento en la fe, que hemos de estar en plena comunión con ella y conocer, aceptar y vivir la doctrina que el Espíritu Santo le ha inspirado a ella, a través de su Magisterio y su Tradición, la cual siempre se fundamenta en la revelación recibida a través de la Sagrada Escritura.
El Evangelio de hoy nos presenta la figura, la persona de ese Jesús a quien tenemos que conocer profundamente; Jesús, el profeta poderoso en palabras y obras, y en quien y a quien hemos de creer y corresponder, siguiéndolo y entregándole todo. Para ello contamos con muchos medios para lograrlo, pues a Él lo encontramos en la Eucaristía, en la Sagrada Escritura, en la oración, en los acontecimientos, en nuestros hermanos, etc
Para todos aquellos que aún recelan, dudan, relativizan a Jesús --como lo hicieron muchos en tiempo de Él, y que finalmente acabaron por abandonarlo--, la Palabra de Dios nos dice a través del profeta Isaías: “Busquen al Señor ahora que lo pueden encontrar, invóquenlo mientras está cerca. Que el malvado abandone su camino, y el criminal sus planes; el Señor se apiadará de él si se convierte, si regresa a nuestro Dios que es rico en perdón.” (55, 6-8).
Francisco Javier Cruz Luna
cruzlfcoj(arroba)yahoo.com.mx