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Año nuevo… ¿Algo nuevo?
Hay una parte del año nuevo que a la mayoría de las personas nos gusta, y tiene que ver con la oportunidad de comenzar un nuevo ciclo donde las cosas puedan mejorar...
Hay una parte del año nuevo que a la mayoría de las personas nos gusta, y tiene que ver con la oportunidad de comenzar un nuevo ciclo donde las cosas puedan mejorar. Por ejemplo, esperamos que el inicio del nuevo año nos ayude a perder peso, o dejar un mal hábito; o comenzar un mejor negocio, o lograr las mejores ventas; conocer a alguien especial para nuestra vida, o cualquier otra cosa deseable.
Lo que la experiencia nos dice, es que por lo general la mayoría de esos buenos deseos no podrá lograrse, o sólo durará un breve tiempo, antes de que quedemos atrapados en la rutina diaria y sigamos atados al mismo estilo de vida. De tal manera que si Dios nos ha permitido iniciar el año 2010, sería bueno pensar en una idea que nos ayude a lograr cambios benéficos permanentes en nuestra vida.
Dios dice que los cambios verdaderos y permanentes comienzan en el corazón, en ese lugar donde a Él le gusta trabajar. La mayoría de las personas cree que para acercarse a Dios es necesario hacer los cambios o los méritos suficientes, y de esa manera encontrarán cierta ayuda de Dios, pero la realidad es muy diferente: Dios siempre está buscando al necesitado, al pecador, para que se acerque a Él y pueda encontrar en Dios el verdadero perdón y la verdadera ayuda para salir adelante.
Lo mismo sucede con los cambios benéficos que esperamos lograr al inicio de un nuevo ciclo: ningún cambio benéfico y permanente puede darse sin la intervención directa de Dios. Jesucristo lo dijo en palabras claras y contundentes: “separados de mí, nada podrán hacer”. No hay absolutamente nada en nuestra vida que pueda suceder, y que se traduzca en un cambio permanente y benéfico, sin la ayuda de la gracia de Dios.
A veces llegamos a pensar que Dios no tiene ingerencia en asuntos cotidianos y quizá hasta triviales, de nuestra vida, ya que suponemos que Dios sólo se interesa en las “cosas espirituales” de la gente. Con esta conclusión errónea suponemos que Dios nada tiene qué ver con perder peso, cambiar nuestros hábitos alimenticios o desarrollar una nueva actividad recreativa.
En realidad el interés de Dios por nosotros es tal, que lleva un conteo diario de nuestros cabellos, y como lo dijo el poeta David, quien fuera uno de los reyes más grandes de Israel: “Señor, Tú conoces mi entrar y mi salir, mi levantarme y mi acostarme… todos mis caminos te son conocidos”. Dios está al tanto de cada evento en nuestra vida, pero además está interesado en ello.
Piense por ejemplo en la actitud que tenemos los que somos padres, respecto a ciertos eventos de nuestros hijos que el resto de la gente podría considerar triviales: nos interesa ver el desarrollo de sus talentos y habilidades, nos sentimos orgullosos cuando hacen algo bien, así se trate de participar en una obra navideña de teatro de su kinder; apreciamos sus dibujos, así se trate de algunos garabatos hechos con crayola, y muchas cosas más.
De la misma manera, Dios, como nuestro Padre, está interesado en participar en nuestros logros y ayudarnos a traer cambios duraderos en nuestra vida, que den como resultado una nueva manera de vivir. Le animo a que en este nuevo año que estamos iniciando, le permita a Dios tomar el control de su vida, y pueda entonces sorprenderse con los resultados.
Angel Flores Rivero
iglefamiliar@hotmail.com
Lo que la experiencia nos dice, es que por lo general la mayoría de esos buenos deseos no podrá lograrse, o sólo durará un breve tiempo, antes de que quedemos atrapados en la rutina diaria y sigamos atados al mismo estilo de vida. De tal manera que si Dios nos ha permitido iniciar el año 2010, sería bueno pensar en una idea que nos ayude a lograr cambios benéficos permanentes en nuestra vida.
Dios dice que los cambios verdaderos y permanentes comienzan en el corazón, en ese lugar donde a Él le gusta trabajar. La mayoría de las personas cree que para acercarse a Dios es necesario hacer los cambios o los méritos suficientes, y de esa manera encontrarán cierta ayuda de Dios, pero la realidad es muy diferente: Dios siempre está buscando al necesitado, al pecador, para que se acerque a Él y pueda encontrar en Dios el verdadero perdón y la verdadera ayuda para salir adelante.
Lo mismo sucede con los cambios benéficos que esperamos lograr al inicio de un nuevo ciclo: ningún cambio benéfico y permanente puede darse sin la intervención directa de Dios. Jesucristo lo dijo en palabras claras y contundentes: “separados de mí, nada podrán hacer”. No hay absolutamente nada en nuestra vida que pueda suceder, y que se traduzca en un cambio permanente y benéfico, sin la ayuda de la gracia de Dios.
A veces llegamos a pensar que Dios no tiene ingerencia en asuntos cotidianos y quizá hasta triviales, de nuestra vida, ya que suponemos que Dios sólo se interesa en las “cosas espirituales” de la gente. Con esta conclusión errónea suponemos que Dios nada tiene qué ver con perder peso, cambiar nuestros hábitos alimenticios o desarrollar una nueva actividad recreativa.
En realidad el interés de Dios por nosotros es tal, que lleva un conteo diario de nuestros cabellos, y como lo dijo el poeta David, quien fuera uno de los reyes más grandes de Israel: “Señor, Tú conoces mi entrar y mi salir, mi levantarme y mi acostarme… todos mis caminos te son conocidos”. Dios está al tanto de cada evento en nuestra vida, pero además está interesado en ello.
Piense por ejemplo en la actitud que tenemos los que somos padres, respecto a ciertos eventos de nuestros hijos que el resto de la gente podría considerar triviales: nos interesa ver el desarrollo de sus talentos y habilidades, nos sentimos orgullosos cuando hacen algo bien, así se trate de participar en una obra navideña de teatro de su kinder; apreciamos sus dibujos, así se trate de algunos garabatos hechos con crayola, y muchas cosas más.
De la misma manera, Dios, como nuestro Padre, está interesado en participar en nuestros logros y ayudarnos a traer cambios duraderos en nuestra vida, que den como resultado una nueva manera de vivir. Le animo a que en este nuevo año que estamos iniciando, le permita a Dios tomar el control de su vida, y pueda entonces sorprenderse con los resultados.
Angel Flores Rivero
iglefamiliar@hotmail.com