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Ajedrez, un gimnasio para la mente
Con el ajedrez educativo apostamos a que los niños desarrollen habilidades
GUADALAJARA, JALISCO (10/ABR/2016).- "Torre homérica, ligero caballo, armada reina, rey postrero, oblicuo alfil y peones agresores” dice Jorge Luis Borges en el primer soneto de su díptico al ajedrez.
Con una superficie cuadrangular de ocho columnas verticales y ocho filas horizontales, suman 64 sus casillas, también llamadas escaques, que alternan el blanco y el negro. Esta cifra da pie a una de las numerosas leyendas alrededor del juego: su invención fue por la petición de un rey que prometió darle lo que deseara a su creador.
El sabio que diseñó las piezas y las reglas pidió algo que en apariencia fue muy sencillo: por la primera casilla pidió un grano de trigo, por la segunda dos, cuatro por la tercera y así sucesivamente. En total eran unos 18,446,744,073,709,551,615 granos, cantidad imposible de suministrar.
El siglo XIX y su romanticismo aportaron también una historia de vampiros y ajedrez, en la que el jugador que movía las casillas negras era un ser del otro mundo. Al final, la partida termina en un jaque en el que todas las piezas sobre el tablero forman una cruz que vence al vampiro. Este tipo de “jugadas” cuasinarrativas entran dentro de la categoría del ajedrez artístico.
Este juego milenario originario de Oriente ha cautivado a millones de jugadores, pero también a escritores y pintores que han retratado con pinceladas o palabras la magia del tablero bicolor. Sobre el tema se han escrito novelas como “La tabla de Flandes” de Arturo Pérez-Reverte o “La defensa” de Vladimir Nabokov, escritor ruso que también “compuso” problemas de ajedrez y que acompañó con poemas. El ajedrez inspiró a poetas como Fernando Pessoa o el mencionado Borges, a pintores como Marcel Duchamp (véase la famosa foto suya jugando contra la joven Eve Babitz).
Pero allende todo el arte en torno a este juego/deporte, quienes se han sentado frente al tablero para mover las 16 piezas de cada color han encontrado también en la práctica muchos aprendizajes que sobrepasan las fronteras del juego. Es una actividad que estimula el razonamiento lógico y la inteligencia, la planeación, la capacidad de asumir las consecuencias de los movimientos y otras tantas características que lo hacen un ejercicio mental con muy positivos resultados.
Enseñar en ajedrez
Paul Van Scoit Carballo comenzó a jugar ajedrez desde pequeño: “Mi papá me enseñó las reglas del juego. Nunca dejé de hallarle un gusto, una sensación de misterio ante la situación que vas teniendo durante el juego, ese asombro. Jugar de una manera más seria, en el sentido de competir y crecer, fue cuando estaba en la secundaria por iniciativa de unos amigos. Hicimos un club pequeño… Lo dejé por un tiempo en la prepa.
En el ITESO lo retomé, cuando cursaba la licenciatura en Ciencias de la Educación. Me enteré de que el ITESO tenía una selección de ajedrez. Empecé a entrenarme de manera más metódica, con una orientación profesional, con Ramón Ricardo Godínez”. Paul estudió con él durante la carrera: luego de terminar la universidad en 2006 se enfocó en el ajedrez educativo.
De la situación en otros países, apunta: “España es el máximo referente, hay muchas iniciativas para el ajedrez social, educativo y terapéutico. Hay grandes maestros y clubes que fomentan la práctica del juego. También hay en Argentina mucha creación de materiales y propuestas”.
Paul comenzó dando talleres en centros culturales, ahora imparte clases de ajedrez en dos colegios (Juan Salvador Gaviota y Colegio México Nuevo, sede Santa Anita), además de dar talleres en un par de bibliotecas y coordinar un club de ajedrez en su colonia. Enseña a los estudiantes de primaria y secundaria.
Son múltiples los beneficios de que los niños y jóvenes se inicien en este deporte: intelectuales, cognitivos y educativos, comenta el profesor: “Con el ajedrez educativo apostamos a que los niños desarrollen habilidades que los ayuden a tomar mejores decisiones en su vida. Se generan hábitos y prácticas que ayudan a evaluar sus acciones en diferentes escenarios”.
La primera habilidad del pensamiento que se desarrolla es la observación, ya que el juego es muy geométrico y requiere de una visión espacial. “También se fomenta la capacidad de análisis y síntesis: que los niños sepan de alguna manera ‘leer’ la situación que vive cada una de las piezas que tiene el tablero, identificar situaciones de debilidad, de fortaleza, con planes de ataque o defensivos”, afirma el docente.
Para el profesor, además de lo intelectual, la práctica del juego agrega habilidades sociales y emocionales: “Quien lo juega aprende a controlar sus emociones, qué siente durante la partida: miedo, frustración, coraje, enojo, cambia su autoestima o tiene sentimientos de inferioridad frente al contrario, tiene incertidumbre…
Trabajando en eso se logra que tenga emociones positivas: confianza, seguridad en sí mismo, sentirse capaz de desarrollar un plan y lograr ejecutarlo, entender que el intercambio de piezas, el ejercicio de ataque llegue a un resultado; eso recupera mucho la confianza y apropiación, y cambia el autoconcepto de uno mismo.
Aunque es un juego de dos personas, las habilidades sociales están al ver a su competidor como un compañero de juego, como una persona del desarrollo del juego. Se aprende humildad, respeto, se reconocen los errores”.
Un deporte con poca promoción
Además de los colegios en los que imparte la materia, el profesor tiene noticia de otros centros estudiantiles donde se da ajedrez: La Calma, Nueva Galicia, Francis Bacon, Cervantes, Instituto Tepeyac, Colegio Anglo-Francés, Colegio Británico, Colegio García Lorca. Sumado a estas colegios particulares, hay escuelas públicas (primarias y secundarias) con profesores que promueven la práctica, aunque para Paul hace falta promocionar de forma generalizada el ajedrez. “Es tan importante como todos los otros deportes: como hay competencias de futbol, basquetbol, así debe haber de ajedrez”.
Comenta sobre la Fundación Kasparov para Iberoamérica, que promueve en la Ciudad de México iniciativas para implementar el ajedrez educativo, con la población de la tercera edad y en reclusorios.
En cuanto a torneos, Paul resalta que recientemente tuvo lugar el clasificatorio de secundaria y de preparatoria, pero recuerda que en otra época hubo más cantidad de certámenes, como la Copa de Guadalajara, con una PreCopa: “Eran torneos donde había participación nacional, pero no le dieron seguimiento. También había un torneo en las Fiestas de Octubre”.
Entre los colegios hay una liga que organiza cinco torneos por semestre, que buscan fomentan la participación de los alumnos. Ayuntamientos de la zona metropolitana de Guadalajara sí han apoyado el deporte: Tlajomulco tuvo su quinto torneo el año pasado, y Tlaquepaque tendrá un torneo este domingo, en la presidencia municipal. En el país hay sitios con torneos ya longevos e importantes, Mazatlán, Huastepec, Morelia y Mérida, sumados a la Ciudad de México.
Con una superficie cuadrangular de ocho columnas verticales y ocho filas horizontales, suman 64 sus casillas, también llamadas escaques, que alternan el blanco y el negro. Esta cifra da pie a una de las numerosas leyendas alrededor del juego: su invención fue por la petición de un rey que prometió darle lo que deseara a su creador.
El sabio que diseñó las piezas y las reglas pidió algo que en apariencia fue muy sencillo: por la primera casilla pidió un grano de trigo, por la segunda dos, cuatro por la tercera y así sucesivamente. En total eran unos 18,446,744,073,709,551,615 granos, cantidad imposible de suministrar.
El siglo XIX y su romanticismo aportaron también una historia de vampiros y ajedrez, en la que el jugador que movía las casillas negras era un ser del otro mundo. Al final, la partida termina en un jaque en el que todas las piezas sobre el tablero forman una cruz que vence al vampiro. Este tipo de “jugadas” cuasinarrativas entran dentro de la categoría del ajedrez artístico.
Este juego milenario originario de Oriente ha cautivado a millones de jugadores, pero también a escritores y pintores que han retratado con pinceladas o palabras la magia del tablero bicolor. Sobre el tema se han escrito novelas como “La tabla de Flandes” de Arturo Pérez-Reverte o “La defensa” de Vladimir Nabokov, escritor ruso que también “compuso” problemas de ajedrez y que acompañó con poemas. El ajedrez inspiró a poetas como Fernando Pessoa o el mencionado Borges, a pintores como Marcel Duchamp (véase la famosa foto suya jugando contra la joven Eve Babitz).
Pero allende todo el arte en torno a este juego/deporte, quienes se han sentado frente al tablero para mover las 16 piezas de cada color han encontrado también en la práctica muchos aprendizajes que sobrepasan las fronteras del juego. Es una actividad que estimula el razonamiento lógico y la inteligencia, la planeación, la capacidad de asumir las consecuencias de los movimientos y otras tantas características que lo hacen un ejercicio mental con muy positivos resultados.
Enseñar en ajedrez
Paul Van Scoit Carballo comenzó a jugar ajedrez desde pequeño: “Mi papá me enseñó las reglas del juego. Nunca dejé de hallarle un gusto, una sensación de misterio ante la situación que vas teniendo durante el juego, ese asombro. Jugar de una manera más seria, en el sentido de competir y crecer, fue cuando estaba en la secundaria por iniciativa de unos amigos. Hicimos un club pequeño… Lo dejé por un tiempo en la prepa.
En el ITESO lo retomé, cuando cursaba la licenciatura en Ciencias de la Educación. Me enteré de que el ITESO tenía una selección de ajedrez. Empecé a entrenarme de manera más metódica, con una orientación profesional, con Ramón Ricardo Godínez”. Paul estudió con él durante la carrera: luego de terminar la universidad en 2006 se enfocó en el ajedrez educativo.
De la situación en otros países, apunta: “España es el máximo referente, hay muchas iniciativas para el ajedrez social, educativo y terapéutico. Hay grandes maestros y clubes que fomentan la práctica del juego. También hay en Argentina mucha creación de materiales y propuestas”.
Paul comenzó dando talleres en centros culturales, ahora imparte clases de ajedrez en dos colegios (Juan Salvador Gaviota y Colegio México Nuevo, sede Santa Anita), además de dar talleres en un par de bibliotecas y coordinar un club de ajedrez en su colonia. Enseña a los estudiantes de primaria y secundaria.
Son múltiples los beneficios de que los niños y jóvenes se inicien en este deporte: intelectuales, cognitivos y educativos, comenta el profesor: “Con el ajedrez educativo apostamos a que los niños desarrollen habilidades que los ayuden a tomar mejores decisiones en su vida. Se generan hábitos y prácticas que ayudan a evaluar sus acciones en diferentes escenarios”.
La primera habilidad del pensamiento que se desarrolla es la observación, ya que el juego es muy geométrico y requiere de una visión espacial. “También se fomenta la capacidad de análisis y síntesis: que los niños sepan de alguna manera ‘leer’ la situación que vive cada una de las piezas que tiene el tablero, identificar situaciones de debilidad, de fortaleza, con planes de ataque o defensivos”, afirma el docente.
Para el profesor, además de lo intelectual, la práctica del juego agrega habilidades sociales y emocionales: “Quien lo juega aprende a controlar sus emociones, qué siente durante la partida: miedo, frustración, coraje, enojo, cambia su autoestima o tiene sentimientos de inferioridad frente al contrario, tiene incertidumbre…
Trabajando en eso se logra que tenga emociones positivas: confianza, seguridad en sí mismo, sentirse capaz de desarrollar un plan y lograr ejecutarlo, entender que el intercambio de piezas, el ejercicio de ataque llegue a un resultado; eso recupera mucho la confianza y apropiación, y cambia el autoconcepto de uno mismo.
Aunque es un juego de dos personas, las habilidades sociales están al ver a su competidor como un compañero de juego, como una persona del desarrollo del juego. Se aprende humildad, respeto, se reconocen los errores”.
Un deporte con poca promoción
Además de los colegios en los que imparte la materia, el profesor tiene noticia de otros centros estudiantiles donde se da ajedrez: La Calma, Nueva Galicia, Francis Bacon, Cervantes, Instituto Tepeyac, Colegio Anglo-Francés, Colegio Británico, Colegio García Lorca. Sumado a estas colegios particulares, hay escuelas públicas (primarias y secundarias) con profesores que promueven la práctica, aunque para Paul hace falta promocionar de forma generalizada el ajedrez. “Es tan importante como todos los otros deportes: como hay competencias de futbol, basquetbol, así debe haber de ajedrez”.
Comenta sobre la Fundación Kasparov para Iberoamérica, que promueve en la Ciudad de México iniciativas para implementar el ajedrez educativo, con la población de la tercera edad y en reclusorios.
En cuanto a torneos, Paul resalta que recientemente tuvo lugar el clasificatorio de secundaria y de preparatoria, pero recuerda que en otra época hubo más cantidad de certámenes, como la Copa de Guadalajara, con una PreCopa: “Eran torneos donde había participación nacional, pero no le dieron seguimiento. También había un torneo en las Fiestas de Octubre”.
Entre los colegios hay una liga que organiza cinco torneos por semestre, que buscan fomentan la participación de los alumnos. Ayuntamientos de la zona metropolitana de Guadalajara sí han apoyado el deporte: Tlajomulco tuvo su quinto torneo el año pasado, y Tlaquepaque tendrá un torneo este domingo, en la presidencia municipal. En el país hay sitios con torneos ya longevos e importantes, Mazatlán, Huastepec, Morelia y Mérida, sumados a la Ciudad de México.