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¿Admiración o meditación?
María se había sorprendido por todo lo que estaba pasando, no se quedó en el solo estado de asombro, sino que guardaba todo lo que escuchaba y lo meditaba en su corazón
Los eventos se sucedían con una rapidez extraordinaria, tanto para José como para María: primero fue el anuncio del ángel, de que María quedaría embarazada por obra y gracia del Espíritu Santo; luego el edicto de Augusto César, obligando a la joven pareja a viajar hasta Belén para ser empadronados; en seguida la crisis al no encontrar lugar en el mesón, no sólo para descansar, sino para que María diese a luz, y después la aventura de tener que dormir en un pesebre, rodeados de animales.
Apenas estaban comenzando a darse cuenta de lo que estaba sucediendo, cuando los eventos sobrenaturales siguieron acontecimiento: no sólo hubo una estrella en el Oriente señalando el camino a Belén, sino que ahora un grupo de pastores llegaron al pesebre, contando lo que habían oído decir sobre el niño, de labios mismos de ángeles. El pasaje del evangelio de Lucas nos dice así: “y todos los que los escuchaban quedaron admirados de lo que decían los pastores”.
No era para menos. Todo lo que estaba sucediendo tenía el sello de lo sobrenatural, lo prodigioso, y los actores eran personas en extremo sencillas, pero llenos de fe; por eso es entendible que todos hayan quedado admirados, incluyendo a María y a José; pero luego, casi sutilmente, se menciona una cualidad extra en María: “Mientras tanto, María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón”.
Aunque María también se había sorprendido por todo lo que estaba pasando, no se quedó en el solo estado de asombro, sino que, efectivamente, guardaba todo lo que escuchaba y lo meditaba en su corazón. Todos pueden asombrarse, pero pocos pueden profundizar en lo que están viviendo o escuchando, y esto último es el caso de María.
De alguna manera, ella entendió que todo lo que estaba sucediendo tenía un lugar importante dentro del propósito de Dios para toda la humanidad, a través del Salvador, y aunque el plan completo de la redención no le había sido revelado claramente, ella se mantenía atenta porque sabía que le había sido conferida una responsabilidad muy grande. Lo que ella hiciera como madre de Jesús, debía ajustarse a la voluntad del Señor; por eso demostró una gran sabiduría cuando decidió guardar todas estas cosas, para meditar en ellas cuando se sintiera un poco más tranquila.
Los pastores refirieron las palabras que escucharon de los ángeles acerca de Jesús, y poco después la visita de los magos de Oriente llegaría, para permitirles adorar a quien ellos consideraban ya el Rey de los judíos. Todo esto sin duda despertaría el gozo y el entusiasmo de una madre, al escuchar tales afirmaciones acerca de su hijo; pero María decidió tener prudencia, la misma prudencia que mostró tanto en los mejores como en los peores momentos de la vida de su Hijo.
Estoy seguro de que si Dios nos permite vivir cada día de este 2012, veremos muchos prodigios de la mano de Dios. El Señor es tan misericordioso, que seguramente no detendrá su mano para cuidarnos y ayudarnos a transitar por los peores momentos de este año; es un hecho que viviremos experiencias que nos parecerán portentos de Dios, y muy probablemente diremos “gracias a Dios, sucedió esto”; o “sólo porque Dios es grande, aquello no sucedió”.
Sin embargo, la enseñanza que María nos deja es guardar tales bendiciones en el corazón, no sólo para atesorarlas y contarlas, sino para aprender de ellas. Hay otra parte de la Biblia que dice: “Bendice, alma mía, al Señor, y no te olvides de ninguno de sus beneficios”; una manera de no olvidar, es meditar en ello.
Podemos el día de hoy decidir que, a lo largo del 2012, llevaremos un registro de todo aquello que vamos viviendo, y por medio del cual vemos la mano prodigiosa de Dios, para meditar en ello cada cierto tiempo, quizá al final de cada mes; de esta manera tendremos por lo menos 12 oportunidades de detener un poco nuestro andar diario, y refrescar nuestra relación con el Señor, atesorando todo lo que Él va haciendo por nosotros. Le deseo un memorable 2012.
Ángel Flores Rivero
iglefamiliar@hotmail.com
Apenas estaban comenzando a darse cuenta de lo que estaba sucediendo, cuando los eventos sobrenaturales siguieron acontecimiento: no sólo hubo una estrella en el Oriente señalando el camino a Belén, sino que ahora un grupo de pastores llegaron al pesebre, contando lo que habían oído decir sobre el niño, de labios mismos de ángeles. El pasaje del evangelio de Lucas nos dice así: “y todos los que los escuchaban quedaron admirados de lo que decían los pastores”.
No era para menos. Todo lo que estaba sucediendo tenía el sello de lo sobrenatural, lo prodigioso, y los actores eran personas en extremo sencillas, pero llenos de fe; por eso es entendible que todos hayan quedado admirados, incluyendo a María y a José; pero luego, casi sutilmente, se menciona una cualidad extra en María: “Mientras tanto, María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón”.
Aunque María también se había sorprendido por todo lo que estaba pasando, no se quedó en el solo estado de asombro, sino que, efectivamente, guardaba todo lo que escuchaba y lo meditaba en su corazón. Todos pueden asombrarse, pero pocos pueden profundizar en lo que están viviendo o escuchando, y esto último es el caso de María.
De alguna manera, ella entendió que todo lo que estaba sucediendo tenía un lugar importante dentro del propósito de Dios para toda la humanidad, a través del Salvador, y aunque el plan completo de la redención no le había sido revelado claramente, ella se mantenía atenta porque sabía que le había sido conferida una responsabilidad muy grande. Lo que ella hiciera como madre de Jesús, debía ajustarse a la voluntad del Señor; por eso demostró una gran sabiduría cuando decidió guardar todas estas cosas, para meditar en ellas cuando se sintiera un poco más tranquila.
Los pastores refirieron las palabras que escucharon de los ángeles acerca de Jesús, y poco después la visita de los magos de Oriente llegaría, para permitirles adorar a quien ellos consideraban ya el Rey de los judíos. Todo esto sin duda despertaría el gozo y el entusiasmo de una madre, al escuchar tales afirmaciones acerca de su hijo; pero María decidió tener prudencia, la misma prudencia que mostró tanto en los mejores como en los peores momentos de la vida de su Hijo.
Estoy seguro de que si Dios nos permite vivir cada día de este 2012, veremos muchos prodigios de la mano de Dios. El Señor es tan misericordioso, que seguramente no detendrá su mano para cuidarnos y ayudarnos a transitar por los peores momentos de este año; es un hecho que viviremos experiencias que nos parecerán portentos de Dios, y muy probablemente diremos “gracias a Dios, sucedió esto”; o “sólo porque Dios es grande, aquello no sucedió”.
Sin embargo, la enseñanza que María nos deja es guardar tales bendiciones en el corazón, no sólo para atesorarlas y contarlas, sino para aprender de ellas. Hay otra parte de la Biblia que dice: “Bendice, alma mía, al Señor, y no te olvides de ninguno de sus beneficios”; una manera de no olvidar, es meditar en ello.
Podemos el día de hoy decidir que, a lo largo del 2012, llevaremos un registro de todo aquello que vamos viviendo, y por medio del cual vemos la mano prodigiosa de Dios, para meditar en ello cada cierto tiempo, quizá al final de cada mes; de esta manera tendremos por lo menos 12 oportunidades de detener un poco nuestro andar diario, y refrescar nuestra relación con el Señor, atesorando todo lo que Él va haciendo por nosotros. Le deseo un memorable 2012.
Ángel Flores Rivero
iglefamiliar@hotmail.com