Abadía de Melk, Perla del Danubio
Es uno de los grandes tesoros arquitectónicos e históricos de la nación austriaca
GUADALAJARA, JALISCO (28/AGO/2016).- Melk es una ciudad austriaca llena de encanto, con un aire entre medieval y cosmopolita que sus habitantes le saben imprimir a cada rincón del país. Pero su Abadía es un elemento que la hace única. Si la observas a la distancia, parece como si estuviera flotando, pero conforme te aproximes, te darás cuenta que está construida sobre un promontorio rocoso, dándole un aspecto majestuoso.
La posición que tiene la abadía recuerda más a una fortaleza militar que a una iglesia, pues domina las alturas de la ciudad y cuenta con una vista privilegiada del horizonte. La razón de su localización es que en efecto, antes de ser un centro de culto sirvió como castillo, hasta que el soberano Leopoldo II de Austria decidió en 1089 ceder la fortaleza a la orden de los Benedictinos. Y fueron ellos quienes se encargaron de convertir aquella tosca construcción defensiva en el tesoro arquitectónico que hoy conocemos. ¿Vamos a conocerlo?
Lenta transformación
Durante la época medieval, las abadías europeas eran centros de fe, pero también un punto de aprendizaje. Y en aquellos años, la de Melk funcionó como biblioteca y escuela.
En su interior, el recinto presume una de las colecciones más extensas de manuscritos medievales, obras de arte acumuladas durante siglos, además de una delicada arquitectura, magníficos frescos en sus muros y un imponente Cristo en la cruz.
Podrías pensar que es un paraíso de la paz y la quietud, pero no siempre fue así. La Abadía de Melk sobrevivió -con un toque de suerte- a la convulsa historia europea, incluida las Guerras Napoleónicas que devastaron esta región austriaca, así como la anexión de esa nación a la Alemania Nazi previo a la Segunda Guerra Mundial.
Hoy, la abadía es punto de interés turístico, aunque no ha perdido su vocación académica, al tiempo que es lugar de encuentro para la orden benedictina. Sus enormes dimensiones contrastan con el encanto pueblerino que podemos disfrutar al recorrer las calles de Melk.
Diminuto encanto
Con una población que no llega a los seis mil habitantes, Melk es una de las ciudades más bellas de la Baja Austria. Aunque de dimensiones pequeñas, la urbe presume una cuidada arquitectura.
El Centro de la ciudad ha permanecido con alteraciones mínimas durante 400 años, con calles estrechas y enormes edificaciones de piedra. El trazado de la muralla medieval se conserva (pero no la muralla), así como las torres defensivas de la época. A la distancia, inalterable y eterno, el Danubio ofrece una vista espectacular.
En manos de Europa
La Abadía de Melk forma parte de la cultura europea... y su economía.
En 2007 se acuñó una moneda coleccionable de plata de un euro que muestra en su anverso la fachada de esta afamada construcción.
EL INFORMADOR / FRANCISCO GONZÁLEZ