¿Y los indígenas?

Las pasadas elecciones han dejado en claro que el tema de los derechos y la cultura indígenas no son una prioridad en la agenda de ninguno de los partidos políticos, mucho menos de las televisoras convertidas en agencias de ministerio público o supuestos árbitros vendidos de la contienda electoral.

Los temas básicos del país en general no fueron tratados, y menos por los medios. Habrá que subrayar la mesurada e inteligente postura de Beatriz Paredes, quien no se dejó vencer por los llamados a la camorra que hicieron bastantes veces los ahora vencidos panistas. Poco olvidable es la lección política que le dio en el único debate de la reciente campaña política al muy olvidable líder del Partido Acción Nacional (PAN) en ese momento.

La estrategia del PAN diseñada por el mercader publicitario Antonio Solá, cimentada en el combate al crimen organizado, para provocar el temor entre el electorado, se le revirtió a ese partido, que terminó como el gran derrotado de la contienda. Solá de todos modos cobró y se fue de vacaciones.

Las televisoras, en sus objetivos de ampliar su red de intereses, golpearon desde cualquier ángulo el proceso electoral, para impedir algún hipotético marco de reformas legislativas que pudieran reducir sus ganancias: critican el exceso de los gastos de campaña, pero nunca informan lo que se embolsan en estos procesos, que según cálculos anteriores a esta campaña era 70% del gasto electoral.

En medio del jaloneo, los grandes temas nacionales que afectan a millones de mexicanos pasaron a segundo plano, uno de ellos: la protección y fomento de las culturas indígenas fue dejado de lado, a pesar de que durante los recientes siete años las etnias originales de nuestro país ha escuchado las mismas palabras, las mismas mentiras, sufrido las mismas miserias y siguen siendo objetos, no sujetos, de las políticas públicas, diseñadas al margen de su realidad. El rechazo de los pueblos indígenas a la ley aprobada en 2001 no es producto de un capricho, sino expresión de una concepción construida colectivamente por ellos.

Las características de cortoplacismo, burocratismo y palos de ciego dominan las acciones del Gobierno federal en materia indígena. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo sigue marcando a los estados de Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Veracruz y Michoacán, con una alta población indígena, con los indicadores de desarrollo humano más bajos del país, incluso por debajo del nivel de vida de países centroamericanos.

Ahora se sabe que el Partido de la Revolución Democrática (PRD) no tiene la intención de recuperar para la agenda nacional el tema de derechos y cultura indígenas. Su aval a la iniciativa de ley que desnaturalizó los acuerdos de San Andrés se ha confirmado con el tiempo, abandonando un tema que debería ser parte sustantiva de la nacionalidad mexicana.

Los problemas que sufren las comunidades indígenas no tienen correspondencia con las respuestas institucionales. La nueva legislatura tiene la oportunidad de construir un procedimiento que recupere el debate sobre este tema, o pasar como una más, de carácter servil y frívolo, incapaz de contribuir a resolver los grande problemas nacionales.

MARTHA GONZÁLEZ ESCOBAR / Divulgadora científica. UdeG.
Correo electrónico: marthaggonzalez@yahoo.com.mx

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