Riesgo latente

La tormenta que se registró la noche del lunes en el Sur de la Zona Metropolitana de Guadalajara, que afectó principalmente a colonias del municipio de Tlaquepaque asentadas en las faldas del Cerro del Cuatro, puso en evidencia una vez más la vulnerabilidad de la población ante fenómenos atmosféricos, y la fragilidad que caracteriza a los asentamientos humanos en zonas de alto riesgo, que de la noche a la mañana pueden perder su patrimonio, e incluso la vida. Reponerse de las afectaciones que dejó la granizada a los habitantes de esas colonias no será sencillo, muchos de ellos amanecieron ayer sin techo, sin menaje de casa y, los menos, con daños en sus viviendas a causa de la inundación.

Apenas ha iniciado el temporal de lluvias, y ya la ciudad se ha visto severamente dañada. Primero fue la fractura en el colector López Mateos, que dejó fuera de servicio el túnel de avenida Las Rosas, cuya reparación llevará varios meses y tendrá un alto costo al erario, además de las afectaciones a los vecinos de la zona y a los usuarios de esa importante arteria. La noche del lunes fueron las colonias aledañas al Cerro del Cuatro, en donde lamentablemente perdió la vida un menor de edad y los daños en casas-habitación fueron mayores.

Son muchos y muy variados los factores que influyen para que se den este tipo de eventos, y entre los más importantes debe considerarse la proliferación de asentamientos irregulares que de manera desmedida se ha venido registrando desde hace ya varias décadas, sin que las autoridades hayan hecho lo necesario para frenarlo. EL INFORMADOR ha dado cuenta, en su sección Radiografía Urbana, de los problemas que enfrentan este tipo de colonias que se encuentran en la periferia de la ciudad, en lugares considerados de alto riesgo, como las que se vieron afectadas con la tormenta del lunes. Y las hay en barrancas, en los cauces de arroyos, en las faldas de los cerros, en predios susceptibles de fracturas, etc.

Ante esta problemática —a cuya solución deben enfocar su atención las autoridades, impidiendo este tipo de asentamientos y vigilar por la seguridad de los habitantes en los que ya se encuentran— poco, por no decir nada, sirven las medidas de prevención, más aún cuando los propios vecinos contribuyen a aumentar el riesgo al no proteger sus de por sí frágiles viviendas, al arrojar la basura en la vía pública y, sobre todo, al no tomar conciencia de que vivir en esos sitios es exponer su patrimonio y la vida de manera constante.

Ojalá la experiencia de lo sucedido la noche del lunes en el Cerro del Cuatro, como las que se han vivido en el pasado en otros puntos de la zona metropolitana (Zapopan, El Salto, Tlajomulco), sirva para que las autoridades aceleren los trabajos de actualización del Atlas de Riesgos, que mucho ayudaría para fortalecer las medidas de prevención y evitar este tipo de contingencias.

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