México
Nuevo León vive inédita violencia
De acuerdo con analistas y autoridades, las alianzas entre el crimen organizado han provocado la vulnerabilidad de los regiomontanos
MONTERREY, NUEVO LEÓN (11/MAY/2010).- Policías de la zona metropolitana de Monterrey fueron durante una semana el blanco preciso del crimen organizado. Estas ejecuciones, los recurrentes choques entre narcotraficantes y los ataques directos a las fuerzas federales provocaron que el mes de abril se convirtiera en el más sangriento de los últimos años de la otrora próspera capital regia.
Analistas coinciden que la violencia en la zona metropolitana de Monterrey y en la frontera con Tamaulipas “sigue desbordando a las autoridades”. Estadísticas de la Procuraduría de Justicia estatal demuestran un incremento en el número de crímenes.
Los asesinatos son cada vez más violentos, con armas más sofisticadas como rifles AR-15, pistolas nueve milímetros y con el arma oficial del Ejército ruso: los Kaláshnikov, mejor conocidos como AK-47 o cuernos de chivo.
Durante marzo, la guerra entre cárteles rivales se apoderó de Monterrey, lo que terminó por trastocar la vida de las más de cuatro millones de personas que habitan los nueve municipios que conforman la zona metropolitana de la capital. Son ciudadanos “que cada vez se sienten más vulnerables ante la violencia”, describió María Antonieta Gutiérrez, investigadora del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad de Monterrey (UDEM).
Desde el rico municipio de San Pedro, donde vive la élite empresarial del Estado, hasta las zonas marginadas de Guadalupe, Apodaca y Juárez, sufrieron por los bloqueos de las principales avenidas y autopistas que realizaron miembros de la delincuencia organizada: robaron y atravesaron camiones del trasporte urbano, vehículos pesados y autos, con el objetivo de paralizar los operativos que llevaba a cabo el Ejército.
El 19 de marzo, la violencia alcanzó uno de los iconos de la ciudad: el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM). Lo que fue una emboscada contra militares, en la que participaron alrededor de 10 camionetas blindadas y sicarios que dispararon y arrojaron granadas contra cuatro patrullas, terminó con la vida de dos estudiantes de excelencia de la principal universidad privada del país.
Ya desde los primeros días de marzo habían aparecido narcomantas en el centro de Monterrey, Escobedo y San Nicolás anunciando una nueva alianza entre los cárteles del Golfo (CDG), de Sinaloa y la Familia Michoacana para eliminar al grupo rival que controla al Estado: Los Zetas. Los mensajes, escritos con letras negras y rojas, pedían “con todo el respeto” a las autoridades permitieran que el “veneno” combatiera al mismo “veneno”, además del retiro del Ejército.
“Los funcionarios públicos han reconocido el vínculo de la Policía con el narcotráfico”, destacó la investigadora María Antonieta Gutiérrez.
Pobreza extrema
Lylia Palacio, investigadora de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), advierte que la metrópoli está pagando los costos de la injusticia social, que significa mantener a 30% de su población en la pobreza extrema.
De las más de mil pandillas que actúan en las colonias marginadas se reclutan a los narcomenudistas, “halcones” y candidatos a sicarios. Son jóvenes que ahora poseen un poderoso arsenal con el que reclaman su parte de la riqueza nacional que les ha sido negada por las políticas económicas de las dos últimas décadas, advierte la especialista.
Analistas coinciden que la violencia en la zona metropolitana de Monterrey y en la frontera con Tamaulipas “sigue desbordando a las autoridades”. Estadísticas de la Procuraduría de Justicia estatal demuestran un incremento en el número de crímenes.
Los asesinatos son cada vez más violentos, con armas más sofisticadas como rifles AR-15, pistolas nueve milímetros y con el arma oficial del Ejército ruso: los Kaláshnikov, mejor conocidos como AK-47 o cuernos de chivo.
Durante marzo, la guerra entre cárteles rivales se apoderó de Monterrey, lo que terminó por trastocar la vida de las más de cuatro millones de personas que habitan los nueve municipios que conforman la zona metropolitana de la capital. Son ciudadanos “que cada vez se sienten más vulnerables ante la violencia”, describió María Antonieta Gutiérrez, investigadora del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad de Monterrey (UDEM).
Desde el rico municipio de San Pedro, donde vive la élite empresarial del Estado, hasta las zonas marginadas de Guadalupe, Apodaca y Juárez, sufrieron por los bloqueos de las principales avenidas y autopistas que realizaron miembros de la delincuencia organizada: robaron y atravesaron camiones del trasporte urbano, vehículos pesados y autos, con el objetivo de paralizar los operativos que llevaba a cabo el Ejército.
El 19 de marzo, la violencia alcanzó uno de los iconos de la ciudad: el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM). Lo que fue una emboscada contra militares, en la que participaron alrededor de 10 camionetas blindadas y sicarios que dispararon y arrojaron granadas contra cuatro patrullas, terminó con la vida de dos estudiantes de excelencia de la principal universidad privada del país.
Ya desde los primeros días de marzo habían aparecido narcomantas en el centro de Monterrey, Escobedo y San Nicolás anunciando una nueva alianza entre los cárteles del Golfo (CDG), de Sinaloa y la Familia Michoacana para eliminar al grupo rival que controla al Estado: Los Zetas. Los mensajes, escritos con letras negras y rojas, pedían “con todo el respeto” a las autoridades permitieran que el “veneno” combatiera al mismo “veneno”, además del retiro del Ejército.
“Los funcionarios públicos han reconocido el vínculo de la Policía con el narcotráfico”, destacó la investigadora María Antonieta Gutiérrez.
Pobreza extrema
Lylia Palacio, investigadora de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), advierte que la metrópoli está pagando los costos de la injusticia social, que significa mantener a 30% de su población en la pobreza extrema.
De las más de mil pandillas que actúan en las colonias marginadas se reclutan a los narcomenudistas, “halcones” y candidatos a sicarios. Son jóvenes que ahora poseen un poderoso arsenal con el que reclaman su parte de la riqueza nacional que les ha sido negada por las políticas económicas de las dos últimas décadas, advierte la especialista.