México

'La Degolladora', la incógnita de una asesina en serie mexicana

Un extraño causa pánico en el municipio mexiquense de Chimalhuacán

CIUDAD DE MÉXICO (05/OCT/2015).- Delgada. Fuerte. Entre 20 y 25 años. Bien arreglada. Morena. Ágil. Ataca a navaja. Se acerca a sus víctimas por la espalda, las sujeta con el brazo derecho y con la zurda les corta el cuello. Lleva el pelo amarrado en un moño. Le llaman “La Degolladora”. Mata en Chimalhuacán. Entre el 14 y el 18 de septiembre asesinó a dos mujeres e hirió a cinco personas.

Una de ellas Antonio Soto, de 43 años, un hombre robusto. Resulta ilógico que una mujer se lance a cuchillo en la oscuridad de la noche, en una calle solitaria, contra un hombre así. Pero el día 14, a las cinco y media de la mañana, Soto caminaba por la calle rumbo al trabajo y vio a una chica venir hacia él. Le pareció sospechosa, porque no se decidía a andar sobre la banqueta o por la vía. Él siguió su dirección. Cuando estaban cerca, ella se metió por detrás de una camioneta estacionada. La perdió de vista. La mujer salió por otro lado, le puso el filo en el cuello. Soto gritó:
–¡¡¡Hija de tu p… madre!!!

Le dio un manotazo para apartarse el arma, se miró la mano, ensopada de sangre, y luego miró hacia ella, pero había salido corriendo “muy veloz”. Soto la siguió durante 50 metros y no pudo más. Le faltó respiración. Y llevaba un tajo de 15 centímetros en el cuello. Pero no era profundo y se salvó. “Esto es real, no es una fantasía”, dice con una cicatriz que viaja de la barbilla al cuello.

Cinco horas antes ocurrió el primer ataque. A dos calles de donde luego atacó a Soto, la asesina intentó matar a José Alberto Pichardo, hojalatero de 36 años que salió a comprar la cena. Lo acuchilló en el abdomen, le perforó los dos brazos a puntadas y en el cuello también le acertó.

La asesina dio el trabajo por concluido y huyó, ligera como un ninja, como dicen que huye. Pichardo se arrastró a su casa. Llamó. Una hermana abrió la ventana y se lo encontró sin decir nada, mudo, desangrado. Está grave pero estable en un hospital. La Policía patrulla sin ningún hilo del que tirar. “Por ahora sólo perseguimos a un mito”, dice un agente al volante de su vehículo.

Los vecinos echan leña: “Dicen que es un hombre vestido de mujer que va todo de negro. Tiene que ser un degenerado”, dice una señora. Una madre con su niño repeinado ofrece la versión de una vengadora fuera de quicio: “Es una mujer que no se sabe bien si le mataron a un hijo o se lo robaron”.

Algunos han empezado a ir armados con palos y perros. El fiscal del caso pidió que no cunda el pánico. Teme que en cualquier momento la gente linche a cualquier mujer inocente.

El País

Antes basurero, hoy zona urbana

La complejidad de Chimalhuacán agobia a muchos: Con 850 mil habitantes, está formado por migraciones de aluvión, delimitado por los restos del que fue hasta hace pocos años el mayor basurero de Latinoamérica, bordeado también por un canal abierto de aguas negras; este municipio, en proceso de mejoras urbanas, está gobernado por el Movimiento Antorchista, “la organización de los pobres de México”, integrado en el PRI, pero en pelea perpetua con el PRD y con quien quiera que gobierne para defender y extender sus feudos de poder, entre el auxilio popular y el cacicazgo de masas.

Chimalhuacán, es uno de esos municipios mexiquenses  que parecen “ciudades juárez” cocinadas a fuego lento, en silencio, sin los titulares de la capital norteña del feminicidio. Ahí, hace 10 años fueron asesinadas 16 mujeres entre Chimalhuacán y Nezahualcóyotl. “Al menos ocho fallecieron ahorcadas, algunas fueron destazadas, a una la golpearon hasta morir y otra más fue ahogada luego de ser secuestrada”, registra Humberto Padgett en "Las muertas del Estado" (Grijalbo, 2014). Este verano Chimalhuacán fue incluido por el Gobierno del Estado de México entre 11 de sus municipios en alerta de género.

A DETALLE

Otros casos

El 16 de septiembre había atacado a medianoche a Yolanda Beltrán, de 45 años, que sobrevivió con dos transfusiones de sangre. El siguiente episodio fue el 18, cuando agredió a Luisa Soto, de 40 años, a mediodía sin gente alrededor. La asesina —madre perturbada, travesti o brazo ejecutor de una mano negra— volvió a fallar. La mujer desvió la cuchillada. Ella escapó. Pero en su último ataque, “La Degolladora” dejó la primera pista. Una navaja sobre el suelo de Chimalhuacán.

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