México

Fui malinterpretado, yo hablé de acuerdo político: Sócrates Rizzo

El ex gobernador de Nuevo León reitera que nunca dijo que los priistas negociaran con el crimen

MONTERREY, NUEVO LEÓN (28/NOV/2011).- A comienzos de la década de 1990, el PRI era un partido en dominio casi absoluto del país. Salvo Baja California y un puñado de municipios, gobernaba el resto de las entidades y mantenía control de legislaturas locales y el Congreso de la Unión.

El eje de dominio, sin embargo, se hallaba en su fase terminal. En siete años aquello no existiría y la transformación más significativa llegaría en el 2000, con la alternancia del poder, sin que se reinventaran las reglas del juego, dice Sócrates Rizzo.

“A final de cuentas tenemos una descentralización política: el pluralismo con la creación de tres partidos importantes y la alternancia en el poder generaron y dieron una fuerza que no tenían anteriormente los gobernadores. Si a esto añadimos la fortaleza de las finanzas públicas y de transferencia a los gobiernos estatales y municipales, derivado del auge petrolero, vemos que se afianza la fuerza de los gobiernos locales”, afirma Rizzo.

El ex gobernador de Nuevo León sostiene que con ello quedó rota la cohesión que permitió gobernar hasta entonces, sin que la violencia y el crimen agobiaran ciudades enteras.

En febrero, durante una conferencia que dictó ante estudiantes universitarios en Saltillo, dijo que “los presidentes de la alternancia no saben controlar el país”, y refirió que la solución al problema radicaba en la obtención de un pacto nacional.

Él dice que aludió a un acuerdo político, como existía hace 20 años —cuando le tocó gobernar—, y no a un pacto con narcotraficantes.

Además de “pacto”, Rizzo empleó la palabra “negociación”. Aquello no hubiera trascendido más allá de los muros universitarios a no ser por la metáfora de la que se valió para brindar un “ejemplo coloquial” de su tesis (el control se hacía como si los operadores de la seguridad le hubieran dicho a los que hacen el trasiego de la droga: ustedes irán por allí o por acá, pero no me toquen las ciudades).

“Fue una desafortunada metáfora que dio pie a las cabezas de algunos periódicos, las cuales he desmentido en múltiples ocasiones”, se justificó posteriormente en una carta que empleó como boletín de prensa.

El dato había quedado en el olvido casi ocho meses, hasta que The New York Times publicó una entrevista con el presidente Felipe Calderón, a mediados de octubre, en la que éste citó a Rizzo para referirse a los pactos con narcotraficantes que ocurrían en la era del PRI.

Tres semanas después de la publicación, Rizzo comparecía ante la Procuraduría General de la República (PGR) a petición de una de las partes en la reapertura de la investigación por el asesinato del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo.

Al salir de ella, Rizzo insistió en que sus palabras fueron malinterpretadas, puesto que jamás declaró que hubiera acuerdos entre gobiernos priistas y organizaciones criminales de aquella época.

Sentado tras el escritorio de su oficina particular, al poniente de Monterrey, Rizzo retoma la que dice fue su tesis original, la de la descentralización política como origen del estado que hoy guarda el país.

“Ahora tenemos que la Conago es una fuente de poder importante”, dice para enfatizar el nuevo equilibrio de poder. “Y quizás eso nos lleva, viendo a futuro, a plantear un sistema de gobernanza que incluya de manera significativa acuerdo entre gobernadores y el Gobierno federal”.

Hasta hace tres años, Monterrey fue una ciudad relativamente tranquila. Tenía registro de homicidios atribuidos a la delincuencia organizada, pero fuera de eso los ciudadanos tenían poco de qué inquietarse. A comienzos de 2009, la confrontación entre dos organizaciones rivales, dice el gobierno federal, acabó con ese periodo de gracia que vivía no sólo la ciudad, sino el estado completo.

En aquella conferencia con los universitarios, Sócrates Rizzo aseguró que los narcotraficantes siempre han operado, y en la entrevista hace ver que la actividad criminal de entonces era radicalmente opuesta a la de los años recientes.

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