México

El Senado aprueba reforma política; pasa a los diputados

De último momento, la Cámara alta aprobó que sea cada Estado el que defina la reelección en sus ayuntamientos

El Senado aprueba reforma política; pasa a los diputados
CIUDAD DE MÉXICO (28/ABR/2011).- La Cámara de Senadores aprobó en lo particular, y con modificaciones, la reforma política, que incluye la sustitución del Ejecutivo federal en caso de falta absoluta, y las candidaturas ciudadanas para la elección presidencial de 2012.

En una discusión que se prolongó durante más de nueve horas, el pleno modificó la redacción de los artículos 35, 71, 73, y 83 de la Constitución, que no sufrieron cambios de fondo, sino solamente para hacer ciertas precisiones que no cambiaron sustancialmente su contenido.

De último momento, el pleno aprobó una propuesta del senador del PAN, Ramón Galindo, para reformar el Artículo 115 constitucional, no incluido en el dictamen.

En dicha propuesta fue planteado que sean las constituciones de los estados las que determinen si procede en cada Entidad la reelección de los presidentes municipales, con lo que se abre la puerta para esta eventualidad.

Sin embargo, el Artículo 78 constitucional sufrió reformas de fondo para precisar que cuando el Congreso conceda licencia hasta por 60 días al Ejecutivo para separarse del cargo, el secretario de Gobernación asumirá de manera provisional la Presidencia del país.

El dictamen señalaba que en este caso, el secretario de Gobernación se encargaría del despacho presidencial, lo que, precisó el senador Arturo Núñez, 'podría implicar una gran debilidad para quien ejerza en ese momento la titularidad del Ejecutivo.

El senador del Partido de la Revolución Democrática (PRD), quien presentó las modificaciones a nombre de las comisiones dictaminadoras, explicó que también se reformó el Artículo 59 constitucional para no prohibir la reelección inmediata de senadores y diputados federales.

En la sesión, el pleno rechazó las diversas iniciativas de reforma que presentaron Ricardo Monreal, del Partido del Trabajo (PT), y los perredistas Pablo Gómez y Tomás Torres, a todo el articulado.

La reforma política, que fue turnada a la Cámara de Diputados, también prevé la reelección de senadores y diputados federales, la iniciativa ciudadana y la iniciativa preferente.

Además, otorga al Senado la facultad de ratificar a los titulares de los órganos reguladores como las comisiones Federal de Telecomunicaciones, Federal de Competencia y Reguladora de Energía, que serán designados por el Ejecutivo.                          

La diputada panista Josefina Vázquez Mota escribió en Twitter: “Felicitamos al Senado por el avance tan importante en la reforma política y nos comprometemos en el PAN a aprobarla antes del sábado”.

Análisis
Poder al ciudadano
Ivabelle Arroyo


Todavía hay posibilidad de que se altere el dictamen de reforma política en la Cámara de Senadores porque todavía siguen construyendo la versión final debido a que aún faltan artículos reservados por desahogar.

Sin embargo, los puntos torales de la discusión, sin duda alguna son la reelección legislativa, las candidaturas ciudadanas y la consulta popular.

Un año ya ha bastado para ello, foros han ido y venido, y las propuestas de los distintos partidos están en una tabla comparativa en la página de la reforma política (www.reformapolitica.com) Baste decir que, prácticamente, todas las medidas propuestas serían medidas positivas, si el diablo no estuviera en los detalles.

Y precisamente por eso, porque el diablo está en los detalles y ni siquiera están listas las generalidades, quizá valga la pena detenerse en el discurso, principalmente panista, sobre las intenciones de la reforma. Palabras más, palabras menos, la reforma política (dicen) le va a dar más poder al ciudadano.

Bien. Empecemos por ahí, con el análisis de la proposición misma. ¿Le hace falta poder al ciudadano? ¿Qué significa eso? Significa que el diagnóstico hecho por los senadores los lleva a concluir que el problema del diseño institucional en México, el problema de la forma de Estado, la complicación en la construcción de consensos o mayorías tiene que ver con que el ciudadano no tiene suficiente poder. Ergo, hay que dárselo. ¿Pero a cuál ciudadano hay que darle ese poder? Según se desprende de las medidas propuestas (candidaturas ciudadanas, iniciativa y consulta popular), los senadores consideran que ciudadano es aquél que no está organizado en partidos políticos, que no es representante popular. Mexicano de a pie, como dicen algunos. Usted y yo, podríamos decir.

Y a ver. ¿De dónde sale la idea de que el ciudadano de a pie, el no priista, el no panista, el poeta de Cuernavaca, el empresario de Monterrey, el académico de Guadalajara, necesita más poder? Del enojo hacia los partidos, del descontento con la política, de la decepción con sus representantes, se supone.

Fíjense cómo está construido el sofisma: a la gente no le gustan los partidos, está enojada con el gobierno, está harta de los políticos, por lo tanto hay que darle lo que hacen los partidos, lo que hace el gobierno y lo que hacen los políticos, a gente que no está ni en los partidos, ni en el gobierno ni en la política.

Ese es un planteamiento retorcídisimo. ¿No está de acuerdo con Telcel? Entonces haga lo que hace Telcel.

Parte del diagnóstico (el hartazgo, el desencanto, el enojo) es correcto. Pero no sirve cambiar a los sujetos para alterar el resultado de las acciones. Lo que se tiene que cambiar son esas acciones, para que con el cambio de sujetos o con los mismos sujetos, haya resultados distintos.

Entonces, ¿qué le falta a la reforma política? Una intención distinta. Darles más poder a los ciudadanos no alterará la forma de hacer política en el país. Tener un candidato ciudadano (digamos que sale bien el diseño y no hay problemas insalvables con el asunto del financiamiento) abre ventanas de aire, sí, pero no genera cuadros administrativos eficaces, no genera incentivos de negociación política distintos, no produce mejores gobiernos, y si no cambia nada de eso, cómo va a eliminar el abuso que genera ese hartazgo, ese enojo y esa decepción hacia la política.

Ivabelle Arroyo es colaboradora de esta casa editorial.

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