México
El IFE está incompleto y partidizado
El órgano nació como símbolo de la nueva legitimidad democrática, sin embargo los partidos se han encargado de desmantelarlo
GUADALAJARA, JALISCO (21/NOV/2011).- La transición a la democracia en México trajo a un nuevo actor, desconocido hasta entonces: un órgano electoral independiente. A contracorriente de la mecánica institucional característica de América Latina, los primeros pasos hacia un régimen político plural en México, fueron simbolizados en el Instituto Federal Electoral (IFE). Mucha de la ilegitimidad derrochada en el camino tras procesos electorales de dudosos resultados, fue recuperada por esta instancia dotada de vientos reformistas y un espíritu transformador. Y aunque también la constitución del primero consejo autónomo y ciudadanizado del IFE, resultó de arreglos partidistas y cuotas entre actores políticos, la responsabilidad de sus integrantes excedió este “pecado original”. Aquellos que fueron envestidos como los portadores iniciales de la responsabilidad institucional, sabían que el interés democrático superaba ampliamente a su filiación partidista e ideológica.
De poco en poco, en la segunda mitad de la década de los noventa, las autoridades electorales entraban en un proceso de transformación. Se iban los titulares de la dependencia electoral vinculados al Partido Revolucionario Institucional (PRI): Fernando Gutiérrez Barrios, Patrocinio González Garrido, Jorge Carpizo McGregor y Emilio Chuayffet Chemor (secretarios de Gobernación); y llegaba el primer consejo netamente ciudadano del IFE. El primer consejero presidente ciudadano fue José Woldenberg, quien encaminó de manera adecuada el proceso de alternancia de partido en el poder en el año 2000. El IFE ganó mucha legitimidad; las elecciones, que siempre han generado suspicacias entre los mexicanos, pasaron a ser calificadas con niveles muy altos de limpieza y veracidad.
Sin embargo, la elección de 2006 dilapidó en instantes todo el capital social y político acumulado por la institución. Una elección cerrada, la intervención del Presidente Vicente Fox y los empresarios, la campaña negra y algunos vicios en los procedimientos, fueron una carga muy pesada sobre el consejero presidente Luis Carlos Ugalde. Las acusaciones de Andrés Manuel López Obrador y la falta de responsabilidad electoral del Presidente de la República, dañaron a una instancia que vive precisamente de eso, de legitimidad pública.
El golpe de 2006 ha significado un periodo de inestabilidad y fluctuación para el órgano electoral. La reforma de 2007-2008, que le dio más atribuciones al Consejo General del IFE y limitó la libertad de contratar tiempo en medio por parte de los partidos, puso de manifiesto la incapacidad institucional del órgano para procesar tantas atribuciones conferidas. El IFE se volvió en un árbitro que vigila cada movimiento no sólo de los partidos, sino de las televisoras y los ciudadanos. Y a pesar de que la intención de la reforma fue promover niveles más adecuados de igualdad en la contienda, con la intención de eliminar las disparidades de recursos y acceso a los medios, el IFE no ha podido con tan abrumadora tarea.
Sin restarle importancia a las condiciones institucionales que plantea la reforma electoral postelectoral, el problema parece estar en otro lado. En una mano tenemos a los partidos que vulneran sistemáticamente la autonomía del IFE, queriendo imponer candidatos al Consejo con vinculación íntima a sus intereses políticos.
El objetivo de los institutos no es tener alguien ideológicamente afín, lo que podría ser justificable, sino que buscan personajes sin autonomía política y abiertas completamente a la recepción de órdenes desde las cúpulas partidistas. La sensatez y la altura de miras del consejo presidido por Woldenberg, ha desaparecido completamente.
Por el otro lado, aunque el IFE no se reduce al Consejo, ya que la administración y la operación institucional siguen siendo adecuadas, la primacía política y partidista del Consejo puede afectar la marcha de otras instancias al interior. El IFE está incompleto.
De los nueve consejeros necesarios para conformar a cabalidad el consejo, solamente hay seis. Y, aún es más grave, la posibilidad de parálisis al interior del IFE se aumenta debido a su constitución final en número par. Esta no es una hipótesis descabellada, por el contrario, una cantidad importante de discusiones han terminado en empate, debido a este fenómeno de paridad en el Consejo.
TELÓN DE FONDO
El árbitro no tiene quien le escriba
Así, como aquel coronel de Gabriel García Márquez que esperaba un sobre que nunca llegó, está el Instituto Federal Electoral desde hace más de un año: aguardando por tres elementos que hacen falta para que el árbitro electoral esté completo y que no parece que vayan a llegar pronto.
Las fechas límites son relativas. O al menos así lo entienden los diputados federales. Desde el último día de octubre del año pasado, los tres consejeros electorales que faltan debieron haber sido electos por los legisladores; pero, al ser la falta de acuerdos una constante en el Congreso, este tema no podía ser la excepción.
Argumentos y justificantes los hay. Lo que no parece existir es la intención de desahogar el tema lo más rápido posible, para que así el IFE pueda estar completo en la elección federal del próximo año.
Parecía que a principios de octubre del presente año se podría llegar a una solución. El tema pasó de la Junta de Coordinación Política (Jucopo) al pleno para ser votada.
La terna estaba conformada por el jalisciense David Gómez Álvarez, así como Cecilia Tapia y Enrique Ochoa.
Sin embargo, tanto el Partido Acción Nacional (PAN) como el Partido de la Revolución Democrática (PRD) rechazaron dichos nombramientos, con lo que consiguieron que el IFE permaneciera, hasta el día de hoy, incompleto.
Incluso, festejaron el haber regresado la terna a la Jucopo con gritos de “¡IFE ciudadano!”
Así, a más de un año del “límite relativo”, y cada vez más cerca de una elección que se antoja complicada, los diputados tienen al IFE esperando un sobre que, hasta el momento, parece que no tiene ánimos de llegar.
De poco en poco, en la segunda mitad de la década de los noventa, las autoridades electorales entraban en un proceso de transformación. Se iban los titulares de la dependencia electoral vinculados al Partido Revolucionario Institucional (PRI): Fernando Gutiérrez Barrios, Patrocinio González Garrido, Jorge Carpizo McGregor y Emilio Chuayffet Chemor (secretarios de Gobernación); y llegaba el primer consejo netamente ciudadano del IFE. El primer consejero presidente ciudadano fue José Woldenberg, quien encaminó de manera adecuada el proceso de alternancia de partido en el poder en el año 2000. El IFE ganó mucha legitimidad; las elecciones, que siempre han generado suspicacias entre los mexicanos, pasaron a ser calificadas con niveles muy altos de limpieza y veracidad.
Sin embargo, la elección de 2006 dilapidó en instantes todo el capital social y político acumulado por la institución. Una elección cerrada, la intervención del Presidente Vicente Fox y los empresarios, la campaña negra y algunos vicios en los procedimientos, fueron una carga muy pesada sobre el consejero presidente Luis Carlos Ugalde. Las acusaciones de Andrés Manuel López Obrador y la falta de responsabilidad electoral del Presidente de la República, dañaron a una instancia que vive precisamente de eso, de legitimidad pública.
El golpe de 2006 ha significado un periodo de inestabilidad y fluctuación para el órgano electoral. La reforma de 2007-2008, que le dio más atribuciones al Consejo General del IFE y limitó la libertad de contratar tiempo en medio por parte de los partidos, puso de manifiesto la incapacidad institucional del órgano para procesar tantas atribuciones conferidas. El IFE se volvió en un árbitro que vigila cada movimiento no sólo de los partidos, sino de las televisoras y los ciudadanos. Y a pesar de que la intención de la reforma fue promover niveles más adecuados de igualdad en la contienda, con la intención de eliminar las disparidades de recursos y acceso a los medios, el IFE no ha podido con tan abrumadora tarea.
Sin restarle importancia a las condiciones institucionales que plantea la reforma electoral postelectoral, el problema parece estar en otro lado. En una mano tenemos a los partidos que vulneran sistemáticamente la autonomía del IFE, queriendo imponer candidatos al Consejo con vinculación íntima a sus intereses políticos.
El objetivo de los institutos no es tener alguien ideológicamente afín, lo que podría ser justificable, sino que buscan personajes sin autonomía política y abiertas completamente a la recepción de órdenes desde las cúpulas partidistas. La sensatez y la altura de miras del consejo presidido por Woldenberg, ha desaparecido completamente.
Por el otro lado, aunque el IFE no se reduce al Consejo, ya que la administración y la operación institucional siguen siendo adecuadas, la primacía política y partidista del Consejo puede afectar la marcha de otras instancias al interior. El IFE está incompleto.
De los nueve consejeros necesarios para conformar a cabalidad el consejo, solamente hay seis. Y, aún es más grave, la posibilidad de parálisis al interior del IFE se aumenta debido a su constitución final en número par. Esta no es una hipótesis descabellada, por el contrario, una cantidad importante de discusiones han terminado en empate, debido a este fenómeno de paridad en el Consejo.
TELÓN DE FONDO
El árbitro no tiene quien le escriba
Así, como aquel coronel de Gabriel García Márquez que esperaba un sobre que nunca llegó, está el Instituto Federal Electoral desde hace más de un año: aguardando por tres elementos que hacen falta para que el árbitro electoral esté completo y que no parece que vayan a llegar pronto.
Las fechas límites son relativas. O al menos así lo entienden los diputados federales. Desde el último día de octubre del año pasado, los tres consejeros electorales que faltan debieron haber sido electos por los legisladores; pero, al ser la falta de acuerdos una constante en el Congreso, este tema no podía ser la excepción.
Argumentos y justificantes los hay. Lo que no parece existir es la intención de desahogar el tema lo más rápido posible, para que así el IFE pueda estar completo en la elección federal del próximo año.
Parecía que a principios de octubre del presente año se podría llegar a una solución. El tema pasó de la Junta de Coordinación Política (Jucopo) al pleno para ser votada.
La terna estaba conformada por el jalisciense David Gómez Álvarez, así como Cecilia Tapia y Enrique Ochoa.
Sin embargo, tanto el Partido Acción Nacional (PAN) como el Partido de la Revolución Democrática (PRD) rechazaron dichos nombramientos, con lo que consiguieron que el IFE permaneciera, hasta el día de hoy, incompleto.
Incluso, festejaron el haber regresado la terna a la Jucopo con gritos de “¡IFE ciudadano!”
Así, a más de un año del “límite relativo”, y cada vez más cerca de una elección que se antoja complicada, los diputados tienen al IFE esperando un sobre que, hasta el momento, parece que no tiene ánimos de llegar.