Jalisco
Sobrepoblación escolar detona casos de bullying
Profesores que atienden a más de 25 alumnos pueden transmitir conductas agresivas a los menores, afirma especialista de la UdeG
GUADALAJARA, JALISCO (14/SEP/2011).- La sobrepoblación en las aulas escolares no sólo genera bajo rendimiento escolar en los estudiantes, sino que incide en el incremente del fenómeno conocido como bullying.
“El exceso de estudiantes en el aula, que un profesor puede atender debidamente, sin duda pude ocasionar bullying y otros trastornos”, dice Esperanza Navarro, profesora investigadora de la Universidad de Guadalajara (UdeG) que maneja el tema de la educación para personas con capacidades diferentes en Jalisco.
Señaló que el problema más grande de que las aulas estén sobrepobladas no es que el niño aprenda menos, sino que “hay una doble problemática: los niños con problemas de lecto-aprendizaje no pueden ser detectados a tiempo y los profesores sufren trastornos laborales que influyen en el ambiente de la clase”.
Según Esperanza Navarro, los profesores con más de 25 alumnos a su cargo tienden a tener un comportamiento más agresivo hacia los niños y, a su vez, los pequeños tienen que sacar sus frustraciones de manera violenta con sus compañeros de clase: “Y ahí tienes a profesores más preocupados por cuidar que no se jalen del cabello o no se avienten en el salón, en lugar de estar al pendiente de la clase”.
La universitaria comentó que la recomendación inicial es que los profesores tengan de 15 a 20 alumnos por clase, “pero muchos maestros tienen doble plaza, por lo que tienen grupos de hasta 40 o 50 estudiantes por turno. Imagina lo que es atender 80 alumnos al día y además preparar tu clase o calificar trabajos”.
Puntualizó que en los países más desarrollados lo que hacen es tener grupos integrados; “puedes tener 10 niños regulares y uno que necesite atención especial”. Y aunque dijo que ya no debe haber escuelas para niños “especiales”, porque la educación debe integrar las relaciones sociales, “una persona no puede encargarse con más de cinco o seis niños con capacidades especiales”.
Otra de las recomendaciones que podría hacer es que en grupos grandes hubiera apoyo de parte de estudiantes de la Licenciatura en Educación o de la Normal de Jalisco, “para que los niños vean dos figuras adultas como responsables del aula”.
Según un estudio realizado a nivel nacional hace un lustro por Ricardo Amman Escobar, quien es asesor en la Universidad Pedagógica Nacional, en México hay 30 alumnos en promedio por docente, lo cual parece ser una cifra si no buena, tolerable.
“La verdad es que este promedio encubre grandes disparidades, pues mientras en escuelas rurales y semirurales hay de 10 a 20 alumnos por docente, en muchas (escuelas) urbanas hay hasta 50 alumnos por cada mentor. Lo grave es que sobre la base de estas estadísticas se limita el ingreso de jóvenes a las Normales y se les escatima la plaza al egresar de ellas, cuando lo que se requiere no es reducir el número de maestros sino aumentarlo”.
PARA SABER
Panorama nacional
Un estudio auspiciado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en 2009, determina que en educación primaria la relación alumnos-profesor equivalente en tiempo completo, es de 28 alumnos por maestro, cifra que coloca a México como el país de la OCDE con mayor cantidad de alumnos.
Dice el informe ejecutivo que en educación primaria esta relación alumnos-profesor varía entre los países de la organización: “Los países con mayor cantidad de alumnos son México, Turquía, Brasil (este último en su categoría de país asociado) y Corea, todos ellos con un promedio superior o igual a 25 alumnos por profesor; en tanto que en Hungría e Italia el promedio es inferior a 11 estudiantes. El promedio de la OCDE es de 16 alumnos por profesor”.
Buscan más espacios para escuelas en la periferia metropolitana
En aras de disminuir el sobrecupo detectado en diversas escuelas de educación básica apostadas en la periferia de Guadalajara, la Secretaría de Educación Jalisco (SEJ) busca construir más planteles educativos, en los cuales el alumnado tenga reacomodo y, por ende, mejores condiciones de estudio.
Y aunque no se tiene el dato exacto de cuántos planteles se estarán edificando, su cristalización en el corto plazo es segura. Roberto Hernández Medina, director general de Educación Primaria en la SEJ, aseguró que son al menos 50 espacios nuevos, algunos de los cuales “se entregarían a finales de septiembre y otros a principios de octubre”.
Detalló que la dependencia estatal se encuentra a la espera de una resolución por parte del Comité Administrador del Programa Estatal para la Construcción de Escuelas (CAPECE), para que “haga entrega de estos espacios para poder entonces ya tener un dato más preciso”.
Agregó que, de no solucionar la saturación de escuelas preescolares, primarias y secundarias, se estarán habilitando nuevos espacios para que los niños estudien en mejores condiciones.
“Estamos abriendo un ciclo escolar y estamos buscando la posibilidad de que en estas escuelas puedan ingresar más niños y reacomodarlos”.
Concluyó en que este periodo de clases se inició “con una visión distinta”, toda vez que se ha aterrizado en Jalisco la reforma educativa, lo que “sin duda nos llevará a una formación más integral, competente para las niñas y los niños, pensando siempre en una sociedad mejor para el día de mañana”.
CRÓNICA
Gritos que golpean el aula
Entrar al salón de clase es por demás sencillo; lo difícil es lograr que la paciencia esté presente y no abandone al de la batuta durante las cuatro horas de convivencia con el alumnado, sobre todo cuando las voces de los infantes rebasan en 50 a la de un solo profesor de educación primaria.
Los niños perciben sus maestros, definitivamente no son los mismos de años atrás. Cuando en otra época se hablaba a esa edad de futbol llanero, saltar la soga y sólo media hora frente al televisor para un sano esparcimiento, hoy los narcocorridos y una entrometida en vidas ajenas con alto “rating” en cadena nacional, marcan la pauta en el pensar del México futuro.
“Es cierto, no es broma, se saben todo lo que sale en ‘Laura’; luego aquí vienen y eso es lo que explican, antes que la tarea que se les dejó”, lamenta la directora Carlota Gutiérrez, de la primaria 1202, en Santa Fe. Una dama que no teme hacer frente a una turba de cientos de padres, a quienes reclama airadamente la vasta desatención para con su prole.
Una torta ahogada para aliviar la inusual gastritis del infante, quien no rebasa la década en este plano, y una bebida azucarada adquirida por los propios padres, son el desencanto del profesorado, que hoy por hoy ha añadido una tarea adicional a las tablas de multiplicar y busca enmendar la plana que, reclaman, resulta errada por parte de los progenitores en el hogar.
Cientos de gritos imperan en una locación y un timbre se impone después; un silencio efímero y nace el conflicto para reunir y aplacar filas de adrenalina pura, aquellas que abarrotan el patio de esa primaria, donde el audio del micrófono apenas se sobrepone al de un millar de niños, cuyo pensar aún está en el receso que recién se dio por terminado.
La experiencia en el cuarto de estudio no es distinta. No menos de 10 minutos demora el que una tenue y melódica voz se imponga a la de aquellos que dominan, y a quienes disgusta estar sentados frente a un pintarrón. “Sí, maestra Esmeralda”, se escucha finalmente, y la mayoría se sienta; uno que otro desoye la orden y esta petición se repite una y otra vez. Así pasan los minutos, así pasan las clases.
¿Alumnos repetidores?, varios. ¿Desgaste físico y mental?, bastante. Pese a todo, la experiencia para los maestros es “gratificante”; quien lo hace por convicción no asiste al aula por llenar sus bolsillos con dinero, sino por la educación de niños que hoy tienen un espacio en verdad apretado para abrir sus libros; para que esa carencia se traduzca en un futuro prometedor, y el México en caída libre que varios vaticinan no entre al imaginario infantil del mañana.
TESTIMONIO DE DOCENTES
“Pesado y peligroso”, atender a tantos niños
Martha Alicia Ordoñez tiene el semblante de una mujer que todas las mañanas se arregla lo suficiente para que no se le noten las líneas del tiempo. Es de mirada dura y de complexión delgada, ella es maestra de 40 niños en la escuela Urbana 225, ubicada en el Oriente de la ciudad. En su salón, Martha dice que caben “apretaditos”, pero cuando uno entra a ese salón de ocho por seis metros, entiende que ese término de “apretaditos” es como un chiste. Los pasillos no existen, son “sepultados” por mochilas; el pizarrón está tan pegado a las bancas que la maestra casi siempre da clase desde el escritorio. Y ella dice: “No, pues sí, es pesadito atender a tantos, pero sobre todo es peligroso,”.
Martha es también la secretaria técnica de esa escuela ubicada en la Colonia Jardines de la Paz; hace menos de un año el Ayuntamiento de Guadalajara les regaló 20 computadoras que ahora no todas sirven. El domo que reviste el patio central todavía huele a nuevo, los baños son cuidados por niños que hacen “la guardia” para que no los rayen. Y es que, en una escuela con casi 800 alumnos por turno, no hay profesor, director, intendente o padre de familia que pueda con la marabunta humana que sale todos los días a las 11 de la mañana cuando suena la campana del recreo.
“Se vuelve peligroso porque los niños no tienen dónde sentarse en el recreo más que en el suelo”, dice la maestra. La directora del plantel,
Ana Rosa Ordoñez, dice que “antes estaba peor… ahorita como quiera ya son 40 alumnos por salón, antes eran 50, pero con la reforma ya no permitimos que los salones tengan esa sobrepoblación”.
La encargada del plantel, con 37 años en el puesto, indica que al principio esta escuela era “un remedo de lo que es ahorita”. Hoy ya tienen 18 aulas, cuando al principio sólo contaban con una tercera parte; hoy, afirma la docente, “ya tenemos maestros extra que son pagados con el apoyo del patronato de padres de familia”. También dice que si hoy la Secretaría “ya no nos da dinero para el mantenimiento, tenemos un recurso que aportan los padres, porque a pesar de todo saben que sus niños están en buenas manos”.
Pero ni Daniel ni Karen opinan lo mismo. Estos dos alumnos del sexto semestre expresan estar felices, aunque no conocen otra escuela; eso sí, afirman que si ellos fueran los directores del plantel lo primero que harían es “hacer los salones más largos”. Daniel, quien está mudando dientes, dice que “de vez en cuando la maestra sí se enoja porque no nos callamos o porque nos distraemos”. En cambio, Karen, con sus ojos verdes, es quien piensa que su maestra se enoja “porque la letra no la hacemos todos igual de parejita”.
Ambos, profesores y niños, se saben en un espacio digno, pero mejorable. Quisieran poder decir que sus salones pronto dejarán de ser peligrosos y que sus patios están libres de descalabrados, pero por lo pronto no lo pueden hacer.
LA VOZ DEL EXPERTO
Maestros sufren por saturación de salones
María Luisa Chaboya
La saturación de alumnos en los salones de clase perjudica sobre todo a los profesores de educación básica. La investigadora del Departamento de Estudios de la Educación de la Universidad de Guadalajara (UdeG), María Luisa Chaboya, indica que quienes más sufren las consecuencias del elevado número de estudiantes en los salones son los maestros.
“Los saturamos demasiado de trabajo y esto obviamente se refleja en su rendimiento. Un profesor menos saturado puede tener un rendimiento más óptimo,” explica.
Tener las aulas repletas de alumnos provoca, entre muchas cosas, que el profesor tenga que cambiar la dinámica en el manejo de su grupo: “De una estrategia en donde el trabajo individual sea supervisado y estemos al tanto del desarrollo de cada estudiante, (pasamos) a estrategias de trabajos en grupos, trabajos en equipo”; en pocas palabras, el maestro se ve forzado a mutar su estrategia a una más generalizada para atender la alta demanda de estudiantes.
Chaboya añade que el tener esta situación afecta las condiciones de vida del profesor, ya que “le significa demasiado trabajo, y es trabajo que no le pagamos”. Así que todo lo que hace afuera del aula es un trabajo que no se le reconoce al docente.
La solución, a criterio de la especialista, está en “facilitarle las cosas al profesor”; de esta manera ganan los maestros y ganan los estudiantes. Entre lo que propone con insistencia está el aumento de sueldo a los profesores y el implemento del doble turno en las escuelas de educación básica. Bajo este esquema, señala la doctora, el docente recibiría el doble de sueldo y el niño podría realizar sus tareas con la asesoría de éste.
“Mi propuesta iría en la dignificación del trabajo docente, en la ampliación del horario (que sean de doble turno) y el dotar de infraestructura básica en donde ésta es deficiente”.
“El exceso de estudiantes en el aula, que un profesor puede atender debidamente, sin duda pude ocasionar bullying y otros trastornos”, dice Esperanza Navarro, profesora investigadora de la Universidad de Guadalajara (UdeG) que maneja el tema de la educación para personas con capacidades diferentes en Jalisco.
Señaló que el problema más grande de que las aulas estén sobrepobladas no es que el niño aprenda menos, sino que “hay una doble problemática: los niños con problemas de lecto-aprendizaje no pueden ser detectados a tiempo y los profesores sufren trastornos laborales que influyen en el ambiente de la clase”.
Según Esperanza Navarro, los profesores con más de 25 alumnos a su cargo tienden a tener un comportamiento más agresivo hacia los niños y, a su vez, los pequeños tienen que sacar sus frustraciones de manera violenta con sus compañeros de clase: “Y ahí tienes a profesores más preocupados por cuidar que no se jalen del cabello o no se avienten en el salón, en lugar de estar al pendiente de la clase”.
La universitaria comentó que la recomendación inicial es que los profesores tengan de 15 a 20 alumnos por clase, “pero muchos maestros tienen doble plaza, por lo que tienen grupos de hasta 40 o 50 estudiantes por turno. Imagina lo que es atender 80 alumnos al día y además preparar tu clase o calificar trabajos”.
Puntualizó que en los países más desarrollados lo que hacen es tener grupos integrados; “puedes tener 10 niños regulares y uno que necesite atención especial”. Y aunque dijo que ya no debe haber escuelas para niños “especiales”, porque la educación debe integrar las relaciones sociales, “una persona no puede encargarse con más de cinco o seis niños con capacidades especiales”.
Otra de las recomendaciones que podría hacer es que en grupos grandes hubiera apoyo de parte de estudiantes de la Licenciatura en Educación o de la Normal de Jalisco, “para que los niños vean dos figuras adultas como responsables del aula”.
Según un estudio realizado a nivel nacional hace un lustro por Ricardo Amman Escobar, quien es asesor en la Universidad Pedagógica Nacional, en México hay 30 alumnos en promedio por docente, lo cual parece ser una cifra si no buena, tolerable.
“La verdad es que este promedio encubre grandes disparidades, pues mientras en escuelas rurales y semirurales hay de 10 a 20 alumnos por docente, en muchas (escuelas) urbanas hay hasta 50 alumnos por cada mentor. Lo grave es que sobre la base de estas estadísticas se limita el ingreso de jóvenes a las Normales y se les escatima la plaza al egresar de ellas, cuando lo que se requiere no es reducir el número de maestros sino aumentarlo”.
PARA SABER
Panorama nacional
Un estudio auspiciado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en 2009, determina que en educación primaria la relación alumnos-profesor equivalente en tiempo completo, es de 28 alumnos por maestro, cifra que coloca a México como el país de la OCDE con mayor cantidad de alumnos.
Dice el informe ejecutivo que en educación primaria esta relación alumnos-profesor varía entre los países de la organización: “Los países con mayor cantidad de alumnos son México, Turquía, Brasil (este último en su categoría de país asociado) y Corea, todos ellos con un promedio superior o igual a 25 alumnos por profesor; en tanto que en Hungría e Italia el promedio es inferior a 11 estudiantes. El promedio de la OCDE es de 16 alumnos por profesor”.
Buscan más espacios para escuelas en la periferia metropolitana
En aras de disminuir el sobrecupo detectado en diversas escuelas de educación básica apostadas en la periferia de Guadalajara, la Secretaría de Educación Jalisco (SEJ) busca construir más planteles educativos, en los cuales el alumnado tenga reacomodo y, por ende, mejores condiciones de estudio.
Y aunque no se tiene el dato exacto de cuántos planteles se estarán edificando, su cristalización en el corto plazo es segura. Roberto Hernández Medina, director general de Educación Primaria en la SEJ, aseguró que son al menos 50 espacios nuevos, algunos de los cuales “se entregarían a finales de septiembre y otros a principios de octubre”.
Detalló que la dependencia estatal se encuentra a la espera de una resolución por parte del Comité Administrador del Programa Estatal para la Construcción de Escuelas (CAPECE), para que “haga entrega de estos espacios para poder entonces ya tener un dato más preciso”.
Agregó que, de no solucionar la saturación de escuelas preescolares, primarias y secundarias, se estarán habilitando nuevos espacios para que los niños estudien en mejores condiciones.
“Estamos abriendo un ciclo escolar y estamos buscando la posibilidad de que en estas escuelas puedan ingresar más niños y reacomodarlos”.
Concluyó en que este periodo de clases se inició “con una visión distinta”, toda vez que se ha aterrizado en Jalisco la reforma educativa, lo que “sin duda nos llevará a una formación más integral, competente para las niñas y los niños, pensando siempre en una sociedad mejor para el día de mañana”.
CRÓNICA
Gritos que golpean el aula
Entrar al salón de clase es por demás sencillo; lo difícil es lograr que la paciencia esté presente y no abandone al de la batuta durante las cuatro horas de convivencia con el alumnado, sobre todo cuando las voces de los infantes rebasan en 50 a la de un solo profesor de educación primaria.
Los niños perciben sus maestros, definitivamente no son los mismos de años atrás. Cuando en otra época se hablaba a esa edad de futbol llanero, saltar la soga y sólo media hora frente al televisor para un sano esparcimiento, hoy los narcocorridos y una entrometida en vidas ajenas con alto “rating” en cadena nacional, marcan la pauta en el pensar del México futuro.
“Es cierto, no es broma, se saben todo lo que sale en ‘Laura’; luego aquí vienen y eso es lo que explican, antes que la tarea que se les dejó”, lamenta la directora Carlota Gutiérrez, de la primaria 1202, en Santa Fe. Una dama que no teme hacer frente a una turba de cientos de padres, a quienes reclama airadamente la vasta desatención para con su prole.
Una torta ahogada para aliviar la inusual gastritis del infante, quien no rebasa la década en este plano, y una bebida azucarada adquirida por los propios padres, son el desencanto del profesorado, que hoy por hoy ha añadido una tarea adicional a las tablas de multiplicar y busca enmendar la plana que, reclaman, resulta errada por parte de los progenitores en el hogar.
Cientos de gritos imperan en una locación y un timbre se impone después; un silencio efímero y nace el conflicto para reunir y aplacar filas de adrenalina pura, aquellas que abarrotan el patio de esa primaria, donde el audio del micrófono apenas se sobrepone al de un millar de niños, cuyo pensar aún está en el receso que recién se dio por terminado.
La experiencia en el cuarto de estudio no es distinta. No menos de 10 minutos demora el que una tenue y melódica voz se imponga a la de aquellos que dominan, y a quienes disgusta estar sentados frente a un pintarrón. “Sí, maestra Esmeralda”, se escucha finalmente, y la mayoría se sienta; uno que otro desoye la orden y esta petición se repite una y otra vez. Así pasan los minutos, así pasan las clases.
¿Alumnos repetidores?, varios. ¿Desgaste físico y mental?, bastante. Pese a todo, la experiencia para los maestros es “gratificante”; quien lo hace por convicción no asiste al aula por llenar sus bolsillos con dinero, sino por la educación de niños que hoy tienen un espacio en verdad apretado para abrir sus libros; para que esa carencia se traduzca en un futuro prometedor, y el México en caída libre que varios vaticinan no entre al imaginario infantil del mañana.
TESTIMONIO DE DOCENTES
“Pesado y peligroso”, atender a tantos niños
Martha Alicia Ordoñez tiene el semblante de una mujer que todas las mañanas se arregla lo suficiente para que no se le noten las líneas del tiempo. Es de mirada dura y de complexión delgada, ella es maestra de 40 niños en la escuela Urbana 225, ubicada en el Oriente de la ciudad. En su salón, Martha dice que caben “apretaditos”, pero cuando uno entra a ese salón de ocho por seis metros, entiende que ese término de “apretaditos” es como un chiste. Los pasillos no existen, son “sepultados” por mochilas; el pizarrón está tan pegado a las bancas que la maestra casi siempre da clase desde el escritorio. Y ella dice: “No, pues sí, es pesadito atender a tantos, pero sobre todo es peligroso,”.
Martha es también la secretaria técnica de esa escuela ubicada en la Colonia Jardines de la Paz; hace menos de un año el Ayuntamiento de Guadalajara les regaló 20 computadoras que ahora no todas sirven. El domo que reviste el patio central todavía huele a nuevo, los baños son cuidados por niños que hacen “la guardia” para que no los rayen. Y es que, en una escuela con casi 800 alumnos por turno, no hay profesor, director, intendente o padre de familia que pueda con la marabunta humana que sale todos los días a las 11 de la mañana cuando suena la campana del recreo.
“Se vuelve peligroso porque los niños no tienen dónde sentarse en el recreo más que en el suelo”, dice la maestra. La directora del plantel,
Ana Rosa Ordoñez, dice que “antes estaba peor… ahorita como quiera ya son 40 alumnos por salón, antes eran 50, pero con la reforma ya no permitimos que los salones tengan esa sobrepoblación”.
La encargada del plantel, con 37 años en el puesto, indica que al principio esta escuela era “un remedo de lo que es ahorita”. Hoy ya tienen 18 aulas, cuando al principio sólo contaban con una tercera parte; hoy, afirma la docente, “ya tenemos maestros extra que son pagados con el apoyo del patronato de padres de familia”. También dice que si hoy la Secretaría “ya no nos da dinero para el mantenimiento, tenemos un recurso que aportan los padres, porque a pesar de todo saben que sus niños están en buenas manos”.
Pero ni Daniel ni Karen opinan lo mismo. Estos dos alumnos del sexto semestre expresan estar felices, aunque no conocen otra escuela; eso sí, afirman que si ellos fueran los directores del plantel lo primero que harían es “hacer los salones más largos”. Daniel, quien está mudando dientes, dice que “de vez en cuando la maestra sí se enoja porque no nos callamos o porque nos distraemos”. En cambio, Karen, con sus ojos verdes, es quien piensa que su maestra se enoja “porque la letra no la hacemos todos igual de parejita”.
Ambos, profesores y niños, se saben en un espacio digno, pero mejorable. Quisieran poder decir que sus salones pronto dejarán de ser peligrosos y que sus patios están libres de descalabrados, pero por lo pronto no lo pueden hacer.
LA VOZ DEL EXPERTO
Maestros sufren por saturación de salones
María Luisa Chaboya
La saturación de alumnos en los salones de clase perjudica sobre todo a los profesores de educación básica. La investigadora del Departamento de Estudios de la Educación de la Universidad de Guadalajara (UdeG), María Luisa Chaboya, indica que quienes más sufren las consecuencias del elevado número de estudiantes en los salones son los maestros.
“Los saturamos demasiado de trabajo y esto obviamente se refleja en su rendimiento. Un profesor menos saturado puede tener un rendimiento más óptimo,” explica.
Tener las aulas repletas de alumnos provoca, entre muchas cosas, que el profesor tenga que cambiar la dinámica en el manejo de su grupo: “De una estrategia en donde el trabajo individual sea supervisado y estemos al tanto del desarrollo de cada estudiante, (pasamos) a estrategias de trabajos en grupos, trabajos en equipo”; en pocas palabras, el maestro se ve forzado a mutar su estrategia a una más generalizada para atender la alta demanda de estudiantes.
Chaboya añade que el tener esta situación afecta las condiciones de vida del profesor, ya que “le significa demasiado trabajo, y es trabajo que no le pagamos”. Así que todo lo que hace afuera del aula es un trabajo que no se le reconoce al docente.
La solución, a criterio de la especialista, está en “facilitarle las cosas al profesor”; de esta manera ganan los maestros y ganan los estudiantes. Entre lo que propone con insistencia está el aumento de sueldo a los profesores y el implemento del doble turno en las escuelas de educación básica. Bajo este esquema, señala la doctora, el docente recibiría el doble de sueldo y el niño podría realizar sus tareas con la asesoría de éste.
“Mi propuesta iría en la dignificación del trabajo docente, en la ampliación del horario (que sean de doble turno) y el dotar de infraestructura básica en donde ésta es deficiente”.