Jalisco

Pasos de eternidad en las calles del Centro tapatío

El mejor recorrido por la metrópoli es a pie a pesar del congestionamiento de personas que tratan de librar los coches y soportar el transporte público

GUADALAJARA, JALISCO (10/OCT/2012).- Amanece, y el arranque de actividades en el Centro de Guadalajara se detona previo a que los primeros rayos del día golpeen uno, o dos, o cientos de rostros adormilados al unísono. Las calles del primer cuadro tapatío no se llenan poco a poco; la gente acude a él con ritmo acelerado para dar formal inicio a su jornada laboral, y burlar a las vialidades en pausa que ocasiona el tráfico habitual.

Ocho u 11 de la mañana; tres o siete de la tarde, y el tráfico impera, no importa en donde se pose la mirada. Autos, camiones, parejas en motocicleta; uno que otro ciclista con la experiencia y valor necesarios para lanzarse a una jungla de asfalto que no es benévola, y mucho menos con quien no usa un vehículo motorizado: ése es el panorama habitual en la Perla Tapatía de hoy.

Caminar es, ciertamente, la opción más atractiva. El Sol igual golpeará al cuerpo como al interior de un auto, y el estrés como secuela del sudor que rueda por la frente será ineludible. Pero la diferencia es que un automotor de tres toneladas no puede hacerse espacio y escabullirse en las pequeñas áreas donde un cuerpo en movimiento sí puede filtrarse.

Andar a pie en el Centro tiene su chiste. El roce obligado con otros cuerpos; dos segundos de vals con quien camina en sentido opuesto; choque de hombros y una mirada violenta como regalo; carreras contra el semáforo; trote en las esquinas para burlar automovilistas que anhelan meter, de menos, la segunda velocidad...

Y aunque luego de tres cuadras padeciendo al Astro Rey en su cénit, la fatiga se haga presente, el paso a paso es, por mucho, la mejor alternativa para disfrutar del Centro. Adiós al brincoteo de autobuses conducidos por camioneros exasperados, víctimas de horarios demorados; adiós a las mentadas que se lanzan entre sí quienes no avanzan ni un centímetro; adiós a los semáforos no sincronizados; a la Guadalajara con calles y avenidas estrechas, o con autos en oferta para atiborrarlas.

El terreno es disfrutable, pero así: a pie. Una Catedral imponente atrapa todas las miradas entrecerradas por causa del clima, e invita a conocerla a detalle. La Rotonda de los Jaliscienses Ilustres hace lo propio y aguanta los flashes de cientos de cámaras al día, tal y como sucede en la estatua de Hidalgo en la Plaza Liberación; y el dedo índice de los niños sigue apuntando a las calandrias en movimiento, luego de tomar un respiro tras hacer volar a las palomas que decenas de ancianos alimentan en Plaza de Armas.

Una diferencia abismal entre la Guadalajara que se cruza a pie, de la que limita únicamente la vista a las placas traseras de los estresados que danzan al ritmo del clutch y acelerador.

EL INFORMADOR / ISAACK DE LOZA



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