Jalisco
Compartir la mesa en el comedor de migrantes
Migrantes centroamericanos y mexicanos bajan de los vagones del tren para pedir agua y alimento y continuar el viaje rumbo al norte
GUADALAJARA, JALISCO (15/FEB/2012).- El objetivo: llegar a la tierra del dólar. La constante: el peligro y la muerte. Después de que las personas migrantes toman la decisión de buscar una mejor calidad de vida fuera de su país, cargan lo necesario en su mochila, se despiden y emprenden el viaje.
Caminan, corren, se esconden cuando es necesario y trepan al tren para llegar a su destino. Saben que La Bestia, como apodan al tren, ha mutilado, incluso ha quitado la vida a varios iguales, pero ellos no se rinden. Sólo esperan el silbido que anuncia: ‘el viaje continúa’.
Un grupo de personas migrantes ha llegado hasta Guadalajara, Jalisco. El viento ha resecado sus pieles, llevan días sin bañarse, algunos utilizan una planta llamada ‘pachuli’ para calmar el olor que despide el cuerpo y tratan de asearse con lo poco que tienen. Son las cuatro de la tarde y esperan sentados que abran el comedor de migrantes FM4 Paso libre, Dignidad y justicia en el camino A.C. ubicado en Av. Inglaterra 280-B Col. Moderna, para recibir agua y alimento.
FM4 hace alusión a una forma migratoria que no existe, pero que exige respeto a las personas que migran. En el comedor saben que el desempleo, la historia de los países, la falta de educación y los testimonios de amigos y familiares obligan a una migración forzada, por esa razón brindan atención a las personas migrantes que escogen la ruta del pacífico.
El comedor tiene el área de ‘programas’ que se encarga de ‘atender de manera integral a las personas migrantes a través del desarrollo de proyectos y prestación de servicios’, las sub-áreas en las que se divide son: Centro de Atención al Migrante (CAM), Servicios al Migrante (SAM) e investigación.
Dentro del comedor
Al lugar llegan personas que ofrecen parte de su tiempo para atender a las personas migrantes. En el CAM se dividen el trabajo; unos preparan la comida, otros registran a cada uno de los migrantes, frente a un escritorio les preguntan: su nombre, de dónde vienen y a dónde van, si tienen hijos y el motivo de su salida.
Luego del registro, los migrantes pasan por un cambio de ropa, algunos reciben un pantalón, una camisa, una playera y zapatos. No importa la combinación, lo que importa es que cubra el cuerpo que se expone a diferentes cambios de clima.
Los que se bañan, reciben una toalla que al terminar de usar deben lavarla, así como su ropa para que otra persona migrante que viene atrás pueda volver a utilizarla. Los tendederos se llenan.
En el segundo piso se encuentran las regaderas, los baños y la cocina. Los que terminan de asearse, se sientan y reciben un plato de comida, el menú es variado: huevo, papas cocidas, salsa y bolillo, también les ofrecen agua de jamaica, pan de dulce y una taza de café. El comedor se vuelve un lugar acogedor.
La mesa poco a poco se llena
Fernando un joven de 16 años procedente de El Salvador come despacio y en silencio, observa unas fotografías que están colgadas en la pared y que retratan el camino peligroso hacia el norte. Fernando dice que sus padres están separados y es la razón de salir de su país, él no sabe a qué lugar va a llegar.
Vicente Montenegro, de 46 años espera que se desocupe una regadera. Es la primera vez que emprende el viaje hacia la Unión Americana, su sueño es ayudar a su madre. Él platica como ha sido su viaje ‘ya llevo casi un mes viajando, con la voluntad de Dios bien porque no me ha pasado nada malo, sólo me robaron los zapatos cuando estaba dormido en Tierra Blanca (Veracruz)’.
Vicente deja su mochila en el piso, en la que carga con una chamarra, un chaleco, cobijas, su lámpara y una radio, además documentos que acreditan su nacionalidad guatemalteca, pero que ha sabido esconder para que no lo deporten. Cuenta su anécdota cuando lo detuvo ‘la migra’: ‘Me agarró migración, me metieron a la patrulla y les mentí cuando me preguntaron:
-¿De dónde eres?
- De Chiapas.
-¿La capital?
-Tuxtla Gutiérrez.
-¿Trae credencial?
-No.
Y no me registraron.
Luego trajeron un muchacho de Chiapas para que me hiciera más preguntas:
-¿Qué lugar está más cerca de Chiapas?
-Arriaga, Tonalá. Dijo que no había problema y me bajaron.
Al desocuparse una regadera, Vicente se retira para bañarse.
Minutos después, Nelson llega a la mesa. Un joven salvadoreño que fue deportado hace tres meses de EU y quién viaja con la esperanza de encontrar a su familia en Houston, Texas. ‘Mi familia quedó allá, ahora tengo que luchar para estar con ellos, me necesitan, tengo una hija de 11 años y una de nueve, están pequeñas no se pueden defender. En esta vida se debe luchar por alguien y se lucha por algo’. En el 2004 salió de su país acompañado de su esposa.
En los 12 días que lleva de viaje, Nelson platica como ha sido el camino que ha recorrido ‘observé a una señora guatemalteca con su hija como de diez años, es un riesgo porque en este camino cualquier delincuente agarra a una niña de esas y los derechos en este país no valen, no valen ni los del propio mexicano, uno pone la denuncia y es en vano’.
Y mientras come, Nelson continúa: ‘El camino siempre ha sido difícil porque las autoridades lo tratan mal, tanto EU y México nos tratan como delincuentes. Una vez me capturaron aquí en México, y les dije -¿pero yo que te hago a ti?, yo voy de paso, y me dijo ¿quieres que te suelte?, dame dinero. -¿y cuánto es de dinero? -400 dólares, dije que no. Aquí hay mucha corrupción’.
Más jóvenes llegan al comedor. Nelson al ver quien entra, su expresión es de alegría porque ve a Giovanni Christian, un compañero de la misma colonia donde vivía en El Salvador y con quien salió de su país para emprender el viaje, pero que se perdieron contacto en el camino.
Nelson y sus compañeros quieren llegar a Estados Unidos, aunque tienen conocimiento del tipo de trabajos en condiciones difíciles que les dan a las personas migrantes ‘uno va con la idea de hacer dinero, su casa y ¿a qué se dedica uno? al trabajo pesado como la construcción, trabajo que los gringos no quieren y nosotros lo hacemos. Los gringos dicen que nosotros, los hispanos, les quitamos el trabajo que se merecen. Estados Unidos es grande porque nosotros lo hemos levantado, pero nunca lo van a decir’.
‘Me gustaría ser político…pero fuerte para poder cambiar las leyes y darle oportunidades a quienes las merecen’. Nelson termina de comer, lava los trastes y se despide.
Al terminar de servir y limpiar la cocina, las mujeres se sientan alrededor de la mesa, por un momento se vuelven madres y hermanas de los jóvenes migrantes porque escuchan sus historias y temores.
A seguir el viaje
Vicente regresa limpio, con un nuevo cambio de ropa. Él come tranquilo, pero inseguro de tomar el siguiente tren porque pregunta por albergues para pasar la noche. Santiago, voluntario del comedor FM4, le recomienda que vaya con el Padre del templo que está a dos cuadras del comedor para que lo hospede por esta noche.
Diferentes historias se viven todos los días en el comedor. Ya se acercan las siete de la tarde y es hora de abandonar el lugar, Santiago les ofrece un folleto que contiene la imagen de Santo Toribio Romo, el santo de los migrantes e información sobre sus derechos.
‘Este es un párrafo en español e inglés por si llegan a detenerlos, para que en la rayita le pongan su nombre, “quiero informarles que quiero ejercer mi derecho constitucional a permanecer en silencio, consultar un abogado antes de contestar cualquier preguntar o firmar un documento, por favor déjenme llamar por teléfono a mi familia”…’
Además, el folleto contiene un mapa, los números telefónicos de las embajadas, la dirección de las casas de migrantes y consejos para saber qué hacer si van con mujeres, qué alimentos comer y algunas palabras en inglés traducidas al español. Lo único que les pide Santiago es que compartan la información con sus compañeros.
El comedor se cierra y el grupo de personas migrantes esperan a La Bestia que pasará alrededor de las 8:30 de la noche. La Bestia los llevará por la ruta peligrosa que deben atravesar para cumplir el sueño de toda persona migrante: una vida mejor.
Para saber
En FM4 Paso Libre necesitan de apoyo con aportaciones en especie o monetarias para continuar con su labor. El sitio web de la organización es http://www.fm4pasolibre.org/fm4.html
EL INFORMADOR / VIRIDIANA FLORES
Caminan, corren, se esconden cuando es necesario y trepan al tren para llegar a su destino. Saben que La Bestia, como apodan al tren, ha mutilado, incluso ha quitado la vida a varios iguales, pero ellos no se rinden. Sólo esperan el silbido que anuncia: ‘el viaje continúa’.
Un grupo de personas migrantes ha llegado hasta Guadalajara, Jalisco. El viento ha resecado sus pieles, llevan días sin bañarse, algunos utilizan una planta llamada ‘pachuli’ para calmar el olor que despide el cuerpo y tratan de asearse con lo poco que tienen. Son las cuatro de la tarde y esperan sentados que abran el comedor de migrantes FM4 Paso libre, Dignidad y justicia en el camino A.C. ubicado en Av. Inglaterra 280-B Col. Moderna, para recibir agua y alimento.
FM4 hace alusión a una forma migratoria que no existe, pero que exige respeto a las personas que migran. En el comedor saben que el desempleo, la historia de los países, la falta de educación y los testimonios de amigos y familiares obligan a una migración forzada, por esa razón brindan atención a las personas migrantes que escogen la ruta del pacífico.
El comedor tiene el área de ‘programas’ que se encarga de ‘atender de manera integral a las personas migrantes a través del desarrollo de proyectos y prestación de servicios’, las sub-áreas en las que se divide son: Centro de Atención al Migrante (CAM), Servicios al Migrante (SAM) e investigación.
Dentro del comedor
Al lugar llegan personas que ofrecen parte de su tiempo para atender a las personas migrantes. En el CAM se dividen el trabajo; unos preparan la comida, otros registran a cada uno de los migrantes, frente a un escritorio les preguntan: su nombre, de dónde vienen y a dónde van, si tienen hijos y el motivo de su salida.
Luego del registro, los migrantes pasan por un cambio de ropa, algunos reciben un pantalón, una camisa, una playera y zapatos. No importa la combinación, lo que importa es que cubra el cuerpo que se expone a diferentes cambios de clima.
Los que se bañan, reciben una toalla que al terminar de usar deben lavarla, así como su ropa para que otra persona migrante que viene atrás pueda volver a utilizarla. Los tendederos se llenan.
En el segundo piso se encuentran las regaderas, los baños y la cocina. Los que terminan de asearse, se sientan y reciben un plato de comida, el menú es variado: huevo, papas cocidas, salsa y bolillo, también les ofrecen agua de jamaica, pan de dulce y una taza de café. El comedor se vuelve un lugar acogedor.
La mesa poco a poco se llena
Fernando un joven de 16 años procedente de El Salvador come despacio y en silencio, observa unas fotografías que están colgadas en la pared y que retratan el camino peligroso hacia el norte. Fernando dice que sus padres están separados y es la razón de salir de su país, él no sabe a qué lugar va a llegar.
Vicente Montenegro, de 46 años espera que se desocupe una regadera. Es la primera vez que emprende el viaje hacia la Unión Americana, su sueño es ayudar a su madre. Él platica como ha sido su viaje ‘ya llevo casi un mes viajando, con la voluntad de Dios bien porque no me ha pasado nada malo, sólo me robaron los zapatos cuando estaba dormido en Tierra Blanca (Veracruz)’.
Vicente deja su mochila en el piso, en la que carga con una chamarra, un chaleco, cobijas, su lámpara y una radio, además documentos que acreditan su nacionalidad guatemalteca, pero que ha sabido esconder para que no lo deporten. Cuenta su anécdota cuando lo detuvo ‘la migra’: ‘Me agarró migración, me metieron a la patrulla y les mentí cuando me preguntaron:
-¿De dónde eres?
- De Chiapas.
-¿La capital?
-Tuxtla Gutiérrez.
-¿Trae credencial?
-No.
Y no me registraron.
Luego trajeron un muchacho de Chiapas para que me hiciera más preguntas:
-¿Qué lugar está más cerca de Chiapas?
-Arriaga, Tonalá. Dijo que no había problema y me bajaron.
Al desocuparse una regadera, Vicente se retira para bañarse.
Minutos después, Nelson llega a la mesa. Un joven salvadoreño que fue deportado hace tres meses de EU y quién viaja con la esperanza de encontrar a su familia en Houston, Texas. ‘Mi familia quedó allá, ahora tengo que luchar para estar con ellos, me necesitan, tengo una hija de 11 años y una de nueve, están pequeñas no se pueden defender. En esta vida se debe luchar por alguien y se lucha por algo’. En el 2004 salió de su país acompañado de su esposa.
En los 12 días que lleva de viaje, Nelson platica como ha sido el camino que ha recorrido ‘observé a una señora guatemalteca con su hija como de diez años, es un riesgo porque en este camino cualquier delincuente agarra a una niña de esas y los derechos en este país no valen, no valen ni los del propio mexicano, uno pone la denuncia y es en vano’.
Y mientras come, Nelson continúa: ‘El camino siempre ha sido difícil porque las autoridades lo tratan mal, tanto EU y México nos tratan como delincuentes. Una vez me capturaron aquí en México, y les dije -¿pero yo que te hago a ti?, yo voy de paso, y me dijo ¿quieres que te suelte?, dame dinero. -¿y cuánto es de dinero? -400 dólares, dije que no. Aquí hay mucha corrupción’.
Más jóvenes llegan al comedor. Nelson al ver quien entra, su expresión es de alegría porque ve a Giovanni Christian, un compañero de la misma colonia donde vivía en El Salvador y con quien salió de su país para emprender el viaje, pero que se perdieron contacto en el camino.
Nelson y sus compañeros quieren llegar a Estados Unidos, aunque tienen conocimiento del tipo de trabajos en condiciones difíciles que les dan a las personas migrantes ‘uno va con la idea de hacer dinero, su casa y ¿a qué se dedica uno? al trabajo pesado como la construcción, trabajo que los gringos no quieren y nosotros lo hacemos. Los gringos dicen que nosotros, los hispanos, les quitamos el trabajo que se merecen. Estados Unidos es grande porque nosotros lo hemos levantado, pero nunca lo van a decir’.
‘Me gustaría ser político…pero fuerte para poder cambiar las leyes y darle oportunidades a quienes las merecen’. Nelson termina de comer, lava los trastes y se despide.
Al terminar de servir y limpiar la cocina, las mujeres se sientan alrededor de la mesa, por un momento se vuelven madres y hermanas de los jóvenes migrantes porque escuchan sus historias y temores.
A seguir el viaje
Vicente regresa limpio, con un nuevo cambio de ropa. Él come tranquilo, pero inseguro de tomar el siguiente tren porque pregunta por albergues para pasar la noche. Santiago, voluntario del comedor FM4, le recomienda que vaya con el Padre del templo que está a dos cuadras del comedor para que lo hospede por esta noche.
Diferentes historias se viven todos los días en el comedor. Ya se acercan las siete de la tarde y es hora de abandonar el lugar, Santiago les ofrece un folleto que contiene la imagen de Santo Toribio Romo, el santo de los migrantes e información sobre sus derechos.
‘Este es un párrafo en español e inglés por si llegan a detenerlos, para que en la rayita le pongan su nombre, “quiero informarles que quiero ejercer mi derecho constitucional a permanecer en silencio, consultar un abogado antes de contestar cualquier preguntar o firmar un documento, por favor déjenme llamar por teléfono a mi familia”…’
Además, el folleto contiene un mapa, los números telefónicos de las embajadas, la dirección de las casas de migrantes y consejos para saber qué hacer si van con mujeres, qué alimentos comer y algunas palabras en inglés traducidas al español. Lo único que les pide Santiago es que compartan la información con sus compañeros.
El comedor se cierra y el grupo de personas migrantes esperan a La Bestia que pasará alrededor de las 8:30 de la noche. La Bestia los llevará por la ruta peligrosa que deben atravesar para cumplir el sueño de toda persona migrante: una vida mejor.
Para saber
En FM4 Paso Libre necesitan de apoyo con aportaciones en especie o monetarias para continuar con su labor. El sitio web de la organización es http://www.fm4pasolibre.org/fm4.html
EL INFORMADOR / VIRIDIANA FLORES