Internacional
''Triste, el papel de la Unión Europea en Libia''
La misión de la OTAN en tierras africanas no tiene un rumbo claro, advierte la internacionalista Sara Núñez
GUADALAJARA, JALISCO (28/AGO/2011).- El gran historiador de la catalogada escuela de los Annales, el francés Fernando Braudel, sostenía la importancia del Mar Mediterráneo en la historia de los pueblos que lo rodean. Dichos pueblos, situados en el Norte de África, Europa y hasta Medio Oriente, en palabras de Braudel, comparten tradiciones, formas de vida y estructuras económicas que los ligan profundamente.
Sin embargo, el paso de los años ha servido para distanciar a estas naciones, que poseen vínculos históricos. Ahora, en la llamada “Primavera Árabe”, esta imbricación mediterránea está, otra vez, sobre la mesa. ¿Cuál es el papel que deben cumplir naciones como Italia, Portugal y España en la construcción de la democracia en Libia? ¿Cómo debe ser su participación? ¿Qué tan profunda debe ser su intervención para asegurar el correcto camino del proceso de construcción institucional, que definitivamente será tortuoso?
Temas nodales, claves para entender un proceso complejo, de los que la doctora española Sara Núñez de Prado-Clavell tiene una visión profunda.
Sentada en un café al norponiente de Guadalajara, la académica reflexiona acerca de la situación que impera en el Norte de África y Medio Oriente:
“Es complicado definir con claridad en qué momentos es necesario intervenir para proteger la seguridad interna de una país, cómo explicamos que se actúe en Libia y no se haga en Siria o Yemen; la responsabilidad de proteger no es un concepto sencillo de justificar”.
Sara es una mujer vehemente, que defiende sus ideas, y compleja, no cesa de darle vueltas a los argumentos para encontrar reflexiones más detalladas. Fragmentos de sus ideas van precedidos por metodologías claras; pensamientos estructurados y críticos, así como por un distanciamiento identificable de las posturas políticas tradicionales.
— Hemos visto con asombro lo que ha ocurrido en Medio Oriente y en África del Norte, ¿podemos pensar que la caída de Gadhafi forma parte del mismo proceso de liberación?
— Creo que en cuestión de tiempo e historia, por supuesto que existe un vínculo. También si argumentamos que los distintos países que han pasado por estos hechos son de origen árabe. Sin embargo tenemos que constatar que existen diferencias muy amplias.
Egipto es uno de los países más importantes de la región y, de los que han experimentados estas rebeliones, definitivamente es el más importante. Representa una nación estratégica para los intereses de Occidente.
Por su parte, Libia lo único que tiene es petróleo, no tiene una importancia que exceda este hecho. Aun así, su producción no es tan relevante, creo que alcanza algo así como 2% de la producción mundial, sería sencillo sustituirla con algún otro productor, como en realidad está pasando con Arabia Saudita.
De la misma manera, la composición social libia no es la misma, tiene una realidad de tribus y nunca ha desarrollado un sistema político y de partidos como lo entendemos en Occidente, a diferencia de Egipto.
— Ocurrida la revolución, ¿qué sigue ahora? ¿Cómo construir un país tan fragmentado y desconfiado, cómo construir institucionalmente a un país en una realidad como ésta?
— Considero que va a ser muy complicada la construcción de Libia, como queremos me refiero. Si nuestro referente, o lo que entendemos por reconstrucción está basada en la experiencia de Afganistán, y a eso aspiramos, bueno tal vez sí lo logremos. Pero, si la construcción institucional a la que nos referimos, es una construcción más compleja, creo que va a ser muy difícil obtener esos grados de institucionalidad. La misma diversidad social, política y económica de Libia, hacen que la construcción se vuelva particularmente difícil.
— ¿Cuánto debe durar la operación de mantenimiento de paz de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN)?
— Ésa, es la pregunta del millón. No lo sé; creo que ni ellos lo saben a ciencia cierta. Ni siquiera la resolución de Naciones Unidas da líneas de desarrollo en este campo.
En mi opinión, la OTAN no se puede arriesgar a entrar en un conflicto eterno como en Afganistán; hasta el momento han sido muy cuidadosos de no tocar suelo libio; sin embargo, sabemos que la derrota de Gadhafi no se debe al Consejo Nacional de Transición libio, que no tiene ni pies ni cabeza, sino a los ataques de la OTAN. Ante esto, pensar que quien lleve el proceso de reconstrucción sea el propio Consejo, no me inspira demasiada confianza.
La situación es bastante dura, la violación a la soberanía ya existe, pasar a una ocupación es simplemente un paso que no sé si la OTAN deba tomar…
— ¿Y la responsabilidad de proteger?
Tiene muchos lados flacos, quién determina dónde es adecuado acudir al rescate y dónde no es adecuado; por qué en Libia y no en Siria, son preguntas que no han sido resueltas.
De la misma manera, vamos a intervenir cuando un líder caiga mal o cuando ya no sea de utilidad a los intereses de la comunidad internacional, atacaron a Gadhafi debido a que no es muy educado y dejan a Bachir Al Assad porque parece más europeo. No es tan fácil esto de la responsabilidad de proteger.
— ¿Cuál cree que sea el papel que debe desempeñar la Unión Europea en las transiciones en el Norte de África, ve a la comunidad actuando de manera importante en este tema?
— El papel de la Unión Europea en este tema es “triste”. No porque no tenga la fortaleza institucional en este momento para involucrarse, sino que es muy ambiguo y carente de una estrategia concreta de aplicación.
— ¿Cómo ve a la Unión Europea con todos los problemas relacionados a Grecia, España e Italia, en términos financieros?
— Es cierto que hay problemas, pero dónde no los hay. La Unión Europea sigue siendo un referente supranacional necesario, no creo que una crisis le quite a la Unión todo lo que ha construido hasta el momento. Es como una familia, no porque exista un integrante con problemas, eso quiere decir que toda la familia sea un fracaso o que no pueda sostenerse.
Es cierto que la Unión Europea dejó que Grecia entrara en un laberinto presupuestal inadmisible, pero creo que la Unión tiene la fortaleza para salir de este problema.
Es un buen momento para redefinir el papel de Alemania y Francia que son el corazón de la Unión Europea, lo cierto es que en términos económicos siempre la Unión Europea ha funcionado mejor que en cuestiones políticas.
— ¿Cómo ve el ascenso de la ultraderecha en Europa, es una amenaza al proyecto de integración?
— Considero que los radicales, sean del signo político e ideológico que sean, han sabido escuchar un sentimiento creciente de reclamo a la forma en que se han manejado distintos temas en la Unión Europea.
Por ejemplo, en el tema de la migración, pues no podemos solamente abrir las fronteras y decir que todos vengan para acá, necesitamos orden y políticas que organicen los flujos migratorios, nos gusten sus formas o no, ellos han sabido encausar esas demandas desatendidas institucionalmente por muchos años.
Por supuesto que no se puede estar de acuerdo con ciertas acciones como dinamitar edificios, pero detrás existe un problema que hay que atender.
— ¿Qué piensa de la situación política y electoral de España rumbo a los comicios?
— Por supuesto que si hace caso a las encuestas, tenemos que decir que el Partido Popular está cerca de regresar al Gobierno en España.
Sin embargo, hay que tener cuidado con analizar las encuestas de manera descontextualizadas. Quitando que sea izquierda o derecha, España necesita un cambio urgente, las cosas no van bien. La política económica de José Luis Rodríguez Zapatero ha sido un desastre, y las políticas que ha ejecutado correctamente, han sido sugerencias de la propia Unión Europea.
PERFIL
Del periodismo a la academia
Es licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Complutense de Madrid (UCM), una de las casas de estudio más galardonadas en España y en toda Europa.
Por la misma universidad, Sara Núñez es licenciada en Geografía e Historia Contemporánea. Su grado de doctora lo obtuvo en Ciencias de la Comunicación, en la propia Universidad Complutense de Madrid.
En su vida, Sara ha realizado actividades muy distintas. Ha estado envuelta en labores periodísticas, siendo redactora en jefe de una multiplicidad de medios de comunicación en España.
En el plano de las instituciones europeas, Sara se ha desenvuelto como representante española ante el Consejo de Europa (CE), centrándose en temas relacionados con las minorías y nacionalidades.
Su experiencia académica es rica y diversa. De 1989 a 1992, fue becaria del Ministerio de Educación y Ciencia de España, lo que le permitió desempeñarse como docente en la Universidad Complutense, en el Departamento de Historia y Comunicación Social.
En 1992 fue invitada a dar clases a la escuela hispano-norteamericana llamada Crandon College, impartiendo la asignatura de Comunicación Social.
Desde 1993 hasta 2003, fue profesora titular de la Universidad Europea de Madrid, ocupando la cátedra de Historia del Periodismo Universal.
Llegó a México para impartir cátedra en el Tecnológico de Monterrey campus Guadalajara.
En la institución se dedicó a materias relacionadas con el sistema internacional, la Unión Europea, y vinculadas a procesos comunicacionales.
Sin embargo, el paso de los años ha servido para distanciar a estas naciones, que poseen vínculos históricos. Ahora, en la llamada “Primavera Árabe”, esta imbricación mediterránea está, otra vez, sobre la mesa. ¿Cuál es el papel que deben cumplir naciones como Italia, Portugal y España en la construcción de la democracia en Libia? ¿Cómo debe ser su participación? ¿Qué tan profunda debe ser su intervención para asegurar el correcto camino del proceso de construcción institucional, que definitivamente será tortuoso?
Temas nodales, claves para entender un proceso complejo, de los que la doctora española Sara Núñez de Prado-Clavell tiene una visión profunda.
Sentada en un café al norponiente de Guadalajara, la académica reflexiona acerca de la situación que impera en el Norte de África y Medio Oriente:
“Es complicado definir con claridad en qué momentos es necesario intervenir para proteger la seguridad interna de una país, cómo explicamos que se actúe en Libia y no se haga en Siria o Yemen; la responsabilidad de proteger no es un concepto sencillo de justificar”.
Sara es una mujer vehemente, que defiende sus ideas, y compleja, no cesa de darle vueltas a los argumentos para encontrar reflexiones más detalladas. Fragmentos de sus ideas van precedidos por metodologías claras; pensamientos estructurados y críticos, así como por un distanciamiento identificable de las posturas políticas tradicionales.
— Hemos visto con asombro lo que ha ocurrido en Medio Oriente y en África del Norte, ¿podemos pensar que la caída de Gadhafi forma parte del mismo proceso de liberación?
— Creo que en cuestión de tiempo e historia, por supuesto que existe un vínculo. También si argumentamos que los distintos países que han pasado por estos hechos son de origen árabe. Sin embargo tenemos que constatar que existen diferencias muy amplias.
Egipto es uno de los países más importantes de la región y, de los que han experimentados estas rebeliones, definitivamente es el más importante. Representa una nación estratégica para los intereses de Occidente.
Por su parte, Libia lo único que tiene es petróleo, no tiene una importancia que exceda este hecho. Aun así, su producción no es tan relevante, creo que alcanza algo así como 2% de la producción mundial, sería sencillo sustituirla con algún otro productor, como en realidad está pasando con Arabia Saudita.
De la misma manera, la composición social libia no es la misma, tiene una realidad de tribus y nunca ha desarrollado un sistema político y de partidos como lo entendemos en Occidente, a diferencia de Egipto.
— Ocurrida la revolución, ¿qué sigue ahora? ¿Cómo construir un país tan fragmentado y desconfiado, cómo construir institucionalmente a un país en una realidad como ésta?
— Considero que va a ser muy complicada la construcción de Libia, como queremos me refiero. Si nuestro referente, o lo que entendemos por reconstrucción está basada en la experiencia de Afganistán, y a eso aspiramos, bueno tal vez sí lo logremos. Pero, si la construcción institucional a la que nos referimos, es una construcción más compleja, creo que va a ser muy difícil obtener esos grados de institucionalidad. La misma diversidad social, política y económica de Libia, hacen que la construcción se vuelva particularmente difícil.
— ¿Cuánto debe durar la operación de mantenimiento de paz de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN)?
— Ésa, es la pregunta del millón. No lo sé; creo que ni ellos lo saben a ciencia cierta. Ni siquiera la resolución de Naciones Unidas da líneas de desarrollo en este campo.
En mi opinión, la OTAN no se puede arriesgar a entrar en un conflicto eterno como en Afganistán; hasta el momento han sido muy cuidadosos de no tocar suelo libio; sin embargo, sabemos que la derrota de Gadhafi no se debe al Consejo Nacional de Transición libio, que no tiene ni pies ni cabeza, sino a los ataques de la OTAN. Ante esto, pensar que quien lleve el proceso de reconstrucción sea el propio Consejo, no me inspira demasiada confianza.
La situación es bastante dura, la violación a la soberanía ya existe, pasar a una ocupación es simplemente un paso que no sé si la OTAN deba tomar…
— ¿Y la responsabilidad de proteger?
Tiene muchos lados flacos, quién determina dónde es adecuado acudir al rescate y dónde no es adecuado; por qué en Libia y no en Siria, son preguntas que no han sido resueltas.
De la misma manera, vamos a intervenir cuando un líder caiga mal o cuando ya no sea de utilidad a los intereses de la comunidad internacional, atacaron a Gadhafi debido a que no es muy educado y dejan a Bachir Al Assad porque parece más europeo. No es tan fácil esto de la responsabilidad de proteger.
— ¿Cuál cree que sea el papel que debe desempeñar la Unión Europea en las transiciones en el Norte de África, ve a la comunidad actuando de manera importante en este tema?
— El papel de la Unión Europea en este tema es “triste”. No porque no tenga la fortaleza institucional en este momento para involucrarse, sino que es muy ambiguo y carente de una estrategia concreta de aplicación.
— ¿Cómo ve a la Unión Europea con todos los problemas relacionados a Grecia, España e Italia, en términos financieros?
— Es cierto que hay problemas, pero dónde no los hay. La Unión Europea sigue siendo un referente supranacional necesario, no creo que una crisis le quite a la Unión todo lo que ha construido hasta el momento. Es como una familia, no porque exista un integrante con problemas, eso quiere decir que toda la familia sea un fracaso o que no pueda sostenerse.
Es cierto que la Unión Europea dejó que Grecia entrara en un laberinto presupuestal inadmisible, pero creo que la Unión tiene la fortaleza para salir de este problema.
Es un buen momento para redefinir el papel de Alemania y Francia que son el corazón de la Unión Europea, lo cierto es que en términos económicos siempre la Unión Europea ha funcionado mejor que en cuestiones políticas.
— ¿Cómo ve el ascenso de la ultraderecha en Europa, es una amenaza al proyecto de integración?
— Considero que los radicales, sean del signo político e ideológico que sean, han sabido escuchar un sentimiento creciente de reclamo a la forma en que se han manejado distintos temas en la Unión Europea.
Por ejemplo, en el tema de la migración, pues no podemos solamente abrir las fronteras y decir que todos vengan para acá, necesitamos orden y políticas que organicen los flujos migratorios, nos gusten sus formas o no, ellos han sabido encausar esas demandas desatendidas institucionalmente por muchos años.
Por supuesto que no se puede estar de acuerdo con ciertas acciones como dinamitar edificios, pero detrás existe un problema que hay que atender.
— ¿Qué piensa de la situación política y electoral de España rumbo a los comicios?
— Por supuesto que si hace caso a las encuestas, tenemos que decir que el Partido Popular está cerca de regresar al Gobierno en España.
Sin embargo, hay que tener cuidado con analizar las encuestas de manera descontextualizadas. Quitando que sea izquierda o derecha, España necesita un cambio urgente, las cosas no van bien. La política económica de José Luis Rodríguez Zapatero ha sido un desastre, y las políticas que ha ejecutado correctamente, han sido sugerencias de la propia Unión Europea.
PERFIL
Del periodismo a la academia
Es licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Complutense de Madrid (UCM), una de las casas de estudio más galardonadas en España y en toda Europa.
Por la misma universidad, Sara Núñez es licenciada en Geografía e Historia Contemporánea. Su grado de doctora lo obtuvo en Ciencias de la Comunicación, en la propia Universidad Complutense de Madrid.
En su vida, Sara ha realizado actividades muy distintas. Ha estado envuelta en labores periodísticas, siendo redactora en jefe de una multiplicidad de medios de comunicación en España.
En el plano de las instituciones europeas, Sara se ha desenvuelto como representante española ante el Consejo de Europa (CE), centrándose en temas relacionados con las minorías y nacionalidades.
Su experiencia académica es rica y diversa. De 1989 a 1992, fue becaria del Ministerio de Educación y Ciencia de España, lo que le permitió desempeñarse como docente en la Universidad Complutense, en el Departamento de Historia y Comunicación Social.
En 1992 fue invitada a dar clases a la escuela hispano-norteamericana llamada Crandon College, impartiendo la asignatura de Comunicación Social.
Desde 1993 hasta 2003, fue profesora titular de la Universidad Europea de Madrid, ocupando la cátedra de Historia del Periodismo Universal.
Llegó a México para impartir cátedra en el Tecnológico de Monterrey campus Guadalajara.
En la institución se dedicó a materias relacionadas con el sistema internacional, la Unión Europea, y vinculadas a procesos comunicacionales.