Internacional

Sudamérica, región de democracias sin oposición

Los mandatarios de Venezuela, Argentina, Bolivia y Ecuador suman poder y se convierten en sus propios rivales electorales

BUENOS AIRES, ARGENTINA (16/MAY/2011).- ¿Hay democracia sin oposición? ¿Qué tipo de democracias se desparraman hoy en Sudamérica? Las preguntas en cuanto al declamado modelo en cada uno de los países, surgen a medida que aumenta el poder gobiernos con características hegemónicas, mientras los partidos de la oposición o parecen brillar por su ausencia o fracasan en el intento de consolidarse como alternativas viables.

El esquema de presidentes acaparando mayores cuotas de poder o sin riesgos de una oposición que pueda desbancarlos del poder se observa en varios países de la región con gobiernos afines o de distintas corrientes ideológicas en la región.

Venezuela, Bolivia, Ecuador, Argentina y, más recientemente, Colombia y Brasil, con las crisis en los partidos de oposición, van marcando una tendencia que se repite cada vez con más fuerza, con más tensión y acarreando nuevos problemas en vez de repararse con viejas soluciones.

Las pruebas más acabadas surgieron en las últimas semanas en Argentina y en Ecuador, donde candidatos a la presidencia con un piso electoral nada desdeñable —entre 16% y 22%— abandonaron la carrera a la presidencia, o donde un presidente, Rafael Correa, que controla buena parte de los resortes del poder, se metió en laberinto refrendario del que aún le cuesta salir, en función de lo que llama “democracia directa” o “democracia del pueblo”, que no es otra cosa que el uso y abuso del plebiscito.

La prueba piloto

El origen, por ser la primera experiencia en el tiempo, de gobiernos con estas características se dio en Venezuela. Hugo Chávez llegó al poder en 1999 y desde entonces la oposición, en todos sus colores, vio frustrados todos los caminos (los políticos y los democráticos) para convertirse en una alternativa seria.

Recién comenzó a perfilarlo en los últimos comicios para la elección de la Asamblea Nacional del año pasado, donde la unidad de listas empujó el carro, hasta preocupar al Gobierno de cara a las presidenciales del próximo año.

La ecuación para el chavismo, al decir del analista Carlos Blanco, pasó por calificar permanentemente “a la oposición como el imperio mismo y si el imperio ataca, nosotros defendemos a la patria porque la patria está en peligro” y ante este metamensaje “a los partidos antichavistas les sigue costando encontrarle la solución”.
Ahora cuando la popularidad de Hugo Chávez viene a la baja, hasta obligarlo a preocuparse más en el frente interno, a convertirse en un aliado impensado de Colombia y a bajar su nivel de exposición en el extranjero (hasta “el soldado” Ollanta Humala renegó del apoyo de Chávez), el Gobierno vuelve a amenazar a la oposición con marginar a su principal candidato a la presidencia para el 2012, el joven gobernador de Miranda, Henrique Capriles, sin que las instituciones puedan hacer nada por impedirlo ya que todos sus resortes están en poder de Chávez.

En Bolivia, la democracia plebiscitaria que tuvo su primera experiencia en Venezuela, le dio buenos dividendos políticos al presidente Evo Morales. La oposición se atomizó de tal forma que ni las banderas autonómicas ya se levantan con fuerza.

Morales y el Movimiento al Socialismo (MAS) también pasaron a ocupar toda la escena política. Ante la ausencia de una oposición organizada buenos también fueron los medios de comunicación como en Ecuador o en Argentina, pero la crisis explotó por el lado de la Central Obrera Boliviana y los movimientos sociales, hasta hace unos meses aliado del Gobierno.

“Aquí nadie logra capitalizar los propios errores económicos del Gobierno. Manejó mal los fondos de los hidrocarburos y en el manejo de la seguridad alimentaria. Entró en coalición con los movimientos que suelen emplazar al Gobierno pero la oposición no logra transformar eso en una acción propia”, asegura el politólogo Carlos Toranzo.

En Argentina, la presidenta Cristina Fernández atraviesa tal vez su mejor momento político. La muerte de su esposo, el ex presidente Néstor Kirchner, pareció reconciliarla con un vasto sector de la clase media. Las encuestas la muestran con grandes chances de ganar en la primera vuelta y controlando todo el escenario político. Esta coyuntura fue haciendo que en las últimas semanas uno a uno, los candidatos a la presidencia de los distintos sectores fueran capitulando.

El primero fue el gobernador de Chubut, Mario Das Neves, después el centroizquierdista Fernando Pino Solanas, quien ante el peligro de una baja presencia se transformó en candidato a jefe de Gobierno porteño y el jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, el que aparecía como el mejor ubicado en las encuestas, decidió competir por su reelección.

Mientras el analista Julián Hermida, habla de “una notoria irresponsabilidad de los principales referentes de la oposición que no quieren trabajar en la concreción de una alternativa seria al kirchnerismo”. En un reciente artículo en el periódico La Nación, Luis Gregorich, sostuvo que las anteriores experiencias frentistas en la historia, como la Unión Democrática contra Juan Perón en 1945 y la Alianza que con Fernando de la Rúa, terminaron en el cadalso social en 2001, lo que ayuda a que la oposición no se unifique.

Para el filósofo Santiago Kovladoff, en Argentina no existe la oposición porque está fragmentada, “pero tampoco existe oficialismo porque este se reduce a una estructura vertical sin matices”. O sea un grave problema en términos democráticos, como lo deja trascender el politólogo Sergio Berensztein cuando recuerda que el sistema democrático acarrea problemas desde “antes de 2001”, y recuerda lo que podría ser el futuro cuando dice que “todo proyecto hegemónico y personalista, en el pasado, ha fracasado, porque la sociedad termina cansándose del abuso de poder”. Un escenario, que por lo visto esta semana ya comenzó a ocurrir en Ecuador.

TELÓN DE FONDO
El plebiscito, un arma de dos filos


Desde 1999, con la irrupción en el poder de Hugo Chávez, los venezolanos acudieron 15 veces a las urnas, entre presidenciales, constituyentes, legislativas, comunales, plebiscitos y referendos revocatorios. Desde 2006 que Evo Morales llegó al poder, los bolivianos votaron en seis ocasiones, casi en similares términos, la misma cantidad de veces que sufragaron los ecuatorianos desde 2007, cuando Rafael Correa asumió la presidencia.

Ese mecanismo no se usó en Argentina, donde se inclinaron por el hiperpresidencialismo.

La cultura del poder que imprimió el peronismo en lo que al jefe Supremo (presidente) respecta y el control de los recursos del Estado, llevan a que la acumulación de poder pase por allí, “generando la imposibilidad de que se generen estructuras igualitarias de cara a las elecciones”, según el experto Sergio Berensztein.

En países como Brasil y Colombia, la imposibilidad de llegar al poder después de tres elecciones consecutivas, sucumben a los partidos de oposición en sendas crisis internas, como ocurre en estos días en el Polo Democrático Alternativo (PDA), desde la renuncia del senador Gustavo Petro, una de sus máximas figuras o la suspensión del alcalde de Bogotá, Samuel Moreno, y la diáspora dirigencial en el Partido Socialdemócrata Brasileño (PSDB) del ex presidente Fernando Henrique Cardoso.

Pero en el caso de Chávez, Morales y Correa, esa “soledad” en el escenario político los lleva, con matices, a convertirse a menudo en los peores enemigos de ellos mismos. Suelen pelearse con su propio espejo ante la carencia de contrapesos sólidos, oposiciones estructuradas, como marcan los cánones de la Democracia.

Pero lo que se observa en el lento escrutinio es que ninguno logró su cometido y sólo la sociedad logró enviarle un mensaje de cierto hartazgo, al jefe de Estado.

Temas

Sigue navegando