Internacional
Sube presión contra Rusia en torno a Crimea
La misión ucraniana ante las Naciones Unidas asegura que hay 16 mil efectivos militares rusos
NUEVA YORK, ESTADOS UNIDOS (04/MAR/2014).- La misión de Ucrania en la ONU denunció ayer que 16 mil soldados rusos fueron desplegados en la región estratégica de Crimea, la única república autónoma perteneciente a Ucrania, situada en el Mar Negro, en uno de los avisos que hicieron escalar la tensión por el conflicto en torno a esa región.
En medio de la tensión, Estados Unidos anunció que suspendió las negociaciones que tenía en marcha con Rusia para estrechar sus lazos comerciales y de inversión debido a la intervención militar de ese país en la península ucraniana, informó una fuente oficial al diario The Wall Street Journal.
Esa decisión se enmarca en el paquete de medidas de presión que Estados Unidos prepara para intentar que Rusia dé marcha atrás en su intervención militar en Crimea.
La noticia de la suspensión de las conversaciones sobre futuros acuerdos de comercio entre EU y Rusia llega mientras en la Casa Blanca el presidente estadounidense, Barack Obama, se reúne con sus asesores de seguridad para evaluar la estrategia a seguir ante la negativa rusa a poner fin a su despliegue militar en Crimea.
El secretario de Estado, John Kerry, viajará hoy a Kiev, capital ucraniana, para presentar un paquete de ayuda a la economía de este país.
LA VOZ DEL EXPERTO
El riesgo de una nueva Guerra Fría
Laura Ibarra (Directora del Centro de Estudios Europeos de la Universidad de Guadalajara)
Vladimir Putin justifica el despliegue de tropas en Crimea al sostener que la autorización del parlamento ruso garantiza el derecho de Rusia de proteger sus intereses y los de la población rusoparlante en caso de que la violencia se extienda por el Este ucraniano y la Península de Crimea. Pero para la directora del Centro de Estudios Europeos de la Universidad de Guadalajara, Laura Ibarra, es entendible, mas no justificable, la posición de Putin, “quien busca fortalecer su liderazgo al interior, demostrar su fuerza y consolidar la influencia de Rusia en la esfera internacional. Sin embargo, ninguna acción violenta, intervención ni violación al derecho internacional pueden justificarse”.
Para la especialista en política de la Unión Europea, se trata de la crisis más grave del siglo XXI, al existir el riesgo de una nueva Guerra Fría. “Putin está haciendo todo para devolverle a Moscú su liderazgo y fortaleza. En su afán por conseguirlo, Rusia está reafirmándose como un bloque totalmente independiente entre la Unión Europea, con intereses, objetivos y poder militar independientes. Putin mantendrá hasta las últimas su decisión; difícilmente veremos un cambio”.
En este sentido, la internacionalista adelanta que las relaciones diplomáticas de Rusia con la Unión Europea y Estados Unidos terminarán por enfriarse aún más. “Una posible salida al conflicto dependerá mucho de la actividad diplomática que desplieguen los europeos. Se podría además ver afectada la economía de la UE, ya que por Ucrania pasan los ductos que llevan el gas ruso a Europa”.
El presidente Obama, por su parte, ha dicho que contemplan la adopción de medidas económicas y diplomáticas contra Rusia, pero Ibarra considera que tales acciones podrán sostenerse sólo por un tiempo. “No vamos a ver sanciones de carácter militar. Estados Unidos está optando por una diplomacia más activa, privilegiando el diálogo, la negociación y el derecho internacional”.
Las discrepancias en Siria e Irán y la reciente concesión de asilo temporal al ex analista Edward Snowden han añadido tensión a la relación entre Rusia y Estados Unidos, por lo que el despliegue de tropas en Crimea viene a abonar al clima de desconfianza. No obstante, la académica de la UdeG asegura que las acciones de Estados Unidos no irán más allá del discurso: “Habrá que recordar que durante la guerra de Georgia, a pesar de que la Administración Bush respaldó al gobierno de Tiflis, nunca decretó sanciones económicas al Estado ruso”.
CLAVES
Geopolítica Los rusos consideran a Crimea como una región vinculada históricamente a la Gran Rusia. Desde 1991, año de la desintegración de la URSS, los rusos han considerado los Balcanes, las tierras eslavas y países como Ucrania o Bielorrusia como una zona de influencia geopolítica de Moscú. Los conflictos con Georgia en 2008, con Ucrania en 2009 y 2014, así como con Bielorrusia en 2012, son ejemplos de la voluntad del Kremlin para no ceder terreno a la Unión Europea.
Política Los niveles más altos de popularidad para los gobernantes de Rusia Unida (partido de Putin) han sido en escenarios de auge bélico o escalada de tensión con Occidente. La plataforma política de Putin mezcla la exaltación nacional con la eficacia en la defensa de los intereses rusos en el mundo.
Alianzas Una estrategia del Kremlin para mantener las lealtades de las naciones que formaron parte de la URSS es buscar gobiernos prorrusos. Con la caída de Yanukovich, se fermenta una alianza de partidos pro-UE.
Economía Ucrania y Rusia están atadas por algo más que su convivencia al interior de la URSS. La mitad del suministro de gas a Europa pasa por Ucrania (25% del consumo de la UE). Y la Península de Crimea es clave en la provisión de estos energéticos. Ucrania es un país muy endeudado y Rusia ya estaba planeando un rescate de unos 15 mil millones de euros, lo que ahora está congelado en la Duma. Y buena parte del comercio ucraniano, prácticamente la mitad, viene de flujos bilaterales con Rusia, por lo que las medidas económicas que quiere tomar Moscú contra Kiev podrían tener un impacto económico drástico.
CRONOLOGÍA
Domingo 2 de marzo
Ucrania moviliza reclutas. Los Estados del G-7 congelan los preparativos de la cumbre en junio del G-8 en Sochi. Putin acepta la propuesta de Ángela Merkel de instalar un “grupo de diálogo”.
Sábado 1 de marzo
El Parlamento ruso aprueba la solicitud de Putin para enviar tropas a Ucrania. Kiev acusa a Moscú de enviar seis mil soldados y 30 tanques a la península. Se prevé un referendo sobre el estatus de Crimea para el 30 de marzo.
Viernes 28 de febrero
Hombres armados toman el control de dos aeropuertos en Crimea. Según información del Gobierno en Kiev aterrizan dos mil soldados rusos. El presidente Barack Obama advierte a Moscú de serias consecuencias si lastima la soberanía de Ucrania.
Jueves 27 de febrero
Milicias ocupan la sede del Gobierno y del Congreso de Crimea en la capital, Simferopol. El Parlamento en Kiev confirma a Arsnij Jazenjuk como jefe de gobierno.
Martes 25 de febrero
El ex presidente Yanukovich es buscado por “homicidio en masa”. Al día siguiente Kiev solicita una orden internacional de aprehensión.
Miércoles 26 de febrero
Vladimir Putin ordena una enorme maniobra militar en la frontera con Ucrania. En Crimea empiezan los conflictos entre los partidarios y opositores al nuevo gobierno.
Sábado 22 de febrero
El Congreso revoca a Yanukovich de su cargo, convoca a elecciones el 25 de mayo y elige a Alexander Turchinov como presidente.
Viernes 21 de febrero
El líder de la oposición y el presidente Victor Yanukovich firman un acuerdo que prevé elecciones presidenciales. El Congreso acuerda el retorno de la Constitución de 2004 y disminuye los poderes del jefe de Estado.
Jueves 20 de febrero
Fuerzas policiacas disparan contra manifestantes en Kiev: es el peor día de los dos meses de conflicto entre el Gobierno y los manifestantes instalados en la plaza de Maidán y se salda con cerca de 80 muertos.
EL ANÁLISIS
Crimea, un enclave atado al pasado
Por Enrique Toussaint
Habitada por rusoparlantes (62% de su población), convencidos de su vínculo histórico con Rusia y en busca de autodeterminación estatal, Crimea constituye el enésimo conflicto en esa zona entre la Unión Europea y Rusia, y un resabio de los tiempos de la Guerra Fría, no cerrado tras más de dos décadas de conclusión de la polarización militar y política entre Oriente y Occidente. Moscú considera como su zona de influencia histórica todas las naciones que fueron alguna vez parte de la Unión de Repúblicas Soviéticas y Socialistas (URSS), mientras que la Unión Europea y Estados Unidos piden a Rusia que deje de intervenir en los asuntos internos de estos países. Y en el caso de Crimea, la vinculación identitaria y cultural ha llevado a Rusia a la escalada militar más importante desde 2008, cuando envió tropas a Georgia en defensa de los prorrusos de Osetia del Sur.
Esta república autónoma de Crimea, la única región ucraniana que goza de estatus autonómico, parlamento y distintas instituciones locales, tiene una población de poco más de dos millones de habitantes y un territorio de una cuarta parte de Jalisco. Sin embargo, su posición estratégica surge del acceso a los mares: por un lado al Mar Negro y, por el otro lado, al Mar de Azov. El vínculo cultural e histórico de Crimea con Rusia proviene desde finales del siglo XVIII y se afianza con la Guerra de Tres Años en 1853, aunque, por decisiones políticas y de equilibrios de poder, Nikita Kruschev (sustituto de Stalin) entregó Crimea a Ucrania a mediados del siglo pasado.
Y aunque Ucrania había logrado contener la tendencia a la separación de Crimea con el estatus de autonomía, lo cierto es que la tensión entre el nacionalismo ruso y ucraniano estaba lejos de desaparecer. La polarización desde los años de la Revolución Naranja ha llevado a la ruptura de los vínculos entre Kiev y el parlamento autónomo de Crimea, que exige un referéndum de autodeterminación para mayo de este año, similar al exigido por catalanes y escoceses. Sin embargo, en Crimea se juega mucho más que el establecimiento de una nueva república y de un Estado con todas las de la ley: al igual que lo fue Osetia del Sur en la invasión rusa a Georgia en 2008, Crimea, se sitúa en el punto exacto de rompimiento entre el proyecto europeo que ve a Ucrania como un futuro miembro y el Kremlin ruso, que no está dispuesto a ceder parte de su zona de influencia.
Puntos intermedios para negociar
Las posiciones están en movimiento y es difícil encontrar puntos intermedios. La intervención de Barack Obama y de Angela Merkel podría detener la movilización militar rusa en las proximidades de Crimea, como quedó claro en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas con la intervención de Samatha Power, representante americana ante este Consejo. La Unión Europea, por su parte, también interviene diplomáticamente para encabezar el diálogo entre las partes. Sin embargo, la complejidad del acuerdo hace que se busquen puntos intermedios. Angela Merkel, canciller de Alemania y uno de los países que menos depende en Europa de las provisiones energéticas rusas, ha ofrecido impulsar una Ucrania federal que reconozca y proteja a la población rusófona de Crimea. Estados Unidos, por su parte, no ha hecho ningún ofrecimiento y dejó en claro en el Consejo de Seguridad que las “acciones de Rusia dicen más que sus palabras” y que “no existe ninguna amenaza a la población de Crimea; por lo tanto, la movilización de tropas es injustificable”.
El paralelismo con Georgia es innegable: un país gobernado por una fuerza política pro-europeísta que dio pasos hacia la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y hacia la Unión Europea (UE). En 2008, se firmó el llamado “acuerdo de los seis puntos”, de los cuales sólo los coyunturales se cumplieron. Este incumplimiento deja de manifiesto que difícilmente Rusia aceptará un acuerdo en el que se trace la ruta de Ucrania hacia las instituciones europeas y se niegue la “excepcionalidad” y la ascendencia rusa en Crimea. Rusia busca una Crimea independiente para ejercer un protectorado y tenerlo atado a su órbita en estos años de reacomodos geopolíticos en la zona. El Kremlin alega que Crimea quiere ser rusa y que está siendo llevada “a la fuerza” a las instituciones europeas.
De la misma forma, Ucrania se ha negado tajantemente a soltar un ápice de los 20 mil kilómetros cuadrados que componen Crimea. Ucrania se ampara en la premisa de la “integralidad territorial” de Ucrania para evitar que, dentro de los acuerdos, Crimea gane un estatus de mayor autonomía. Por su parte, si la UE cede ante las exigencias rusas y del parlamento de Crimea, como lo ha reconocido la jefa de la diplomacia comunitaria Catherine Ashton, constituiría un antecedente aplicable a prácticamente todos los conflictos territoriales que siguen vivos en las fronteras entre Rusia y las ex repúblicas soviéticas.
La ONU será un mero espectador. Rusia puede bloquear cualquier acuerdo de sanciones en el seno del Consejo de Seguridad, por lo que la única forma de llevar este problema de forma multilateral es a través de la OTAN, aunque eso suponga una escalada en las tensiones entre Rusia y Occidente. Todo parece indicar que será una negociación donde cada parte tendrá que ceder algo; sin embargo, Vladimir Putin sabe que estos escenarios de polarización fortalecen su liderazgo político interno y de su plataforma política, Rusia Unida, un partido nacionalista con fuertes aspiraciones de devolverle a Rusia su papel protagónico en los asuntos mundiales.
En medio de la tensión, Estados Unidos anunció que suspendió las negociaciones que tenía en marcha con Rusia para estrechar sus lazos comerciales y de inversión debido a la intervención militar de ese país en la península ucraniana, informó una fuente oficial al diario The Wall Street Journal.
Esa decisión se enmarca en el paquete de medidas de presión que Estados Unidos prepara para intentar que Rusia dé marcha atrás en su intervención militar en Crimea.
La noticia de la suspensión de las conversaciones sobre futuros acuerdos de comercio entre EU y Rusia llega mientras en la Casa Blanca el presidente estadounidense, Barack Obama, se reúne con sus asesores de seguridad para evaluar la estrategia a seguir ante la negativa rusa a poner fin a su despliegue militar en Crimea.
El secretario de Estado, John Kerry, viajará hoy a Kiev, capital ucraniana, para presentar un paquete de ayuda a la economía de este país.
LA VOZ DEL EXPERTO
El riesgo de una nueva Guerra Fría
Laura Ibarra (Directora del Centro de Estudios Europeos de la Universidad de Guadalajara)
Vladimir Putin justifica el despliegue de tropas en Crimea al sostener que la autorización del parlamento ruso garantiza el derecho de Rusia de proteger sus intereses y los de la población rusoparlante en caso de que la violencia se extienda por el Este ucraniano y la Península de Crimea. Pero para la directora del Centro de Estudios Europeos de la Universidad de Guadalajara, Laura Ibarra, es entendible, mas no justificable, la posición de Putin, “quien busca fortalecer su liderazgo al interior, demostrar su fuerza y consolidar la influencia de Rusia en la esfera internacional. Sin embargo, ninguna acción violenta, intervención ni violación al derecho internacional pueden justificarse”.
Para la especialista en política de la Unión Europea, se trata de la crisis más grave del siglo XXI, al existir el riesgo de una nueva Guerra Fría. “Putin está haciendo todo para devolverle a Moscú su liderazgo y fortaleza. En su afán por conseguirlo, Rusia está reafirmándose como un bloque totalmente independiente entre la Unión Europea, con intereses, objetivos y poder militar independientes. Putin mantendrá hasta las últimas su decisión; difícilmente veremos un cambio”.
En este sentido, la internacionalista adelanta que las relaciones diplomáticas de Rusia con la Unión Europea y Estados Unidos terminarán por enfriarse aún más. “Una posible salida al conflicto dependerá mucho de la actividad diplomática que desplieguen los europeos. Se podría además ver afectada la economía de la UE, ya que por Ucrania pasan los ductos que llevan el gas ruso a Europa”.
El presidente Obama, por su parte, ha dicho que contemplan la adopción de medidas económicas y diplomáticas contra Rusia, pero Ibarra considera que tales acciones podrán sostenerse sólo por un tiempo. “No vamos a ver sanciones de carácter militar. Estados Unidos está optando por una diplomacia más activa, privilegiando el diálogo, la negociación y el derecho internacional”.
Las discrepancias en Siria e Irán y la reciente concesión de asilo temporal al ex analista Edward Snowden han añadido tensión a la relación entre Rusia y Estados Unidos, por lo que el despliegue de tropas en Crimea viene a abonar al clima de desconfianza. No obstante, la académica de la UdeG asegura que las acciones de Estados Unidos no irán más allá del discurso: “Habrá que recordar que durante la guerra de Georgia, a pesar de que la Administración Bush respaldó al gobierno de Tiflis, nunca decretó sanciones económicas al Estado ruso”.
CLAVES
Geopolítica Los rusos consideran a Crimea como una región vinculada históricamente a la Gran Rusia. Desde 1991, año de la desintegración de la URSS, los rusos han considerado los Balcanes, las tierras eslavas y países como Ucrania o Bielorrusia como una zona de influencia geopolítica de Moscú. Los conflictos con Georgia en 2008, con Ucrania en 2009 y 2014, así como con Bielorrusia en 2012, son ejemplos de la voluntad del Kremlin para no ceder terreno a la Unión Europea.
Política Los niveles más altos de popularidad para los gobernantes de Rusia Unida (partido de Putin) han sido en escenarios de auge bélico o escalada de tensión con Occidente. La plataforma política de Putin mezcla la exaltación nacional con la eficacia en la defensa de los intereses rusos en el mundo.
Alianzas Una estrategia del Kremlin para mantener las lealtades de las naciones que formaron parte de la URSS es buscar gobiernos prorrusos. Con la caída de Yanukovich, se fermenta una alianza de partidos pro-UE.
Economía Ucrania y Rusia están atadas por algo más que su convivencia al interior de la URSS. La mitad del suministro de gas a Europa pasa por Ucrania (25% del consumo de la UE). Y la Península de Crimea es clave en la provisión de estos energéticos. Ucrania es un país muy endeudado y Rusia ya estaba planeando un rescate de unos 15 mil millones de euros, lo que ahora está congelado en la Duma. Y buena parte del comercio ucraniano, prácticamente la mitad, viene de flujos bilaterales con Rusia, por lo que las medidas económicas que quiere tomar Moscú contra Kiev podrían tener un impacto económico drástico.
CRONOLOGÍA
Domingo 2 de marzo
Ucrania moviliza reclutas. Los Estados del G-7 congelan los preparativos de la cumbre en junio del G-8 en Sochi. Putin acepta la propuesta de Ángela Merkel de instalar un “grupo de diálogo”.
Sábado 1 de marzo
El Parlamento ruso aprueba la solicitud de Putin para enviar tropas a Ucrania. Kiev acusa a Moscú de enviar seis mil soldados y 30 tanques a la península. Se prevé un referendo sobre el estatus de Crimea para el 30 de marzo.
Viernes 28 de febrero
Hombres armados toman el control de dos aeropuertos en Crimea. Según información del Gobierno en Kiev aterrizan dos mil soldados rusos. El presidente Barack Obama advierte a Moscú de serias consecuencias si lastima la soberanía de Ucrania.
Jueves 27 de febrero
Milicias ocupan la sede del Gobierno y del Congreso de Crimea en la capital, Simferopol. El Parlamento en Kiev confirma a Arsnij Jazenjuk como jefe de gobierno.
Martes 25 de febrero
El ex presidente Yanukovich es buscado por “homicidio en masa”. Al día siguiente Kiev solicita una orden internacional de aprehensión.
Miércoles 26 de febrero
Vladimir Putin ordena una enorme maniobra militar en la frontera con Ucrania. En Crimea empiezan los conflictos entre los partidarios y opositores al nuevo gobierno.
Sábado 22 de febrero
El Congreso revoca a Yanukovich de su cargo, convoca a elecciones el 25 de mayo y elige a Alexander Turchinov como presidente.
Viernes 21 de febrero
El líder de la oposición y el presidente Victor Yanukovich firman un acuerdo que prevé elecciones presidenciales. El Congreso acuerda el retorno de la Constitución de 2004 y disminuye los poderes del jefe de Estado.
Jueves 20 de febrero
Fuerzas policiacas disparan contra manifestantes en Kiev: es el peor día de los dos meses de conflicto entre el Gobierno y los manifestantes instalados en la plaza de Maidán y se salda con cerca de 80 muertos.
EL ANÁLISIS
Crimea, un enclave atado al pasado
Por Enrique Toussaint
Habitada por rusoparlantes (62% de su población), convencidos de su vínculo histórico con Rusia y en busca de autodeterminación estatal, Crimea constituye el enésimo conflicto en esa zona entre la Unión Europea y Rusia, y un resabio de los tiempos de la Guerra Fría, no cerrado tras más de dos décadas de conclusión de la polarización militar y política entre Oriente y Occidente. Moscú considera como su zona de influencia histórica todas las naciones que fueron alguna vez parte de la Unión de Repúblicas Soviéticas y Socialistas (URSS), mientras que la Unión Europea y Estados Unidos piden a Rusia que deje de intervenir en los asuntos internos de estos países. Y en el caso de Crimea, la vinculación identitaria y cultural ha llevado a Rusia a la escalada militar más importante desde 2008, cuando envió tropas a Georgia en defensa de los prorrusos de Osetia del Sur.
Esta república autónoma de Crimea, la única región ucraniana que goza de estatus autonómico, parlamento y distintas instituciones locales, tiene una población de poco más de dos millones de habitantes y un territorio de una cuarta parte de Jalisco. Sin embargo, su posición estratégica surge del acceso a los mares: por un lado al Mar Negro y, por el otro lado, al Mar de Azov. El vínculo cultural e histórico de Crimea con Rusia proviene desde finales del siglo XVIII y se afianza con la Guerra de Tres Años en 1853, aunque, por decisiones políticas y de equilibrios de poder, Nikita Kruschev (sustituto de Stalin) entregó Crimea a Ucrania a mediados del siglo pasado.
Y aunque Ucrania había logrado contener la tendencia a la separación de Crimea con el estatus de autonomía, lo cierto es que la tensión entre el nacionalismo ruso y ucraniano estaba lejos de desaparecer. La polarización desde los años de la Revolución Naranja ha llevado a la ruptura de los vínculos entre Kiev y el parlamento autónomo de Crimea, que exige un referéndum de autodeterminación para mayo de este año, similar al exigido por catalanes y escoceses. Sin embargo, en Crimea se juega mucho más que el establecimiento de una nueva república y de un Estado con todas las de la ley: al igual que lo fue Osetia del Sur en la invasión rusa a Georgia en 2008, Crimea, se sitúa en el punto exacto de rompimiento entre el proyecto europeo que ve a Ucrania como un futuro miembro y el Kremlin ruso, que no está dispuesto a ceder parte de su zona de influencia.
Puntos intermedios para negociar
Las posiciones están en movimiento y es difícil encontrar puntos intermedios. La intervención de Barack Obama y de Angela Merkel podría detener la movilización militar rusa en las proximidades de Crimea, como quedó claro en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas con la intervención de Samatha Power, representante americana ante este Consejo. La Unión Europea, por su parte, también interviene diplomáticamente para encabezar el diálogo entre las partes. Sin embargo, la complejidad del acuerdo hace que se busquen puntos intermedios. Angela Merkel, canciller de Alemania y uno de los países que menos depende en Europa de las provisiones energéticas rusas, ha ofrecido impulsar una Ucrania federal que reconozca y proteja a la población rusófona de Crimea. Estados Unidos, por su parte, no ha hecho ningún ofrecimiento y dejó en claro en el Consejo de Seguridad que las “acciones de Rusia dicen más que sus palabras” y que “no existe ninguna amenaza a la población de Crimea; por lo tanto, la movilización de tropas es injustificable”.
El paralelismo con Georgia es innegable: un país gobernado por una fuerza política pro-europeísta que dio pasos hacia la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y hacia la Unión Europea (UE). En 2008, se firmó el llamado “acuerdo de los seis puntos”, de los cuales sólo los coyunturales se cumplieron. Este incumplimiento deja de manifiesto que difícilmente Rusia aceptará un acuerdo en el que se trace la ruta de Ucrania hacia las instituciones europeas y se niegue la “excepcionalidad” y la ascendencia rusa en Crimea. Rusia busca una Crimea independiente para ejercer un protectorado y tenerlo atado a su órbita en estos años de reacomodos geopolíticos en la zona. El Kremlin alega que Crimea quiere ser rusa y que está siendo llevada “a la fuerza” a las instituciones europeas.
De la misma forma, Ucrania se ha negado tajantemente a soltar un ápice de los 20 mil kilómetros cuadrados que componen Crimea. Ucrania se ampara en la premisa de la “integralidad territorial” de Ucrania para evitar que, dentro de los acuerdos, Crimea gane un estatus de mayor autonomía. Por su parte, si la UE cede ante las exigencias rusas y del parlamento de Crimea, como lo ha reconocido la jefa de la diplomacia comunitaria Catherine Ashton, constituiría un antecedente aplicable a prácticamente todos los conflictos territoriales que siguen vivos en las fronteras entre Rusia y las ex repúblicas soviéticas.
La ONU será un mero espectador. Rusia puede bloquear cualquier acuerdo de sanciones en el seno del Consejo de Seguridad, por lo que la única forma de llevar este problema de forma multilateral es a través de la OTAN, aunque eso suponga una escalada en las tensiones entre Rusia y Occidente. Todo parece indicar que será una negociación donde cada parte tendrá que ceder algo; sin embargo, Vladimir Putin sabe que estos escenarios de polarización fortalecen su liderazgo político interno y de su plataforma política, Rusia Unida, un partido nacionalista con fuertes aspiraciones de devolverle a Rusia su papel protagónico en los asuntos mundiales.