Internacional

Reino Unido y EU colaboraban con Gadhafi, según diarios

The New York Times y The Independent aseguran que las agencias de seguridad de ambos países tenían tratos con el coronel

WASHINGTON, ESTADOS UNIDOS (04/SEP/2011).- De acuerdo con documentos hallados en la oficina privada del ex mano derecha de Muamar Gadhafi, Musa Kusa, Estados Unidos envió a Libia a detenidos por sospechas de terrorismo para que fueran interrogados en ese país, publicó The New York Times.

Esos documentos “sugieren” que el Gobierno estadounidense envió a sospechosos de terrorismo “al menos en ocho ocasiones” a Libia para que fueran interrogados allí, dio a conocer el diario neoyorquino.

En algunos de esos archivos se habla del arresto de un sospechoso en un “país amigo” y se sugiere que un avión podría ser enviado para recogerlo y trasladarlo a Libia.

Uno de los documentos incluye una lista de 89 preguntas para que los libios se las hagan al sospechoso. En 2003 Libia renunció a su programa de armas de destrucción masiva para reintegrarse en la comunidad internacional y al año siguiente accedió a la convención para la prohibición de este tipo de artefactos.

Desde entonces, la Agencia Central de Inteligencia estadounidense (CIA) y las de otros países occidentales comenzaron a cooperar con el régimen de Gadhafi y, según esos documentos, esa colaboración fue mucho más estrecha de lo que se creía.

Los documentos abarcan de 2002 a 2007, pero la mayoría son de finales de 2003 y 2004, cuando Kusa era el jefe de la Organización de Seguridad Externa (el servicio de espionaje libio).

También el periódico británico The Independent dice haber tenido acceso a esos archivos, que revelan que las autoridades del Reino Unido facilitaron al régimen libio información sobre opositores, según publica en su edición de ayer.

Además, funcionarios británicos ayudaron a redactar el borrador de un discurso para Gadhafi cuando decidió hace unos años abandonar el apoyo a grupos terroristas y colaborar con Occidente.

Otros documentos revelan que Estados Unidos y el Reino Unido actuaron en nombre de Libia en las negociaciones de este país con el Organismo Internacional de Energía Atómica.

Opositores dan ultimátum a las fuerzas gadhafistas

El Consejo Nacional de Transición (CNT) de Libia aseguró que sus fuerzas suministran ayuda humanitaria a las ciudades de Sirte, Bani Walid, Jufra y Sabha, pero aseveró que continuarán bajo asedio hasta que se rindan.  

La advertencia fue lanzada por el presidente del Consejo Nacional, Mustafa Abdel Jalil, en una rueda de prensa en Bengasi, donde ya prepara la transferencia de su base de operaciones a Trípoli, la capital libia, mientras comienza el regreso a la normalidad.  

ANÁLISIS
Victoria con sordina     
Lluís Bassets (Periodista de El País)


Tras los descalabros vendidos como victorias, llegan las victorias silenciosas. La actuación de la OTAN en Libia confirma un nuevo estilo de guerra o de intervención militar adoptado por Estados Unidos bajo la presidencia de Barack Obama, un tipo de contienda en la que el protagonista, la mayor superpotencia militar, se mantiene discretamente en segundo plano, atendiendo más a los resultados y a la gestión política que a la publicidad de las victorias.

Así sucede con la guerra de los drones, esos aviones no tripulados, cada vez más imprescindibles para el espionaje y para los bombardeos y disparos de precisión, que está diezmando a Al Qaeda a mayor velocidad con que la organización terrorista intenta reproducirse. Es también el tipo de intervención diseñada para Iraq y Afganistán, una vez retiradas las tropas directamente de combate, y utilizada en Yemen, con tareas de apoyo y entrenamiento de las tropas nacionales de cada país en su lucha contra la insurgencia de Al Qaeda.

Los resultados de estas intervenciones con sordina están ahí, en forma de dos éxitos iniciales en Libia: el primero, con la imposición de la zona de prohibición de vuelos que frenó la matanza que Gadhafi preparaba en Bengasi; el segundo, con la caída del tirano, sin poner ni un solo soldado a combatir en tierra. Falta el tercero, quizás el más difícil y cuyo protagonismo corresponde entero a los libios, consistente en organizar y constituir la libertad después de haber conseguido la liberación.

La victoria libia manda un mensaje inequívoco al resto de estados árabes. Para Túnez y Egipto, países en difícil transición, es un alivio contar con un vecino al fin en paz que emprenda un camino paralelo después de desembarazarse de su propio tirano. Para Siria, significa situarse ahora en el foco de toda la atención: el siguiente en la lista. Para el resto, la seguridad de que el impulso revolucionario, debidamente acompañado por el apoyo internacional, sigue vivo e intenso: deberán tomar nota quienes albergan dudas sobre la necesidad perentoria de reformas y cambios.

El método de Obama en Libia es exactamente el contrario de Bush en Iraq. La intervención aérea se ha producido a petición de los libios, cosa que no fue el caso en Iraq. Los bombardeos y ataques, salvo contadas excepciones, han podido evitar las víctimas civiles.

El derrocamiento del dictador ha sido obra de los propios libios. Nadie les va a decir cómo deben organizarse y construir su futuro. Por eso no le han faltado las críticas de quienes deseaban una legitimación retrospectiva de aquella guerra ilegal, unilateral e injusta que dividió a la comunidad internacional y a Europa, al menos mediante el fracaso de esta guerra legal, multilateral y justa según los parámetros del derecho internacional y que ha contado con la cobertura de Naciones Unidas. Una vez derrocado Gadhafi, estos críticos hacen ahora de aves de mal agüero con maldiciones sobre el futuro de Libia para que sea de caos y guerra civil.

Hay muchas razones para invertir aquel esquema nefasto de la misión cumplida, cuando apenas dos meses después de la invasión de Iraq Bush exhibió imprudentemente sobre un portaviones una victoria que los hechos desmintieron cruelmente hasta el último día de su presidencia. Las victorias bélicas, reales o imaginarias, difícilmente hacen ganar elecciones, aunque su conducción insensata sí puede llevar a perderlas. Las elecciones se juegan hoy en la cancha de la economía y del empleo. No corresponde buscar rendimientos electorales a problemas de profundidad estratégica como es el cambio que se está produciendo en el mundo árabe.

Sin EU y su apabullante, aunque silenciosa participación, la OTAN no se podría apuntar ahora esta victoria. Los aliados atlánticos no tienen por sí solos las capacidades, ni siquiera la munición, para soportar una campaña como la de Libia. Esta guerra, siendo un éxito para quienes apoyaron la intervención, exhibe las debilidades de Europa —y concretamente de una OTAN dividida y una Unión Europea (UE) inexistente—, que necesitaría más voluntad política, conciencia ciudadana y sobre todo presupuesto de defensa para poder actuar en crisis como la libia meramente como la potencia de ámbito regional que debería ser.

Obama ha prestado las alas de esa victoria a Nicolas Sarkozy y David Cameron, que han llevado el peso de la imagen y le van a sacar buen provecho político; sobre todo el francés, que tiene elecciones en 2012 y puede aparecer como vencedor en Libia después de ser perdedor en el Túnez de Ben Alí. En el pasivo político de esta guerra sobresale Alemania, país instalado en la disonancia europea en todos los campos: el euro, Libia y próximamente el reconocimiento de Palestina en Naciones Unidas.

Obama dirige desde atrás, pero Angela Merkel frena desde delante. El primero, sin doctrina, está tejiendo una nueva doctrina. La segunda no quiere saber nada de lo que pasa en el mundo si no afecta estrictamente a la caja registradora de votos y de dinero.

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