Internacional
Obama lucha contra las promesas incumplidas
Vuelve a recorrer calles y tocar puertas para seguir en la presidencia de Estados Unidos
WASHINGTON, ESTADOS UNIDOS (05/OCT/2011).- Como un viejo abonero, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ha vuelto en estos días a recorrer las calles y tocar a las puertas de su diversa clientela electoral, con la esperanza de cobrar el abono esperado que le permita permanecer cuatro años más en la Casa Blanca.
Sin embargo, a diferencia de hace cuatro años —cuando se convirtió en la fuerza detrás del movimiento del cambio y la esperanza—, la decepción y la frustración por las promesas incumplidas han hecho de su trayecto un sendero sembrado de reclamos, protestas y exigencias para poner en entredicho sus posibilidades a la reelección.
De hecho, ayer el propio mandatario, en entrevista con ABC y Yahoo, reconoció que la economía no está mejor que hace cuatro años, al tiempo que se consideró el candidato “más débil” con miras a los comicios de 2012.
“El récord de promesas incumplidas del presidente Obama es desalentador”, consideró Angélica Salas, de la Coalición por los Derechos Humanos de Los Ángeles (CHIRLA).
“Ahora que busca la reelección no puede rehuir de su deber de buscar un mayor equilibrio y justicia, mientras nuestra nación sigue dividida por la cuestión migratoria”, añadió Salas, al recriminar al presidente por la deportación de más de un millón de personas durante su administración y por su falta de voluntad para tomar “medidas reales y significativas” que alivien la situación de quienes hoy siguen viviendo en el terror y la zozobra.
“Mientras hablamos, un estudiante que puede beneficiarse de la iniciativa Dream Act, ha sido obligado a usar un brazalete electrónico mientras espera su deportación. Cuando veo esto me pregunto en qué momento la promesa de cambio fue tan mal”.
La semana pasada, CHIRLA fue una de las organizaciones que lideró las manifestaciones para recibir a Obama en su visita por Los Ángeles. En sus pancartas figuraba la alusión inevitable al 1.4 millón de indocumentados que han sido deportados.
Como el Mago de Oz
Los organizadores presentaron en la manifestación a los personajes del Mago de Oz: Dorothy, el hombre de hojalata y el león cobarde. “Creemos que hoy las similitudes entre estos personajes y Obama son evidentes. Dorothy está perdida y sin dirección, el hombre de hojalata no tiene corazón y el león se ha acobardado”, dijo Jorge Mario Cabrera, portavoz de CHIRLA.
Las promesas incumplidas de Obama ante la comunidad latina, que le apoyó con casi 70% de su voto en noviembre de 2008, vaticinan un desplome de más de 10 puntos porcentuales, según las proyecciones demoscópicas de distintas organizaciones.
Tres años después de haber juramentado como el 44 presidente constitucional, la imagen de Obama como agente del cambio, se ha convertido en su peor enemigo. Su récord en los distintos ámbitos de su agenda deja mucho qué desear entre quienes hace cuatro años se sumaron al movimiento que prometía una nueva era en inmigración, los derechos humanos, la solución de conflictos y el medio ambiente.
Apenas la semana pasada, el fiscal general Eric Holder la pasó realmente mal al tratar de explicar a los aliados europeos que le escuchaban en la sede del Parlamento Europeo, en Bruselas, las razones por las cuáles la administración Obama había sido incapaz de cerrar el centro de detención de Guantánamo que prometió clausurar durante el primer año de su mandato.
“Seguiremos presionando por el cierre de esas instalaciones. Si no lo conseguimos antes, lo haremos después de las elecciones”, prometió Holder al asegurar que la administración Obama ha enfrentado enormes presiones de los republicanos para mantener abierta la cárcel de Guantánamo.
En otro frente de promesas incumplidas, Obama ha sido incapaz de poner fin a la era de exenciones fiscales de la era Bush. Aunque en este caso la culpa no ha sido sólo del presidente, sino de quienes desde el Partido Republicano, se han convertido en los mejores escuderos de los multimillonarios y los poderosos intereses corporativos.
La lucha contra esos poderosos intereses en el Congreso ha ido cuesta arriba. En diciembre pasado, el presidente capitulaba ante el liderazgo republicano para extender a dos años los recortes fiscales de la era Bush, que traerán una carga adicional de 700 mil millones de dólares al déficit público.
A cambio de este acuerdo, arrancó la ampliación a 13 meses de los beneficios para más de siete millones de ciudadanos sin empleo o a punto de perderlo, así como significativos recortes de impuestos para la clase media.
“Yo sé que a mucha gente no le gusta este acuerdo. A mí no me gusta. Particularmente porque esto supondrá la extensión de los recortes de impuestos a los ciudadanos y a los estados más ricos”.
Sin embargo, a diferencia de hace cuatro años —cuando se convirtió en la fuerza detrás del movimiento del cambio y la esperanza—, la decepción y la frustración por las promesas incumplidas han hecho de su trayecto un sendero sembrado de reclamos, protestas y exigencias para poner en entredicho sus posibilidades a la reelección.
De hecho, ayer el propio mandatario, en entrevista con ABC y Yahoo, reconoció que la economía no está mejor que hace cuatro años, al tiempo que se consideró el candidato “más débil” con miras a los comicios de 2012.
“El récord de promesas incumplidas del presidente Obama es desalentador”, consideró Angélica Salas, de la Coalición por los Derechos Humanos de Los Ángeles (CHIRLA).
“Ahora que busca la reelección no puede rehuir de su deber de buscar un mayor equilibrio y justicia, mientras nuestra nación sigue dividida por la cuestión migratoria”, añadió Salas, al recriminar al presidente por la deportación de más de un millón de personas durante su administración y por su falta de voluntad para tomar “medidas reales y significativas” que alivien la situación de quienes hoy siguen viviendo en el terror y la zozobra.
“Mientras hablamos, un estudiante que puede beneficiarse de la iniciativa Dream Act, ha sido obligado a usar un brazalete electrónico mientras espera su deportación. Cuando veo esto me pregunto en qué momento la promesa de cambio fue tan mal”.
La semana pasada, CHIRLA fue una de las organizaciones que lideró las manifestaciones para recibir a Obama en su visita por Los Ángeles. En sus pancartas figuraba la alusión inevitable al 1.4 millón de indocumentados que han sido deportados.
Como el Mago de Oz
Los organizadores presentaron en la manifestación a los personajes del Mago de Oz: Dorothy, el hombre de hojalata y el león cobarde. “Creemos que hoy las similitudes entre estos personajes y Obama son evidentes. Dorothy está perdida y sin dirección, el hombre de hojalata no tiene corazón y el león se ha acobardado”, dijo Jorge Mario Cabrera, portavoz de CHIRLA.
Las promesas incumplidas de Obama ante la comunidad latina, que le apoyó con casi 70% de su voto en noviembre de 2008, vaticinan un desplome de más de 10 puntos porcentuales, según las proyecciones demoscópicas de distintas organizaciones.
Tres años después de haber juramentado como el 44 presidente constitucional, la imagen de Obama como agente del cambio, se ha convertido en su peor enemigo. Su récord en los distintos ámbitos de su agenda deja mucho qué desear entre quienes hace cuatro años se sumaron al movimiento que prometía una nueva era en inmigración, los derechos humanos, la solución de conflictos y el medio ambiente.
Apenas la semana pasada, el fiscal general Eric Holder la pasó realmente mal al tratar de explicar a los aliados europeos que le escuchaban en la sede del Parlamento Europeo, en Bruselas, las razones por las cuáles la administración Obama había sido incapaz de cerrar el centro de detención de Guantánamo que prometió clausurar durante el primer año de su mandato.
“Seguiremos presionando por el cierre de esas instalaciones. Si no lo conseguimos antes, lo haremos después de las elecciones”, prometió Holder al asegurar que la administración Obama ha enfrentado enormes presiones de los republicanos para mantener abierta la cárcel de Guantánamo.
En otro frente de promesas incumplidas, Obama ha sido incapaz de poner fin a la era de exenciones fiscales de la era Bush. Aunque en este caso la culpa no ha sido sólo del presidente, sino de quienes desde el Partido Republicano, se han convertido en los mejores escuderos de los multimillonarios y los poderosos intereses corporativos.
La lucha contra esos poderosos intereses en el Congreso ha ido cuesta arriba. En diciembre pasado, el presidente capitulaba ante el liderazgo republicano para extender a dos años los recortes fiscales de la era Bush, que traerán una carga adicional de 700 mil millones de dólares al déficit público.
A cambio de este acuerdo, arrancó la ampliación a 13 meses de los beneficios para más de siete millones de ciudadanos sin empleo o a punto de perderlo, así como significativos recortes de impuestos para la clase media.
“Yo sé que a mucha gente no le gusta este acuerdo. A mí no me gusta. Particularmente porque esto supondrá la extensión de los recortes de impuestos a los ciudadanos y a los estados más ricos”.