Internacional

La deriva de Libia desata alarma en Occidente

El futuro del país se encuentra en incógnita, luego de la decisión de la OTAN de abandonar el mando

BRUSELAS, BÉLGICA (31/OCT/2011).- El salvaje modo en que acabó su vida Muamar Gadhafi, la proclamación de la sharía como fundamento constitucional de la nueva Libia, y la incertidumbre que pesa sobre la formación del Gobierno y cómo pueda evolucionar la situación en el país preocupan a la Unión Europea (UE) y a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que oficialmente pasan de puntillas sobre las atrocidades de las últimas jornadas y expresan su confianza en una Libia democrática y respetuosa con los derechos humanos. Las declaraciones públicas enmascaran otra realidad. “No sabemos lo que va a pasar en Libia”.

A Anders Fogh Rasmussen, secretario general de la OTAN, personalmente, y a Catherine Ashton, alta representante para la Política Exterior de la UE, a través de una portavoz, se les ha requerido opinión sobre el atroz fin de Gadhafi. Sin entrar en la forma, ambos aluden a la necesidad de “que las nuevas autoridades respeten los principios del derecho internacional, los derechos humanos y la transparencia” en palabras de Rasmussen que, en lo relativo a la transparencia, Maja Kocijancic, portavoz de Ashton, traduce como “que las autoridades libias investiguen lo ocurrido”.

Lo mismo se aplica a las denuncias de asesinatos en masa en Sirte, último feudo de Gadhafi.

Fin de una era

Ashton ha llamado a la mesura y a la reconciliación nacional y los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión, en la declaración que siguió a su reunión del domingo en Bruselas, señalaron que “la muerte de Gadhafi marca el fin de una era de despotismo y represión que el pueblo libio ha sufrido durante demasiado tiempo”.

Distanciamiento interesado y vergonzante de las circunstancias de la muerte de Gadhafi y del hecho de que una parte significativa de los signatarios del comunicado (o sus predecesores) visitaron o recibieron con todos los honores al dictador libio, incluida la propia Comisión Europea en 2004.

La confusión sobre el futuro de Libia se cierne sobre la OTAN, a la que por un lado el líder del Consejo Nacional de Transición (CNT), Mustafá Abdelyalil, ha pedido que siga hasta finales de año para hacer frente a eventuales intentos desestabilizadores de las fuerzas progadhafistas mientras uno de sus representantes ante Naciones Unidas reclamaba el fin de la intervención aérea.

La Alianza acordó dar por concluida la Operación Protector Unificado el próximo lunes. Los hoy triunfadores, y entonces rebeldes libios, recibieron su primer gran respaldo internacional en la conferencia organizada el pasado 29 de marzo en Londres. Allí hicieron pública su visión de una Libia democrática, como se titulaba el documento, cuyo contenido era suscribible a 100% por cualquiera de las decenas de países y organizaciones presentes en la conferencia.

Lo único que llamaba la atención era el énfasis en la confesionalidad del futuro Estado, “un Estado que saca fuerza  de las sólidas creencias religiosas en la paz, la verdad, la justicia y la igualdad (...) un Estado constitucional que respeta la santidad de la doctrina religiosa y condena la intolerancia”. Pero no se hablaba de sharía. Abdelyalil defiende ahora la primacía de la sharía “contra cualquier ley que vaya contra los principios del islam”.

“Esperamos que se aplique conforme al derecho internacional, respetando los derechos humanos y los principios democráticos, como las autoridades libias han dicho que harán”, señala la portavoz de Ashton, para quien “Libia se enfrenta a un periodo muy difícil”.

Futuro incierto


Aunque la UE reitera en público su compromiso de apoyar en todo lo necesario el nacimiento de una Libia democrática y airea como un hecho la promesa del CNT de formar un nuevo Gobierno interino dentro de un par de semanas y de celebrar elecciones dentro de ocho meses, en los despachos la impresión es otra.

“No sabemos lo que va a pasar en Libia”, comenta una fuente europea, que, por hablar solo de las elecciones, dice: “No hay censo ni nadie que lo pueda hacer; no hay partidos ni cultura de partidos; no hay Ministerio del Interior que se ocupe del procedimiento electoral, y no hay Ley Electoral”. En resumen, “si dentro de 20 meses hubiese elecciones, estaría muy bien”.

El País

Análisis
El islam no es la solución


LLUÍS BASSETS (Periodista de El País)

Túnez señala la dirección. Las mayorías parlamentarias en los países árabes donde se celebren elecciones democráticas en buenas condiciones se articularán alrededor de partidos islamistas, todos ellos en una u otra forma ramas nacionales o derivaciones de los Hermanos Musulmanes, la veterana organización egipcia fundada en 1928 por Hassan el Bana. Es lo que sucederá en Egipto, que las celebra el 28 de noviembre, y en Libia, que quiere celebrarlas en ocho meses; también en países donde no ha habido cambio, pero sí puede haber transición, como Marruecos, que las celebra el 25 de noviembre.

Occidente no aceptó la realidad del islamismo político en 1991, entre la primera y la segunda vuelta de las elecciones generales en Argelia que iban a dar la victoria y el poder al Frente Islámico de Salvación (FIS). Los militares, con el beneplácito de todas las capitales occidentales, interrumpieron la transición, iniciada en 1989 con una reforma constitucional y la desaparición del monopolio del partido único, el Frente de Liberación Nacional. Suspendieron las elecciones, disolvieron el Parlamento, obligaron a dimitir al presidente Chadli Benjedid, prohibieron el FIS e implantaron el estado de emergencia, que ha durado hasta 2011. El terrorismo y la represión indiscriminada viraron pronto en una guerra civil que se cobró 200.000 vidas.

Veinte años desde el primer intento no pasan en vano. Durante estos años perdidos ha aparecido una alternativa más extremista y peligrosa como es el proyecto terrorista de Al Qaeda. La tentación violenta ha quedado mayoritariamente desacreditada, aunque todavía recoja adhesiones en lugares como la franja de Gaza. Los partidos islamistas han sufrido bajo las dictaduras, pero también han tenido ocasión de reflexionar sobre sus errores y la evolución de un mundo en cambio, en el que los beneficios de la globalización se desplazan hacia los países emergentes. Y, sobre todo, han estallado las revueltas de la dignidad de punta a punta del mapa árabe.

Durante estos años, el islamismo ha sido la principal fuerza de oposición a las dictaduras. Una parte de su éxito actual viene de la prohibición y la clandestinidad y está ganado en los cadalsos, comisarías y cárceles, como sucedió con el comunismo en países como España. En muchos casos ha actuado como una red social que proporciona a las capas más desfavorecidas la sensación de que alguien se hace cargo de los ciudadanos ante un Estado dictatorial y corrupto. Y cuenta con la fuerza y la popularidad de las mezquitas, es decir, del conservadurismo religioso y de la tradición.

El islamismo no ha hecho estas revoluciones, pero será su principal beneficiario. Los jóvenes, que se lanzaron a las calles de las ciudades árabes desde el Atlántico hasta el golfo Pérsico a partir de enero pasado, poco tenían que ver con las hermandades musulmanas organizadas para restaurar la pureza de la sociedad islámica frente a la corrupción de los dictadores y de la modernidad occidental. En la plaza de Tahrir, de El Cairo, apenas asomaron las barbas los primeros días, pero pronto se presentaron los disciplinados militantes para organizar el rezo de los viernes y segregar a las mujeres. El impulso fue cosmopolita, laico y modernizador, pero la capitalización identitaria, religiosa y tradicionalista.

Todo esto inquieta a los árabes más laicos, que temen por el tipo de Estado y de democracia que se va a construir. Una democracia adjetivada como islámica puede reducir el campo de juego y de la pluralidad o sencillamente contar como una opción más, la mayoritaria, dentro de la pluralidad; al igual que las democracias cristianas dentro de los Estados aconfesionales europeos. Si de los viejos partidos comunistas han salido formaciones reformistas y socialdemócratas, perfectamente acomodadas a las reglas de juego y preparadas para gobernar, nada impide que los Hermanos Musulmanes terminen constituyendo la base de esa democracia islámica.

Los temores no son gratuitos y tienen una base palpable: la segregación de sexos; la limitación de los derechos de la mujer; la ocupación religiosa del espacio público; o la presión sobre los ciudadanos de otras creencias, que en Egipto tiene visos de persecución. La democracia no puede ser un mero trámite en las urnas que abra las puertas a la sharía. Significa instituciones y equilibrios entre poderes públicos, derechos y deberes de los ciudadanos, igualdad ante la ley. Este es el reto del islamismo. Y no hay una sola sharía. Como no hay un solo islam. Incluso en el islam político y conservador hay al menos una bifurcación, con un camino autoritario que lleva hacia Arabia Saudí y otro democrático que conduce a Turquía.

El islam es la solución, reza el eslogan más conocido de los Hermanos Musulmanes. No es verdad. El islam es, como más, el camino obligado e inevitable en esta transición. Como recuerda, una y otra vez, el escritor egipcio Alaa al Aswany en sus artículos, antes y después de la caída de Mubarak, la solución es la democracia

FRASE

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La muerte de Muamar Gadhafi marca el fin de una era de despotismo y represión que el pueblo libio ha sufrido durante demasiado tiempo ''

Catherine Ashton,
alta representante política de la Unión Europea.

Testigo asegura que Saif al islam planeaba ataque a antigadhafistas
Búsqueda del hijo de Gadhafi plantea dilema sobre Níger, dice la Corte Penal Internacional

NIAMEY/NUEVA YORK.-
El fiscal jefe de la Corte Penal Internacional (CPI) dijo que cuenta con “evidencia sustancial” de que Saif al Islam Gadhafi, ahora fugitivo, ayudó a contratar a mercenarios para que atacaran a civiles libios que protestaban contra el régimen de su padre.

Saif al Islam podría dirigirse a Níger, algo que irritaría a los nuevos gobernantes de Libia y a sus aliados; si Niamey lo entrega a la Corte situada en La Haya de acuerdo con sus obligaciones de tratados internacionales.

“Tenemos un testigo que relató cómo Saif estuvo involucrado con los planes para atacar a civiles, incluyendo en particular la contratación de mercenarios de diferentes países y su transporte, y también los aspectos financieros que él cubría”, dijo el fiscal Luis Moreno-Ocampo, durante una visita a Beijing.

Saif, de 39 años, busca desesperadamente evitar el destino de su padre, Muamar Gadhafi, quien fue golpeado, abusado y muerto a tiros cuando las fuerzas del Consejo Nacional de Transición (CNT) lo capturaron el 20 de octubre tras la caída de su ciudad natal, Sirte.

Es posible que el CNT quiera juzgar a Saif en Libia, pero el fugitivo libio ha estado en contacto indirecto con la Corte Internacional para negociar una posible rendición, aunque también podría tener la esperanza de que mercenarios le ayuden a entrar a algún país africano aliado.

La vecina Níger ha prometido cumplir con sus compromisos con la CPI, pero sabe que entregar a Al Islam podría generar disturbios en zonas del Sahara donde su padre, considerado por muchas comunidades desérticas como un héroe, alentó en el pasado revueltas en contra de la capital.

Milicias “aterrorizan” a progadhafistas

La ONG Human Rights Watch (HRW) denunció que milicias rebeldes libias de la ciudad de Misrata están “aterrorizando” a los habitantes desplazados de la cercana localidad de Tawerga, a los que acusan de progadhafistas.

La ONG, con base en Nueva York, aseguró que Tawerga, de unos 30 mil habitantes, se encuentra totalmente despoblada y que dirigentes milicianos de Misrata han mostrado su convencimiento de que sus residentes no deberían regresar.

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