Internacional
''Indignados'' acaban con el campamento
El movimiento 15-M trabajará en asambleas locales, y en comisiones de barrio y municipio en Madrid
MADRID, ESPAÑA (13/JUN/2011).- La acampada de protesta que iniciaron hace un mes varios miles de personas en todo España, indignadas con los políticos y ávidas de “democracia real”, acabó con el levantamiento de muchos campamentos pero con la idea de que “no es un fin, sino un cambio estratégico para ser más fuertes”.
Todo empezó el 15 de mayo, una semana antes de las elecciones municipales, cuando miles de personas, convocadas por el movimiento “Democracia real ya”, se concentraron en el Centro de Madrid para pedir, en voz alta, un cambio político y social: “No somos mercancías en manos de políticos y banqueros”.
La idea contagió a “indignados” de más de medio centenar de pueblos y ciudades de España donde también ha habido acampadas que no han cesado de amplificar los deseos del llamado movimiento 15-M. Algunas de estas también acabaron ayer y otras han decidido seguir, pero no se sabe hasta cuándo.
En Madrid, donde en alguna de las jornadas llegaron a concentrarse unas 25 mil personas, hubo labor de levantamiento y limpieza del campamento, como quedó acordado en una asamblea general celebrada en la noche del sábado.
La decisión tiene lugar cuando el movimiento parecía perder fuerzas y aumentaban las críticas a mantener el campamento, aunque los promotores indicaron que seguirán trabajando en asambleas locales y en comisiones de barrio y municipio de Madrid.
“Levantamos porque el campamento no era un fin sino una herramienta que no nos permitía descentralizar y crecer”, dijo Charlie, uno de los portavoces habituales del 15-M, quien destacó el hecho de que en los últimos tres fines de semana ha habido asambleas vecinales “en unos ochenta barrios y municipios de Madrid”.
“Hemos conseguido visualizar el descontento sobre la política profesional y se ha perdido el miedo a hablar, a hacer cosas. Ha surgido un movimiento que toma la palabra, que plantea iniciativas y que crecerá”.
La última gran movilización fue emprendida para expresar su desacuerdo con los políticos, en la jornada en que los ayuntamientos de todo España se constituían de acuerdo con la elección que hizo la ciudadanía el 22 de mayo.
Todo empezó el 15 de mayo, una semana antes de las elecciones municipales, cuando miles de personas, convocadas por el movimiento “Democracia real ya”, se concentraron en el Centro de Madrid para pedir, en voz alta, un cambio político y social: “No somos mercancías en manos de políticos y banqueros”.
La idea contagió a “indignados” de más de medio centenar de pueblos y ciudades de España donde también ha habido acampadas que no han cesado de amplificar los deseos del llamado movimiento 15-M. Algunas de estas también acabaron ayer y otras han decidido seguir, pero no se sabe hasta cuándo.
En Madrid, donde en alguna de las jornadas llegaron a concentrarse unas 25 mil personas, hubo labor de levantamiento y limpieza del campamento, como quedó acordado en una asamblea general celebrada en la noche del sábado.
La decisión tiene lugar cuando el movimiento parecía perder fuerzas y aumentaban las críticas a mantener el campamento, aunque los promotores indicaron que seguirán trabajando en asambleas locales y en comisiones de barrio y municipio de Madrid.
“Levantamos porque el campamento no era un fin sino una herramienta que no nos permitía descentralizar y crecer”, dijo Charlie, uno de los portavoces habituales del 15-M, quien destacó el hecho de que en los últimos tres fines de semana ha habido asambleas vecinales “en unos ochenta barrios y municipios de Madrid”.
“Hemos conseguido visualizar el descontento sobre la política profesional y se ha perdido el miedo a hablar, a hacer cosas. Ha surgido un movimiento que toma la palabra, que plantea iniciativas y que crecerá”.
La última gran movilización fue emprendida para expresar su desacuerdo con los políticos, en la jornada en que los ayuntamientos de todo España se constituían de acuerdo con la elección que hizo la ciudadanía el 22 de mayo.