Internacional
Familiares de las víctimas del accidente de tren en España esperan noticias
Autoridades de Galicia informan que hay más de 140 heridos; familiares de las víctimas esperan información de las autoridades
SANTIAGO DE COMPOSTELA, ESPAÑA (25/JUL/2013 - Cerca de la entrada de Santiago de Compostela, en la curva de la vía donde descarriló un tren, el paisaje es desolador: un vagón está empotrado contra un talud y otro, retorcido como la rama de un árbol, fue a parar encima de un tercer coche.
El armazón de un cuarto vagón hecho añicos se esparce por las vías que debían llevarlo a Santiago de Compostela mientras varios cadáveres aun reposan en el suelo, envueltos en mantas blancas, a la espera de que los trabajadores de emergencia con sus chalecos amarillos y naranjas se los lleven de allí.
En una de las laderas de la línea ferroviaria, María Teresa Ramos aguarda sentada en el jardín de su casa mientras dos enormes grúas gigantes se preparan para retirar la chatarra acumulada en el accidente ferroviario más mortífero de las últimas décadas en España.
"Estaba en casa y oí un sonido como un trueno muy grande y vi mucho humo negro. Era un desastre. La gente gritaba", dijo esa ama de casa a la AFP, recordando como ella y sus vecinos salieron corriendo de sus domicilios.
"La gente gritaba. Vi el tren encima del talud. Todo el mundo se fue a buscar mantas y toallas para ayudar. Es una cosa que nunca se había visto aquí", dice.
Ella y sus amigas se apresuraron a proveer mantas y toallas para ayudar a los supervivientes, mientras su vecino Martín Rozas, de 39 años, intentaba sacar a los heridos de los vagones y tapaba con mantas a los fallecidos.
"Fue como un terremoto", aseguró. "Empecé a ayudar a sacar la gente fuera. Vi unas cinco personas muertas".
El balance de víctimas mortales asciende por el momento a 77, con más de 140 heridos, muchos de ellos en el hospital, según el recuento del Tribunal Superior de Justicia de Galicia.
Contemplando la vía, los rostros compungidos de los lugareños se dirigen hacia los restos del siniestro.
Muchos aseguran que, al escuchar el choque, acudieron corriendo desde las festividades que se celebraban en las cercanías por el día del apóstol Santiago, el patrón de Galicia (noroeste de España).
En la ciudad, amigos y familiares de los pasajeros del tren aguardan con ojos llorosos nuevas noticias sobre sus seres queridos en un centro de conferencias donde se trata de identificar a los fallecidos, mientras trabajadores de la Cruz Roja ofrecen apoyo a sus familiares.
Una mujer de mediana edad sale de una de las salas privadas donde se informa a las autoridades, llorando en los brazos de un amigo.
Fuera del centro, un hombre va y viene, con lágrimas en los ojos, mientras habla por teléfono, y otros permanecen en el suelo encorvados y envueltos en mantas blancas.
Un hombre con camiseta azul aguarda sentado noticias de dos amigos que estaban en el convoy, una pareja de estudiantes de 21 años.
"Creemos que deben de estar entre los fallecidos", reconoce con lágrimas en los ojos. "Los padres están dentro. Están destrozados".
Vestido con traje y corbata, otro hombre con bigote gris mata el tiempo fumando mientras espera para saber qué le ha pasado a su sobrino.
"He estado aquí toda la noche. No tengo ninguna noticia", lamenta.
El armazón de un cuarto vagón hecho añicos se esparce por las vías que debían llevarlo a Santiago de Compostela mientras varios cadáveres aun reposan en el suelo, envueltos en mantas blancas, a la espera de que los trabajadores de emergencia con sus chalecos amarillos y naranjas se los lleven de allí.
En una de las laderas de la línea ferroviaria, María Teresa Ramos aguarda sentada en el jardín de su casa mientras dos enormes grúas gigantes se preparan para retirar la chatarra acumulada en el accidente ferroviario más mortífero de las últimas décadas en España.
"Estaba en casa y oí un sonido como un trueno muy grande y vi mucho humo negro. Era un desastre. La gente gritaba", dijo esa ama de casa a la AFP, recordando como ella y sus vecinos salieron corriendo de sus domicilios.
"La gente gritaba. Vi el tren encima del talud. Todo el mundo se fue a buscar mantas y toallas para ayudar. Es una cosa que nunca se había visto aquí", dice.
Ella y sus amigas se apresuraron a proveer mantas y toallas para ayudar a los supervivientes, mientras su vecino Martín Rozas, de 39 años, intentaba sacar a los heridos de los vagones y tapaba con mantas a los fallecidos.
"Fue como un terremoto", aseguró. "Empecé a ayudar a sacar la gente fuera. Vi unas cinco personas muertas".
El balance de víctimas mortales asciende por el momento a 77, con más de 140 heridos, muchos de ellos en el hospital, según el recuento del Tribunal Superior de Justicia de Galicia.
Contemplando la vía, los rostros compungidos de los lugareños se dirigen hacia los restos del siniestro.
Muchos aseguran que, al escuchar el choque, acudieron corriendo desde las festividades que se celebraban en las cercanías por el día del apóstol Santiago, el patrón de Galicia (noroeste de España).
En la ciudad, amigos y familiares de los pasajeros del tren aguardan con ojos llorosos nuevas noticias sobre sus seres queridos en un centro de conferencias donde se trata de identificar a los fallecidos, mientras trabajadores de la Cruz Roja ofrecen apoyo a sus familiares.
Una mujer de mediana edad sale de una de las salas privadas donde se informa a las autoridades, llorando en los brazos de un amigo.
Fuera del centro, un hombre va y viene, con lágrimas en los ojos, mientras habla por teléfono, y otros permanecen en el suelo encorvados y envueltos en mantas blancas.
Un hombre con camiseta azul aguarda sentado noticias de dos amigos que estaban en el convoy, una pareja de estudiantes de 21 años.
"Creemos que deben de estar entre los fallecidos", reconoce con lágrimas en los ojos. "Los padres están dentro. Están destrozados".
Vestido con traje y corbata, otro hombre con bigote gris mata el tiempo fumando mientras espera para saber qué le ha pasado a su sobrino.
"He estado aquí toda la noche. No tengo ninguna noticia", lamenta.