Internacional

Explota ira popular contra Mubarak

El mandatario egipcio transfiere poderes al vicepresidente, mientras Washington eleva el tono para pedir la transferencia del Gobierno

Explota ira popular contra Mubarak
EL CAIRO, EGIPTO (11/FEB/2011).- Aunque sin renunciar y negándose a abandonar el país, el presidente egipcio Hosni Mubarak anunció que entregará poderes al vicepresidente Omar Suleimán y ordenó algunas enmiendas constitucionales, lo que provocó una explosión de indignación entre los cientos de miles de personas que desde hace más de dos semanas exigen su partida.

La medida significa que mantendrá su título de presidente hasta las elecciones de septiembre y le asegura al régimen el control sobre el proceso de la reforma, lo que incumple las demandas de los manifestantes.

Los opositores al Gobierno reunidos en la Plaza Tahrir (Liberación), quienes esperaban que Mubarak anunciara su renuncia inmediata, observaron perplejos y en silencio el discurso. Cuando el presidente terminó sus palabras, algunos manifestantes estallaron en ira, otros lloraron y unos más agitaron en alto sus zapatos, al grito de: “¡¬Márchate, márchate!”.

El anuncio hizo cambiar el carácter del discurso en la Casa Blanca. El presidente estadounidense, Barack Obama, subió el tono y advirtió que la transferencia parcial de poder del gobernante egipcio no es un cambio creíble ni concreto.

Apenas el domingo pasado, Obama había recalcado que sólo Mubarak sabía si dejaría pronto la presidencia, en un mensaje de tolerancia hacia quien definió como un “buen socio” de Estados Unidos.

Esa ocasión dijo estar más preocupado por la posibilidad de que la ideología de la prohibida Hermandad Musulmana, el grupo político-religioso más numeroso en Egipto de líneas antiestadounidenses, tuviera demasiada influencia en el nuevo Gobierno.

El Departamento de Estado, liderado por Hillary Clinton, secundó a Obama al admitir el mismo día: “Hosni Mubarak puede permanecer más tiempo en el poder de lo que la oposición desea, para garantizar la celebración de unas próximas elecciones”.

Clinton incluso citó la Constitución (egipcia): “Si el presidente dimite será sustituido por el presidente del Parlamento, y la elección presidencial debería organizarse en los siguientes 60 días” y aseguró que la presión sobre Mubarak para que ceda “puede estar disminuyendo”.

Tras conocerse una versión sobre la posibilidad de dimisión del Mubarak, la multitud en la Plaza Tahrir aumentó en varios cientos de miles.

Los llamados, del premio Nobel de la Paz, Mohamed ElBaradei, al Ejército para que defendiera al pueblo y el de Suleiman a los manifestantes para “regresar a casa” y a todos los egipcios que se unieran y miraran “hacia el futuro”, fueron determinantes.

Ambos discursos surgieron tras varios acontecimientos que habían aumentado las expectativas sobre la salida de Mubarak.

Las fuerzas armadas anunciaron en la televisión estatal que su Consejo Supremo se encontraba en una sesión permanente y mostraron imágenes que sugerían que las fuerzas armadas tomarían el control, quizá para asegurar que Mubarak se retire.

Pero no escucharon el deseo. En vez de eso, inmediatamente después del discurso de Mubarak.

PERFIL
Militar alejado de la calle

Hosni Mubarak


Después de casi 30 años al frente de Egipto, este militar que logró honores de héroe en la guerra contra Israel de octubre de 1973 se había acostumbrado a dar por hecho el apoyo de los egipcios y había perdido el pulso de la calle.

Muhammad Hosni Sayyid Mubarak, nació en 1928 en Kufr el-Musailaha, una aldea del delta del Nilo en la que sus padres eran modestos agricultores. Como todos los presidentes desde el golpe que acabó con la monarquía en 1952, Mubarak llegó a la política a través del Ejército.

Se formó como piloto militar en la antigua Unión Soviética y llegó a jefe de la Fuerza Aérea. No se le conocía hasta entonces ninguna ambición política. Tal vez por ello, Anuar el Sadat le nombró su vicepresidente en 1975.

Seis años más tarde, el asesinato del presidente que se atrevió a firmar la paz con Israel le colocó al frente del país árabe más poblado. Aunque no llegó a la presidencia por las urnas, Mubarak revalidó su cargo en sucesivos plebiscitos. Los egipcios viejos aseguran que inicialmente prometió que no gobernaría más de dos mandatos.

A sus 82 años (sólo 0.4% de los egipcios tiene esa edad) aún pensaba presentarse a las presidenciales del próximo septiembre. O alternativamente, pasar la vara de mando a su segundo hijo, Gamal.
El País

Repercusión en la región
El cambio en El Cairo preocupa a los aliados de EU en Medio Oriente

JERUSALÉN.-
El cambio que se avecina en Egipto supone un vuelco de la ecuación política en la región de consecuencias impredecibles. Por eso, cuando la noticia de que Hosni Mubarak finalmente diría adiós comenzó a correr como la pólvora la tarde de ayer por las cancillerías de Medio Oriente, el silencio y la cautela se impusieron.

Para países como Siria y partidos como Hizbulá o Hamas, la caída de Mubarak y la probable pérdida de influencia occidental en la zona no significaría más que buenas noticias, mientras que para los vecinos que cuentan con el apoyo de Washington —Israel y Arabia Saudí—, los temores pesan más que la euforia.

Ambos países han intensificado la campaña de presión al presidente estadounidense, Barak Obama, para que no opte por un Egipto en manos del bando de los manifestantes, según publicó “The New York Times”.  

Y es que temen la desestabilización de la región, pero también, en el caso de los países árabes, que sus poblaciones emulen a los egipcios y salgan a las calles a pedir democracia.

El rey Abdalá de Arabia Saudí ha expresado en los últimos días su apoyo incondicional a Mubarak, e incluso ha llegado a comunicar al presidente Obama que si Estados Unidos retira su multimillonario apoyo a Egipto, ellos lo financiarían, según “The Times”. Todo, con tal de no debilitar el eje prooccidental en la región.

En tanto, en Israel el primer ministro, Benjamin Netanyahu, impuso la ley del silencio a sus subordinados con el fin de evitar que la más mínima palabra produzca un efecto no deseado para sus intereses.

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