Entretenimiento

Una revisión a los jóvenes ateneístas

La autora explica que las lecturas compartidas fueron elementales para que el Ateneo de la Juventud llegara a ser lo que fue

“¿Qué eran los ateneístas antes de ser héroes de la patria?”, cuestiona la investigadora Susana Quintanilla, quien durante más de dos décadas ha dedicado su trabajo a hurgar sobre personajes como Pedro Henríquez Ureña, Antonio Caso, Alfonso,  José Vasconcelos y otros integrantes del Ateneo de la Juventud, “pues había cosas que no me checaban  en las distintas versiones que existían de este grupo y decidí explorar de dónde salieron estos personajes”.

Susana Quintanilla (Ciudad de México, 1956) partió de esta inquietud para realizar la investigación de Nosotros. La juventud del Ateneo de México (Tusquets, 2008), libro en el que aclara que estos jóvenes, a quienes calificaron como “los aristócratas de la palabra”, en realidad venían de distintas latitudes y no eran de familias con muchos recursos. “Lo único en común es que son jóvenes  formados con los beneficios de la reforma educativa de los liberales y construyen un proceso formativo autodidacta, primero con libros y después con diálogo entre ellos”.

La autora explica que las lecturas compartidas fueron elementales para que el Ateneo de la Juventud “llegara a ser lo que fue. Todos eran unos lectores voraces y acuden a referentes intelectuales de su época, eran absolutamente contemporáneos; la verdad es que se les imaginaba como seres condenados al catecismo cívico de la escuela pública y no fue así, es una generación que dialoga y critica en un país que está a punto de colapsar”.  

Para la académica del Departamento de Investigaciones Educativas del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados, Nosotros es “una crónica de una amistas literaria, la historia del nacimiento de una generación esencial en la transición al México Moderno”.

El periodo que abarca el libro es de 1906, cuando aparece la revista Savia Moderna y concluye cuando Vasconscelos fue director del Ateneo, en 1911.

“Lo que desmitifiqué es que todo el tiempo hay una nómina cambiante,  que  fue un movimiento democrático y heterogéneo geográficamente. Tampoco acabaron con el positivismo y de hecho tienen una relación ambivalente con esta corriente, y es una mentira que se la pasaban bien, la verdad es que se la pasaban metidos en mazmorras de periódicos, libros y documentos: era el precio de la fama”, concluye Susana Quintanilla.

Temas

Sigue navegando