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San Pascualito Rey llega al cine

La agrupación participó en el ciclo ''Bandas Sonoras de la Cineteca Nacional''

CIUDAD DE MÉXICO (03/AGO/2010).- El clásico filme Bucking Broadway, de John Ford, que se consideró perdido durante décadas, revivió para el público mexicano con el acompañamiento musical de la banda de rock San Pascualito Rey, durante las dos funciones que fueron ofrecidas este fin de semana en la Cineteca Nacional.

Para demostrar que los clásicos del Séptimo Arte no mueren si las nuevas generaciones los mantienen vigentes, la agrupación participó en el ciclo “Bandas Sonoras de la Cineteca Nacional”, al convertir la proyección en un concierto aclamado con palmas y vítores.

El vocalista Pascual Reyes, acompañado por Alex Nexus en los teclados, Alex Otaola, en la guitarra; Juan Morales, en el bajo; y Luca Ortega en la batería, mantuvo la energía durante los 80 minutos de duración de la película protagonizada por Molly Malone y Harry Carey.

La historia de amor que comienza como un western y culmina en la ciudad de Nueva York, con una gran estampida de caballos que se introducen por Central Park, estuvo perdida por varias décadas hasta ser encontrada en 2002, en los archivos del Centro Nacional Francés de Cinematografía.

En las secuencias campiranas, el grupo hizo gala de sus fusiones de rock-mariachi para exaltar cuando el protagonista Cheyenne enamora a la bella Helen, quien es obligada por sus padres a comprometerse con un hombre rico que la lleva a la ciudad.

Renueva su sonido

Para los fanáticos de San Pascualito Rey, la participación de la banda en las funciones de la Cineteca Nacional les permitió escuchar versiones distintas de canciones como Te voy a dormir y Cerquita de Dios, por momentos acompañadas por un sutil coro de voz y por acentos sonoros en la guitarra del músico Alex Otaola.
En otras escenas, la banda realizó originales mezclas entre el country y lo guapachoso, hasta que Cheyenne decide pelear por el amor de su amada y galopa a la ciudad de Nueva York, donde Helen está cautiva en una jaula de oro y colmada de comodidades, pero sin un ápice de sinceridad por parte de la sociedad citadina.

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