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La leyenda fantástica de “El niño pez”

La cinta explora un cruce de géneros cinematográficos que reconstruyen una película “muy latinoamericana”

GUADALAJARA, JALISCO.- Thriller, melodrama, fantasía y road movie son los géneros que Lucía Puenzo escogió para contar El niño pez, una cinta basada en la novela homónima que ella misma escribió a los 23 años, y que apenas el año pasado logró adaptarla para la pantalla, con los cambios que ello implicaba, Serafìn –el perro de Lala- deja de ser el protagonista en la película y lo cede a Lala, lo que provoca un giro absolutamente diferente a la historia.

El largometraje comienza por el final, donde se observa a Lala huyendo a Paraguay, el refugio soñado de ella y su pareja Ailín “La Guayi”, quien interpreta el papel de mucama en casa de la familia de Lala. A partir de ese escape, con el que buscarán empezar de nuevo para dar rienda suelta a sus sueños de libertad, pasión y rebeldía, es que se desatan los flashbacks y se comienza a reconstruir la historia de amor entre Lala y su mucama.

Lala y Ailín quieren mantener viva su relación prohibida, por eso quieren darse a la fuga y roban el dinero de la casa donde viven, aprovechando el fácil acceso que La Guayi, como empleada doméstica tiene, y que es considerada como una más de la familia, rasgo que hace de El niño pez, una “película muy latinoamericana”, ya que cuando se presentó en la pasada edición de la Berlinale “los espectadores no entendían muy bien cómo una mucama podía ser tomada en cuenta como un miembro más de familia, claro, es una persona que en casa te ayuda con el aseo, a cuidar los niños, pero no deja de ser una persona desconocida, pero en Latinoamerica, no sé en México, supongo que es igual, se incorpora y obtine un rol familiar”, explica Mariela Vitale, quien ha tenido que dar la cara por la película en Guadalajara durante su presentación ante los medios de comunicación, dada la ausencia de la realizadora argentina por estar cumpliendo una residencia de guión de su próximo largometraje.

En este filme la tragedia también se hace presente, y es que cuando Lala descubre que La Guayi, se involucra con su padre en la intimidad provoca estallar los sentimientos de celos, deseo e ira, que terminan por desembocar en una tragedia.

La solutura con la que Lucía Puenzo, la joven directora, logra contar en 96 minutos una historia conmovedora, difícilmente dejará indiferente al espectador.

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