Entretenimiento
La cosmogonía de Alfonso Cuarón
El cineasta reconoce que es un hombre que tiene fe a lo que hace, que es tenaz y sabe ceder cuando se trata de crear
CIUDAD DE MÉXICO (17/OCT/2013).- Nada de autógrafos. Nada de fotos. Nada de saludos. El tiempo de
Alfonso Cuarón en México está medido con un cronómetro, y no se puede desperdiciar un solo instante. A la entrevista con el cineasta acuden medios contados con los dedos de una mano. Para hablar con él hubo muchos "no" y pocos "si". Los estudios Warner lo cuidan como si se tratara el niño dios de un nacimiento artesanal. ¿Cómo no hacerlo? Es el hombre que dirigió la última gran sorpresa de la temporada, Gravedad, largometraje que este fin de semana llega a la cartelera mexicana.
EL INFORMADOR tiene cinco minutos para hablar con él. Un par de ideas, un par de conceptos. No más. Antes de comenzar la entrevista, en un hotel enclavado en el paseo de la Reforma, en la capital del país, Cuarón devora la fruta que tiene en un plato. Si no tiene mucho tiempo para hablar con la prensa, tiene menos para comer. "Tardé cuatro años en concretar esta película, y en realidad no he terminado, todavía tengo que hablar mucho de ella".
Son las 11:55 horas del jueves. Cuarón saluda efusivo. Es atento durante la plática. No adopta la postura de dios romano. Entra rápido en la plática, pese a que tiene toda la mañana hablando de su cinta. La grabadora no ha sido encendida.
Cuatro años no se los dedica cualquiera a un proyecto. Alfonso reconoce que es un hombre que le tiene fe a lo que hace. "Y terco, muy terco (risas)". El buen cineasta es tenaz hasta el extremo, pero sabe ceder cuando se trata de crear. "Yo soy terco, pero me he rodeado de gente, de un equipo que me enriquece. Mi hijo (Jonás Cuarón, con quien coescribió el guión), el 'Chivo' (Emmanuel Lubezki). Ellos me mantienen fresco, me enriquecen". Y es que sin querer, "Gravedad" es una oda a la fe, y a la persistencia.
EL INFORMADOR / FRANCISCO GONZÁLEZ
EL INFORMADOR tiene cinco minutos para hablar con él. Un par de ideas, un par de conceptos. No más. Antes de comenzar la entrevista, en un hotel enclavado en el paseo de la Reforma, en la capital del país, Cuarón devora la fruta que tiene en un plato. Si no tiene mucho tiempo para hablar con la prensa, tiene menos para comer. "Tardé cuatro años en concretar esta película, y en realidad no he terminado, todavía tengo que hablar mucho de ella".
Son las 11:55 horas del jueves. Cuarón saluda efusivo. Es atento durante la plática. No adopta la postura de dios romano. Entra rápido en la plática, pese a que tiene toda la mañana hablando de su cinta. La grabadora no ha sido encendida.
Cuatro años no se los dedica cualquiera a un proyecto. Alfonso reconoce que es un hombre que le tiene fe a lo que hace. "Y terco, muy terco (risas)". El buen cineasta es tenaz hasta el extremo, pero sabe ceder cuando se trata de crear. "Yo soy terco, pero me he rodeado de gente, de un equipo que me enriquece. Mi hijo (Jonás Cuarón, con quien coescribió el guión), el 'Chivo' (Emmanuel Lubezki). Ellos me mantienen fresco, me enriquecen". Y es que sin querer, "Gravedad" es una oda a la fe, y a la persistencia.
EL INFORMADOR / FRANCISCO GONZÁLEZ