Economía
Se gastan 20 mil MDP en comida chatarra anualmente
Los padres de familia no siempre cuentan con la capacidad para dar una mejor alimentación a sus hijos, y la publicidad no ayuda.
Ciudad de México. En las cooperativas escolares los niños gastan 20 mil millones de pesos al año, de los que 97% se destina a la compra de alimentos “chatarra” y sólo 3% a frutas y ensaladas, denunció Abelardo Ávila, investigador del Instituto Nacional de Nutrición de la Secretaria de Salud, quien precisó que en la edad escolar se incrementa la obesidad debido a la mala alimentación.
En el foro El Impacto de la Publicidad Televisiva sobre la Salud de los Niños, la directora ejecutiva del Consejo Nacional de Autorregulación y Ética Publicitaria, Karla Avila, dijo que antes de terminar el año se pondrá en marcha el Código de Autorregulación de Alimentos y Bebidas.
Reconoció que “no es responsabilidad de la industria alimentaria educar a los niños, pero es cierto que debe haber información clara y veraz en los mensajes de publicidad”.
El director de El Poder del Consumidor, Alejandro Calvillo, precisó que México ocupa el primer lugar en anuncios televisivos de comida “chatarra”, con 39 mensajes publicitarios por hora en el Canal 5, de los cuales 17 corresponden a alimentos no recomendables para la salud infantil.
Respecto de la lista de productos alimenticios que la Confederación de Cámaras Industriales (Concamin) cuyos precios se mantendrán fijos, recordó que la Secretaría de Salud no recomienda el consumo de 16 bebidas ofrecidas en la lista. El atún, la sardina y los frijoles enlatados “se salvan, pero no hay en esa lista productos básicos como pollo, leche, frutas y huevo”.
El investigador del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y ex director de Publicidad de Profeco, Fernando García Sáis, opinó que habría que pensar sobre la tipificación como delito de la publicidad engañosa, como ocurre en otros países. Resaltó que la publicidad es persuasiva y los niños son considerados consumidores vulnerables por su incapacidad para distinguir entre la realidad y la publicidad encubierta.