Economía

El mercado bursátil al fin siente el impacto de la crisis financiera

Más del 50 por ciento de la capitalización del índice principal de la BVT, el S&PTSX, está compuesto por empresas del petróleo, de metales y fertilizantes.

MONTREAL.- Las plazas bursátiles de casi todo el mundo entraron en una fase 'bajista', el famoso 'bear market', reflejando la persistencia de la crisis financiera y sus consecuencias sobre la economía real de Estados Unidos.

Los niveles de negociaciones bursátiles muy bajos y un pesimismo creciente, dice el columnista Brian Milner del Report on Business, reflejan el estado de muchas economías, la debilidad de los 'grandes' del sector financiero y el incierto futuro de las 'commodities'.

La semana pasada el índice Down Jones registró una baja acumulada de 21 por ciento, marcando así su entrada en territorio bajista en momentos en que las cifras mostraban que en los primeros seis meses del año las empresas del país cortaron 438 mil empleos.

El índice de las industrias no manufactureras (ISM por sus siglas en inglés), que comprende casi el 90 por ciento de la economía, bajó a 48.2 puntos y apunta a una contracción.

Los índices bursátiles reconocen bajas de ganancias en las empresas por cuarto trimestre consecutivo, según las cifras de la agencia Bloomberg, debido a las pérdidas bancarias y los altos precios del petróleo.

Atrapados por la crisis inmobiliaria, la caída de precios de sus casas y una deuda creciente, los 'aguantadores' consumidores estadunidenses están cortando su gasto discrecional y provocando fuertes caídas en los ingresos de un abanico de empresas.

Parece probable que estaremos en este marasmo económico por un extendido período de tiempo. La baja de la demanda de los consumidores y los altos costos de los insumos han estrechado los márgenes de ganancias, opina el economista Michael Strauss de Commonfund.

En el centro de esta coyuntura figura el debilitado sistema bancario estadunidense, cuyos 'problemas de solvencia' -según Anshu Jain, director de mercados globales de Deutsche Bank AG-, lo lleva a frenar el acceso al crédito.

Hablando en Londres, Jain dijo que no era posible anticipar cuándo esta crisis terminará y que los bancos ahora enfrentan problemas de solvencia, por lo cual deberán seguir recaudando capital tangible en proporción directa a las previsibles bajas de sus activos en los libros.

Y uno de esos activos que seguirá bajando en Estados Unidos son los precios de las casas, y si esto continua por dos o tres meses consecutivos, entonces 'rápidamente veremos que empezará a tocar fondo' la crisis actual, según el financiero.

La fragilidad de los grandes bancos se debe a sus enormes activos instrumentos financieros en libros que no tienen demanda en el mercado y a los cuales por lo tanto no se les puede asignar un precio, dicen otros analistas.

Los ocho mil bancos locales y regionales en Estados Unidos también están debilitados por la crisis hipotecaria y la contracción del crédito, y se anticipa que más del 10 por ciento de ellos irán a la quiebra.

El inversionista Wilbur Ross está interesado en comprar algunos de los bancos regionales que vayan hacia la bancarrota, y la semana pasada afirmó que 'acceder al capital será más duro para los bancos regionales que para los grandes bancos'.

Dos mil 600 bancos quebraron durante la crisis de las cajas de Ahorro y Préstamo en los 90, y Ross piensa que otros mil quebrarán en la actual crisis.

En Canadá, donde la Bolsa de Valores de Toronto (BVT) parecía inmune -salvo en el sector de los bancos- a la crisis financiera, la hora de la realidad está llegando.

Más del 50 por ciento de la capitalización del índice principal de la BVT, el S&P/TSX, está compuesto por empresas del petróleo, de metales y fertilizantes, y según el analista Rob Carrick podría repetirse un colapso similar a los que tuvieron lugar en 1974 y 1981.

En un largo artículo en Report on Business del Globe and Mail Rob Carrick escribe que quienes han vivido otros colapsos bursátiles en las acciones de empresas del petróleo y metales dicen que estos suceden súbitamente, sin anuncios previos.

Hacia finales de 1974 la BVT, dominada entonces por las commodities, registró uno de sus peores bajones de la historia (-29 por ciento) por las bajas de 50 por ciento en el petróleo y gas natural, y de 40 por ciento en los metales y el oro.

Hay razones para que los inversores estén nerviosos porque los mercados están inclinados hacia uno o dos sectores específicos que ya han caído en el pasado, y Carrick recuerda que salvo en petróleo, metales y fertilizantes, nadie ha hecho dinero en la BVT.

'El S&P/TSX está ahora totalmente esclavo del sector de las commodities', dice el estratega Myles Zyblock de Dominion Securities de Toronto.

Un súbito colapso es previsible cada vez que algún sector o grupos de firmas inflan los índices bursátiles, como sucedió entre 1990 y 2000 con las tecnológicas que contaban por el 42 por ciento del índice Nasdaq, o la firma Nortel que comprendía el 37 por ciento de la capitalización de la BVT.

Lo cierto, dicen otros analistas, es que una gran parte de los inversores se han retirado del mercado, como prueban los bajos niveles de negociación en las bolsas norteamericanas, porque desconfían o después de haber perdido no quieren seguir perdiendo.

No falta dinero en el mercado como para aprovechar oportunidades de empresas bien capitalizadas con acciones negociadas a precios muy bajos, dicen algunos analistas, pero agregan que en estos momentos el 'temor es más fuerte que la codicia'.

En el mundo bursátil mucho dependerá en las próximas semanas de los resultados del segundo trimestre (abril-junio) que presentarán las empresas en Estados Unidos y Canadá, y de confirmarse la tendencia bajista es posible que la volatilidad aumente.

Queda por verse, en este panorama, si las bolsas de las economías emergentes sufrirán similares bajones -y los expertos están muy divididos en este pronóstico- y cual será el impacto de un mercado bajista sobre el conjunto del sistema financiero y la economía real.

Los economistas reconocen que la Reserva Federal de Estados Unidos debe hallar la cuadratura del círculo: luchar contra la inflación en momentos en que la economía se contrae, el sistema financiero está muy debilitado, las bolsas bajan y los consumidores están agotados.

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