Deportes
Extraños en la tierra de Nascar
Los habitantes de la capital texana se van adaptando a la máxima categoría del automovilismo
AUSTIN, ESTADS UNIDOS (16/NOV/2013).- No muchos estadounidenses saben qué es la F1. Pero les gusta la fiesta. Cuando les preguntas, saben que habrá una carrera este fin de semana aquí en Austin. Y están contentos que así sea, pero si quieres seguir con la plática te darás cuenta que lo que realmente les gusta es la fiesta, el ambiente, incluso sin saber exactamente de qué se trata.
Austin amaneció mucho menos fría este viernes que lo que fue el día anterior. No sólo porque la temperatura subió de 12 a 22 grados alrededor de la una de tarde, pero también porque los motores finalmente arrancaron en el Circuito de las Américas, ubicado a cerca de 20 minutos del aeropuerto de la ciudad texana.
Sí, fueron las primeras prácticas, dominadas por Fernando Alonso, pero eso importó poco o nada al texano en general. Lo que sí les atrae es el “Fan Fest”, un gran “circo” armado en varias cuadras en el centro de la ciudad, donde algunas escuderías pusieron stands, que buscaban atraer la atención de la gente más que los puestos de “hot dogs”; elotes, pizzas y, por supuesto, cerveza, mucha cerveza.
El más bien armado y concurrido de estos stands es el de Infiniti-Red Bull. Con un auto montado sobre un dinamómetro, en el que el público puede subir buscando hacer un buen tiempo que le permita ganar premios, entre ellos boletos para la carrera de 2014, las filas para participar comenzaron antes de las 12 del día, cuando todo comienza finalmente a funcionar. Pero también hay de Lotus, McLaren, Pirelli y hasta de Cadillac. La gran ausente en estas atracciones es la escudería Ferrari.
Alrededor, los múltiples bares y restaurantes hacen su “agosto” con los turistas locales, europeos, asiáticos y –principalmente- mexicanos. Los que tienen terrazas son los más buscados, por su vista privilegiada de todo el ambiente. Algunos que no la tenían, la improvisaron con alguna lona sobre la azotea. Todo sea por captar a la gente.
Jesse, el conductor de la Infiniti JX que nos llevó de un lado a otro en la ciudad, confiesa que no sabía nada de F1 antes de ser contratado para el evento, pero dice que comenzó a verlo y ya le gusta.
De una manera general, esto es lo que ocurre con el habitante de la capital texana en este segundo año de la F1 en su ciudad. Algunos están contentos por lo que representa para la economía local. Los hoteles, por ejemplo, están completamente llenos, incluso algunos ubicados a una hora de Austin. Otros está felices de ver tanta gente diferente en la ciudad. Conociendo o no el motivo que provoca esa rara salida de su rutina diaria, les encanta, les fascina, la fiesta que se hace.
Denle tiempo y los estadounidenses irán a comprender y hasta a disfrutar la llamada “categoría máxima” del automovilismo deportivo. Si se transformará en algo tan popular como la Nascar, depende de muchas cosas, entre ellas, de que haya un piloto estadounidense, de preferencia uno que sepa ganar, en la categoría.
Mientras tanto, con la “pachanga” animada más por los mexicanos que por otros, tienen para divertirse y, claro, hacer negocio, lo que es su verdadera “fiesta” y vocación.
Sergio Oliveira / Enviado
Austin amaneció mucho menos fría este viernes que lo que fue el día anterior. No sólo porque la temperatura subió de 12 a 22 grados alrededor de la una de tarde, pero también porque los motores finalmente arrancaron en el Circuito de las Américas, ubicado a cerca de 20 minutos del aeropuerto de la ciudad texana.
Sí, fueron las primeras prácticas, dominadas por Fernando Alonso, pero eso importó poco o nada al texano en general. Lo que sí les atrae es el “Fan Fest”, un gran “circo” armado en varias cuadras en el centro de la ciudad, donde algunas escuderías pusieron stands, que buscaban atraer la atención de la gente más que los puestos de “hot dogs”; elotes, pizzas y, por supuesto, cerveza, mucha cerveza.
El más bien armado y concurrido de estos stands es el de Infiniti-Red Bull. Con un auto montado sobre un dinamómetro, en el que el público puede subir buscando hacer un buen tiempo que le permita ganar premios, entre ellos boletos para la carrera de 2014, las filas para participar comenzaron antes de las 12 del día, cuando todo comienza finalmente a funcionar. Pero también hay de Lotus, McLaren, Pirelli y hasta de Cadillac. La gran ausente en estas atracciones es la escudería Ferrari.
Alrededor, los múltiples bares y restaurantes hacen su “agosto” con los turistas locales, europeos, asiáticos y –principalmente- mexicanos. Los que tienen terrazas son los más buscados, por su vista privilegiada de todo el ambiente. Algunos que no la tenían, la improvisaron con alguna lona sobre la azotea. Todo sea por captar a la gente.
Jesse, el conductor de la Infiniti JX que nos llevó de un lado a otro en la ciudad, confiesa que no sabía nada de F1 antes de ser contratado para el evento, pero dice que comenzó a verlo y ya le gusta.
De una manera general, esto es lo que ocurre con el habitante de la capital texana en este segundo año de la F1 en su ciudad. Algunos están contentos por lo que representa para la economía local. Los hoteles, por ejemplo, están completamente llenos, incluso algunos ubicados a una hora de Austin. Otros está felices de ver tanta gente diferente en la ciudad. Conociendo o no el motivo que provoca esa rara salida de su rutina diaria, les encanta, les fascina, la fiesta que se hace.
Denle tiempo y los estadounidenses irán a comprender y hasta a disfrutar la llamada “categoría máxima” del automovilismo deportivo. Si se transformará en algo tan popular como la Nascar, depende de muchas cosas, entre ellas, de que haya un piloto estadounidense, de preferencia uno que sepa ganar, en la categoría.
Mientras tanto, con la “pachanga” animada más por los mexicanos que por otros, tienen para divertirse y, claro, hacer negocio, lo que es su verdadera “fiesta” y vocación.
Sergio Oliveira / Enviado