Beijing continúa lleno de contaminación
La polución no respeta ni siquiera el interior de los edificios y aún así las autoridades confían en que durante los Juegos habrá aire limpio
No por nada el Banco Mundial dice que de las 30 ciudades más contaminadas del mundo 20 están en China y Beijing encabeza la lista.
Los primeros 10 minutos en la ciudad olímpica contestan la pregunta que surgió desde el asiento 34R de un avión de United Airlines ¿Es neblina o contaminación?
La respuesta es obvia cuando los ojos la resienten. El aire huele a polvo. Se siente en la piel. ¿Y así se va a correr un maratón en la calle? Se escucha en español y en inglés durante la fila en la aduana china. No sólo lo dudan los recién llegados, también Jacques Rogge, el presidente del Comité Olímpico Internacional quien ha declarado que pruebas de resistencia como esa podrían suspenderse para evitar daños a los atletas.
El gris no se queda en el aeropuerto, nos acompaña por todo Beijing o Pekín como le llaman los chinos. Si es de día no se sienten los rayos del sol, así que los lentes oscuros pueden no salir de la maleta, aunque haga calor y si es de noche no se miran las estrellas, ni una sola.
Aunque los chinos invierten para que el cielo este limpio. Por la ciudad circulan 10 millones de bicicletas, han retirado a 50 mil taxis y autobuses contaminantes. Un 90% de los tres millones de automóviles que circulan son de modelos recientes.
Por las grandes avenidas hay árboles de todas las especies, con flores rosas, con hojas que dan tonos verde fosforescente. La ciudad está llena de parques y lagos construidos siguiendo escrupulosamente las normas del feng shui, que significa viento y agua. Es una práctica cuyo objetivo es el entendimiento de las relaciones entre la naturaleza y los seres humanos e influye en la ubicación y la orientación de las construcciones. Es evidente el esfuerzo que hacen los pekineses por parecer una ciudad limpia aunque la suciedad está a la vista. No hay basura en las calles, pero si huellas viejas de excreciones, porque no han logrado acabar con la costumbre de escupir y sentar a los niños para que hagan sus necesidades al aire libre.
Las banquetas están llenas de botes con leyendas en chino y en inglés que invitan a separar la basura orgánica de la inorgánica. Pero esa no es la explicación de por qué no hay basura. Más bien la tarea la hacen miles de barredores las 24 horas del día.
>Se les ve con botes azules recorriendo la ciudad y recogiendo todo lo que la gente tira. Cualquier extranjero, incluyendo los nativos de la ciudad de México que deberían ya estar acostumbrados a la contaminación, reciente la pesadez del aire.
Al segundo o tercer día de estancia en Beijing las consecuencias comienzan. Se ensucia el pelo, los labios se agrietan, la piel se reseca. Si te pasas un papel por la frente se pone negro, la cabeza comienza a retumbar, pues a la contaminación hay que sumarle 3 millones de cláxones haciendo ruido todo el día.
Pero tampoco ellos terminan de acostumbrarse y sus cuerpos también los resienten. Tan sólo el año pasado 460 mil chinos murieron a consecuencia de la contaminación ya sea de cáncer pulmonar o por consumo de agua contaminada. El aire negro es parte de sus vidas. Viajan en bicicleta con cubre bocas. De hecho, se ha vuelto parte de la vestimenta y puedes encontrar a jóvenes con diseños, de Hello Kitty por ejemplo, en sus tapabocas.
Los extranjeros que han vivido varios años en Beijing han visto como se ha ido oscureciendo. Dudan que en un par de meses el cielo vuelva a ser azul.
Los chinos dicen que Beijing comenzó a ponerse gris cuando se llenó de fábricas y los pekineses tuvieron poder adquisitivo para estrenar automóvil. Desde entonces no se distinguen horarios, hay el mismo cielo a las 10 de la mañana que a las tres de la tarde.
Todas las cifras económicas procedentes de China son espectaculares en los últimos años, pero el costo ha sido alto: han sacrificado el aire. Es el país que más ha contribuido al efecto invernadero. Eso sí, hoy sus fábricas representan el 70% de la producción mundial de fotocopiadoras, el 70% en calzado, el 65% en aparatos de audio y video, el 45% en microondas y el 30% en lectores de CD, por mencionar algunas.
Pero hay esperanza, pues entre los planes de contingencia para el tiempo que duren los Juegos Olímpicos se contemplan medidas drásticas. Pero nadie sabe de cierto qué va a pasar cuando terminen y los chinos se queden solos.