Cultura

Románticos del papel

El papel y su pasión por lo impreso los mantienen a la cabeza de revistas literarias, para acariciar y atesorar. Sentirlas en las manos y disfrutar el aroma de la tinta no tiene comparación, aseguran

GUADALAJARA, JALISCO (08/SEP/2011).- Ellos no anhelan comerse al mundo, sino encontrar los medios para imprimir y mantener una revista literaria y pasar a la historia como lo hicieron otros escritores: el cubano José Lezama Lima con Orígenes en los años cuarenta o el mexicano Octavio Paz con Vuelta a finales de los setenta, ambas en el lejano siglo XX. El olor a tinta, mancharse los dedos de negro, descubrir las texturas del papel o separar las hojas que no fueron refiladas son sensaciones que los editores disfrutan y extrañan; sin embargo, volverían a pasar por el mismo camino, una y otra vez, pese a que los problemas de antes, son los mismos de ahora para poner a circular una publicación en papel.

Porque fue éste, el papel, el soporte que los conquistó. Con el boom de internet creen fielmente en la convivencia de los formatos: tradicional y digital. Por ese motivo, siguen con sus revistas, pese a la falta de recursos, que garantizan la existencia de las publicaciones, y a los problemas de distribución.  Actualmente en la ciudad, son pocas las revistas literarias independientes, sobresalen Metrópolis, La voz de la esfinge y Reverso, las dos últimas están en pausa por lo menos de aquí a noviembre. Existen otras, cuyo origen es universitario como es el caso de Numen y Galápago.

Algunos editores como Carlos López de Alba, José Israel Carranza, Carlos Vicente Castro, Luis Vicente de Aguinaga  y Antonio Marts explican las razones por las cuales fundaron revistas impresas y su relación amor-odio con sus proyectos.

El responsable de La voz de la esfinge, Antonio Marts, comentó que uno de los motivos para mantener su revista en papel y no mudarse por completo a internet es “una especie de vicio”, ya que de las cosas que más disfruta está su visita a la imprenta y tocar los ejemplares de su revista.  

“Ésas son algunas de las satisfacciones que encuentro o unas de las razones para seguir publicando en papel, aunque se vuelva un poco complicado actualmente”, dijo Marts. En lo anterior, coincide Carlos López de Alba, de Reverso, quien destacó que este tipo de revistas, con o sin medios electrónicos, siempre ha estado en crisis y el presente es “sólo una vuelta de rueda más”, situación que es vista por el editor como una ventaja, ya que le permite al lector apreciar más el producto en papel, porque hoy aspectos románticos como el olor a tinta “se vuelven un plus”.

“Siempre ha estado en crisis este sector, cuando no es por la economía es por la falta de políticas, por la falta de apoyo de la inversión privada, es decir publicidad, o por la competencia, que ahora se llama medios electrónicos”, dijo López de Alba.

¿Dónde quedan las caricias?
Por su parte, el director de Metrópolis, Carlos Vicente Castro, explicó que “el objeto es necesario” y ejemplificó con una relación amorosa vía web, donde no existe el tacto y la pregunta inmediata es ¿dónde quedan las caricias?, lo mismo ocurre con las publicaciones en internet.  

“Es importante para las personas coleccionarlas y a las bibliotecas muy poco les importa si la revista sale en internet”, apuntó el poeta y director de Metrópolis.  

La visión de los escritores está en la voz del poeta Luis Vicente de Aguinaga, quien recordó que la publicación de sus textos en las revistas literarias era “el testimonio de que habías encontrado un interlocutor, de pronto tenías un ejemplar, donde aparecía tu poema o tu artículo”.

Añadió que este tipo de publicaciones ofrece ciertas ventajas a los lectores como lo es el hallazgo de escritos por contigüidad o por la cercanía al hojear. “Eso te abre una perspectiva, mucho más amplia a la que tenías antes, porque cada texto te proyecta en dirección diferente”.

Para el también traductor, la relación entre el autor y las revistas cambia con la edad, “se hace uno más selectivo”.

Por otra parte, José Israel Carranza, quien durante los años noventa editó El Zahir, señaló que la preferencia por los medios impresos está relacionada con razones sentimentales o “un poco fetichistas”. Aunque, reconoció que este tipo de publicaciones se pueden “atesorar o acomodar en un estante de la biblioteca y regresar a ellas, pero son motivos de naturaleza sentimental. Los que seguimos comprando revistas, lo hacemos porque, en buena medida, somos unos nostálgicos y no queremos que  desaparezca ese mundo que conocimos, cuando empezamos como lectores, escritores y editores”.  

“No sólo se hacen menos –revistas-, sino que interesan menos, lo cual implica un precio, en algunos casos bastante alto. Hay cosas que se pierden porque formaban parte de las revistas de antes o de los suplementos literarios como la crítica de poesía”, afirmó Luis Vicente de Aguinaga.

Otras cosas que se pierden son los cafés entre amigos que emprendían su revista y las discusiones generadas en esos espacios, donde ocurrían toda clase de disertaciones sobre la literatura y los llamados “grupitos de escritores”.

Ilusos versus nostálgicos
La convivencia de los medios impresos con los electrónicos es la apuesta de la mayoría de editores, quienes además de la revista en papel, cuentan con un sitio web para la difusión de su trabajo.  

El editor de Reverso, Carlos López de Alba, expresó que “no veo riesgos en las publicaciones impresas, especialmente en las enfocadas a la difusión de las artes, porque estoy convencido de que nuestros lectores aprecian la revista”.  Añadió que los medios impresos no hacen más vulnerable a las publicaciones, pese a la inmediatez o a la facilidad de realizar una revista en internet.

Apuntó que Reverso está en un proceso de reinvención para captar nuevos lectores, “me gusta la experiencia digital. No creo que nuestros lectores vayan a migrar de un soporte a otro, tenemos cautivo al lector de la revista impresa, pero hay que captar nuevos lectores”.

José Israel Carranza explicó que es difícil para las revistas en papel competir con la publicación en línea por los costos y por los alcances, ya que internet permite llegar a cualquier parte del mundo. Además, en el formato digital existe una mayor autosuficiencia de los editores y de los autores.  

“Hay una falsa creencia de que el formato digital es más barato, pero requiere una inversión”, agregó López de Alba. En lo anterior, coincide el director de Metrópolis, Carlos Vicente Castro, quien detalló que en la web también hay riesgos y calificó como “románticos” a los editores que sólo cuentan con una revista de manera virtual y “en un sentido de ilusos, porque en internet dejas de pagar tu sitio y de pronto puede desaparecer y es como si nunca hubiera existido”.

Cuestionó el número de visitas en un sitio web, ya que esa cifra no significa lectores cautivos. Para Metrópolis, su portal es una ventana al mundo  y un medio para encontrar también autores.

Antonio Marts, de La voz de la esfinge, precisó que internet le produce al lector una sensación de gratuidad de los contenidos, lo que no es así. Concluyó que mantener una publicación impresa no significar estar peleado con lo virtual y “la cuestión es encontrar cómo vamos a convivir con ambos formatos, porque lo que importa es el contenido”.

Convivencia para rato
Las historias de las revistas impresas son las mismas: un grupo de amigos se reúne, ponen textos y dinero e incluso invitan a un pintor a ilustrar sus páginas. José Israel Carranza explicó que durante los primeros números de vida de las publicaciones, éstos no buscan ser incluyentes, ya que la pluralidad se logra con el tiempo.

De las antiguas revistas, Carlos López de Alba señaló que es necesario imitar lo bueno, pero deben existir los momentos de ruptura, porque “los editores seguimos con los mismos problemas que en siglos pasados, que son financiamiento y distribución”.

El escritor Luis Vicente de Aguinaga recordó que cuando publicaba La Migala en 1995 en muchas ocasiones puso dinero de su bolsa para mantener su proyecto, ya que la venta de publicidad no era suficiente y a veces le daba pena cobrarle a los comerciantes porque ese año fue uno terrible para el país.

José Israel Carranza destacó que en México, “un país rezagado en las nuevas tecnologías”, todavía  hay mucho tiempo para publicaciones impresas. Aunque cada vez, este tipo de revistas está en una mayor desventaja frente a la internet, pero seguirán los románticos que deseen atesorarlas.

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Metrópolis
Es una revista dedicada a la poesía, que se distribuye de manera gratuita en la ciudad, principalmente en la zona Chapultepec. Hasta el momento, Metrópolis va en su número 39.  
Con un tiraje de dos mil ejemplares, la publicación cuenta con la beca Edmundo Valadés para revistas independientes del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca) para su realización.
www.revista-metropolis.com

Reverso   
Reverso es una publicación que busca mostrar un panorama de la literatura actual en México. Por el momento, el proyecto está en restauración. Con un precio al lector de 40 pesos, la revista  cumplió 10 años en 2010.Está en pausa hasta noviembre.
www.reversomagazine.com

La voz de la esfinge
Con 13 años de existencia, La voz de la esfinge es una revista literaria, cuyo tiraje es de 300 ejemplares y el precio a los lectores es de 50 pesos.
El editor Antonio Marts señaló que se tiene planeado que el próximo número se presente durante la edición número 25 de la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara. En pausa.
www.cfediciones.com/voz-esfinge

Fragmento
El perímetro de la hoja. Las revistas literarias de Guadalajara (1991-2000)
Pedro Valderrama Villanueva.Ediciones Arlequín. 2007.

Guadalajara es, sin duda, cuna de destacados narradores, poetas y editores tanto del siglo XIX como del XX. Recordemos que Juan José Arreola, Emmanuel Carballo y Elías Nandino no sólo se distinguieron por su pluma  hábil, sino por su talentoso desempeño al frente de diversas empresas editoriales; dicho sea de paso, ejecutadas casi todas en la Ciudad de México a mediados de la centuria pasada.

Arreola es un editor imprescindible en la formación y difusión de escritores jóvenes que comienzan a publicar en la década de 1950, como Elena Poniatowska, Carlos Fuentes, Tomás Segovia, José Emilio Pacheco y Sergio Pitol, a través de colecciones como Los Presentes, Los cuadernos del Unicornio y la revista literaria Mester, al igual que Elías Nandino con Estaciones, y Emmanuel Carballo, que además de fundar y dirigir Ariel y la Revista Mexicana de Literatura, junto con Carlos Fuentes, editó destacados títulos en su editorial Diógenesis a finales de la década de 1960, como Pasto verde y En la ruta de onda, de Parménides García Saldaña, y de otros autores de La Onda. En Guadalajara, Adalberto Navarro Sánchez, con la editorial y revista Et Caetera; Arturo Rivas Sainz, son Summa, y Ernesto Flores, con Coatl y Esfera, son desde la década de 1940 hasta 1980, los tres editores de libros y revistas culturales más importantes del occidente de México.

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