Cultura
Reaparece Filodecaballos
Con cuatro títulos, de 11 que publicará en 2013, León Plascencia Ñol hará de anfitrión el viernes
GUADALAJARA, JALISCO (01/MAY/2013).- “En el arte de la edición, el amor por la palabra es absoluto, aunque los editores parezcan olvidarlo”. Ese fue uno de los primeros tuits de la nueva era de Filodecaballos, editorial nacida en 2000, pausada en 2005, y cuyo relanzamiento tendrá lugar el próximo viernes 3 de mayo en Casa Zuno a las 20:30 horas.
Esa noche la editorial fundada y encabezada por el poeta y editor León Plascencia Ñol, ofrecerá cuatro de los 11 títulos que prevé publicar en 2013: El finalista, de Eugenio Partida; Instrucciones para destruir mantarrayas, de Luis Eduardo García; Libretas, de Jorge Curioca, y Blanco sucio, de Álvaro Luquín.
En entrevista telefónica, Plascencia Ñol afirma que con este nuevo lance editorial está interesado en publicar autores jóvenes, autores descatalogados, con prestigio, y también en otras lenguas. Escritores que cree que pueden ser interesantes para los lectores. A diferencia del año 2000, en el que Filodecaballos se decantaba por los libros de poesía y ensayo, en 2013 el catálogo se amplió, pues ahora se acerca a géneros como la narrativa y la crónica.
El editor, quien recide en el DF, comenta que el primer título de crónica que publicará la editorial se titula Estúpidas razones para volver a Berlín, escrito por Julián Herbert , ganador de Premio Nacional de Cuento Juan José Arreola en 2006 y el Premio de Novela Elena Poniatowska en 2012, entre otros. Resalta que en el caso de la publicación de crónica habrá dos formatos distintos: cuando se trate de una crónica solitaria se confeccionarán libros pequeños, de bolsillo; y cuando sea un libro que conjunte una serie de crónicas tendrá otro formato, pero respetando las características del diseño.
El trabajo con los textos
Medio en serio, medio en broma, reflexiona que “editar es el arte de la suplantación” (también un tuit en @filodecaballos), pues el editor termina apoderándose del texto y del escritor y, de alguna manera, lo vuelve suyo. A través de su labor, el editor permite que el libro también sea de otros: “Porque como editor tratas de verlos desde distintos ángulos y niveles, tratas de encontrar las virtudes del texto y todo eso lo vas platicando con el autor, tratando de que el texto mejore”, explica el jalisciense nacido en 1968.
Pone de relieve la palabra por sobre todas las cosas. El diseño, por muy bello que sea, debe estar en segundo plano, pues lo que importa es el texto.
“Yo divido el trabajo editorial en dos niveles: el editor comercial, que es el que se olvida de la palabra y busca en realidad que el mercado funcione a partir de los libros que escoge, no importa a veces la calidad literaria, sino cuánto se produce a través de este libro; y los editores en los que me interesa estar a mí que son los editores que aman realmente la palabra y aman la literatura y buscan que los libros que publican sean libros que convoquen a un nuevo lector”.
Como lector, le interesa observar el empuje literario de los jóvenes, pues le permite descubrir lo que se está generando en la actualidad. “Eso te da muchísimo impulso para entender la literatura de otra manera”.
Los libros que presentará en Casa Zuno están escritos por cuatro mexicanos: tres jaliscienses y uno originario del Distrito Federal. Sin embargo, dice que no se había dado cuenta que así saldrían los primeros títulos, pues con el apoyo que el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) les entregó para echar a andar la editorial, había una petición muy precisa: que los autores publicados fueran de origen mexicano. Dos de estos cuatro libros se publicarán gracias a ese apoyo; los otros dos, por financiamientos distintos.
De la novela El finalista, de Eugenio Partida, destaca que es una historia desaforada y que se desarrolla en Guadalajara -aunque el autor no lo dice-, donde el lector podrá ver retratados a distintos personas que deambulan diariamente por la ciudad. Plascencia Ñol asegura que Álvaro Luquín -cuyo libro Blanco sucio goza de sentido del humor, sarcasmo e ironía- es un poeta que ha crecido en poco tiempo y su voz comienza a notarse. “Yo no tengo la menor duda de que en poco tiempo Álvaro Luquín será uno de los jóvenes poetas más interesantes de este país”.
Álvaro Luquín dice que Filodecaballos es una editorial que le gusta mucho porque apuesta por cosas nuevas, rescata poetas y cuentistas que no son muy conocidos, además de la visión del editor que califica de “impecable en todo lo que hace”.
De Instrucciones para destruir mantarrayas, de Luis Eduardo García -ganador del Premio Nacional de Poesía Joven Elías Nandino en 2012-, comenta que es un libro con “estética completamente pop” y que juega con el humor. “Esta nueva entrega lo confirma como una de las voces más importantes de las nuevas generaciones”.
Luis Eduardo García agregó que escribió el libro a la par de que realizaba otros proyectos. Sin embargo, dice que la publicación reúne una serie de poemas ‘rebeldes’, porque se rehusaban a formar parte de otros libros. “Son poemas que necesitaba darles salida, casi casi como una exigencia de los propios textos”. Plascencia Ñol señala que tras una estancia de 11 años en España, Jorge Curioca le entregó un libro conformado por una serie de poemas y reflexiones que el escritor capitalino plasmó en libretas y cuadernos. El trabajo del editor fue tratar de encontrar en esas libretas “el centro, la nuez”, agruparlas y publicarlas en seis apartados con distintas características tipográficas.
POEMA
Libreta tres(Jorge Curioca)
El relincho desesperado del caballo
no se detuvo
en toda la noche
alzaba las patas
en mi cabeza.
por la mañana
dejó un cansancio
extraño
en el estómago
FRAGMENTO
El finalista (Eugenio Partida)
Los dos hermanos se mudaron a la ciudad para continuar sus estudios, pero mi tío Mario, para decepción de la familia, abandonó la escuela. Se dedicó al deporte y comenzó a jugar en las bases del club Atlas. Mi padre, en cambio, terminó la preparatoria y se inscribió en la Facultad de Leyes, lo que lo haría el consentido de la casa. En realidad asistió irregularmente a clases el primer semestre, y el segundo comenzó a faltar semanas enteras. Se quedaba en su cuarto de la pensión de estudiantes de la calle de Liceo y se dedicaba a leer. Leía a Dostoievski, Tolstoi, Panait Istrati, a Knut Hamsum, tal como lo marcan las fechas de sus libros que yo heredaría. Se dedicaba a vagar sin rumbo, siempre con un libro bajo el brazo, dando vueltas en los camiones urbanos de vidrios azules pensando en aquello que había leído. Vueltas y vueltas en los viejos camiones que recorrían las calles del centro hasta la estación del ferrocarril y luego vuelta hasta el panteón de Mezquitán. Vueltas y vueltas leyendo novelas y libros de versos de aquellas ediciones de Orión y Porrúa o Espasa Calpe. Merodeaba los portales del centro donde se reunían algunos literatos que él veía de lejos, en el café Madrid o en el café de la Parroquia. Y volvía al pueblo. Al principio cada semana, a irse de parranda o a alguna fiesta con otros jóvenes de su generación. Pero luego comenzó a faltar al pueblo también. Aludía exámenes y prácticas escolares. Cada vez se le iba haciendo más difícil llegar a la casa paterna y conversar acerca de sus clases, sus progresos, la vida de estudiante en la ciudad. Alberto, su hermano mayor --convertido en un inválido en silla de ruedas por una herida de bala debido a los líos de tierras--, le mostraba los papeles que lentamente iban y venían de la Secretaría de la Reforma Agraria y le pedía que se aplicara en sus clases para que pronto se hiciera cargo oficialmente de los trámites. Pero para entonces mi padre --ese hombre joven que luego sería mi padre-- ya trabajaba calladamente su esperanza. No le interesaba ser abogado, iba a convertirse en escritor.
Esa noche la editorial fundada y encabezada por el poeta y editor León Plascencia Ñol, ofrecerá cuatro de los 11 títulos que prevé publicar en 2013: El finalista, de Eugenio Partida; Instrucciones para destruir mantarrayas, de Luis Eduardo García; Libretas, de Jorge Curioca, y Blanco sucio, de Álvaro Luquín.
En entrevista telefónica, Plascencia Ñol afirma que con este nuevo lance editorial está interesado en publicar autores jóvenes, autores descatalogados, con prestigio, y también en otras lenguas. Escritores que cree que pueden ser interesantes para los lectores. A diferencia del año 2000, en el que Filodecaballos se decantaba por los libros de poesía y ensayo, en 2013 el catálogo se amplió, pues ahora se acerca a géneros como la narrativa y la crónica.
El editor, quien recide en el DF, comenta que el primer título de crónica que publicará la editorial se titula Estúpidas razones para volver a Berlín, escrito por Julián Herbert , ganador de Premio Nacional de Cuento Juan José Arreola en 2006 y el Premio de Novela Elena Poniatowska en 2012, entre otros. Resalta que en el caso de la publicación de crónica habrá dos formatos distintos: cuando se trate de una crónica solitaria se confeccionarán libros pequeños, de bolsillo; y cuando sea un libro que conjunte una serie de crónicas tendrá otro formato, pero respetando las características del diseño.
El trabajo con los textos
Medio en serio, medio en broma, reflexiona que “editar es el arte de la suplantación” (también un tuit en @filodecaballos), pues el editor termina apoderándose del texto y del escritor y, de alguna manera, lo vuelve suyo. A través de su labor, el editor permite que el libro también sea de otros: “Porque como editor tratas de verlos desde distintos ángulos y niveles, tratas de encontrar las virtudes del texto y todo eso lo vas platicando con el autor, tratando de que el texto mejore”, explica el jalisciense nacido en 1968.
Pone de relieve la palabra por sobre todas las cosas. El diseño, por muy bello que sea, debe estar en segundo plano, pues lo que importa es el texto.
“Yo divido el trabajo editorial en dos niveles: el editor comercial, que es el que se olvida de la palabra y busca en realidad que el mercado funcione a partir de los libros que escoge, no importa a veces la calidad literaria, sino cuánto se produce a través de este libro; y los editores en los que me interesa estar a mí que son los editores que aman realmente la palabra y aman la literatura y buscan que los libros que publican sean libros que convoquen a un nuevo lector”.
Como lector, le interesa observar el empuje literario de los jóvenes, pues le permite descubrir lo que se está generando en la actualidad. “Eso te da muchísimo impulso para entender la literatura de otra manera”.
Los libros que presentará en Casa Zuno están escritos por cuatro mexicanos: tres jaliscienses y uno originario del Distrito Federal. Sin embargo, dice que no se había dado cuenta que así saldrían los primeros títulos, pues con el apoyo que el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) les entregó para echar a andar la editorial, había una petición muy precisa: que los autores publicados fueran de origen mexicano. Dos de estos cuatro libros se publicarán gracias a ese apoyo; los otros dos, por financiamientos distintos.
De la novela El finalista, de Eugenio Partida, destaca que es una historia desaforada y que se desarrolla en Guadalajara -aunque el autor no lo dice-, donde el lector podrá ver retratados a distintos personas que deambulan diariamente por la ciudad. Plascencia Ñol asegura que Álvaro Luquín -cuyo libro Blanco sucio goza de sentido del humor, sarcasmo e ironía- es un poeta que ha crecido en poco tiempo y su voz comienza a notarse. “Yo no tengo la menor duda de que en poco tiempo Álvaro Luquín será uno de los jóvenes poetas más interesantes de este país”.
Álvaro Luquín dice que Filodecaballos es una editorial que le gusta mucho porque apuesta por cosas nuevas, rescata poetas y cuentistas que no son muy conocidos, además de la visión del editor que califica de “impecable en todo lo que hace”.
De Instrucciones para destruir mantarrayas, de Luis Eduardo García -ganador del Premio Nacional de Poesía Joven Elías Nandino en 2012-, comenta que es un libro con “estética completamente pop” y que juega con el humor. “Esta nueva entrega lo confirma como una de las voces más importantes de las nuevas generaciones”.
Luis Eduardo García agregó que escribió el libro a la par de que realizaba otros proyectos. Sin embargo, dice que la publicación reúne una serie de poemas ‘rebeldes’, porque se rehusaban a formar parte de otros libros. “Son poemas que necesitaba darles salida, casi casi como una exigencia de los propios textos”. Plascencia Ñol señala que tras una estancia de 11 años en España, Jorge Curioca le entregó un libro conformado por una serie de poemas y reflexiones que el escritor capitalino plasmó en libretas y cuadernos. El trabajo del editor fue tratar de encontrar en esas libretas “el centro, la nuez”, agruparlas y publicarlas en seis apartados con distintas características tipográficas.
POEMA
Libreta tres(Jorge Curioca)
El relincho desesperado del caballo
no se detuvo
en toda la noche
alzaba las patas
en mi cabeza.
por la mañana
dejó un cansancio
extraño
en el estómago
FRAGMENTO
El finalista (Eugenio Partida)
Los dos hermanos se mudaron a la ciudad para continuar sus estudios, pero mi tío Mario, para decepción de la familia, abandonó la escuela. Se dedicó al deporte y comenzó a jugar en las bases del club Atlas. Mi padre, en cambio, terminó la preparatoria y se inscribió en la Facultad de Leyes, lo que lo haría el consentido de la casa. En realidad asistió irregularmente a clases el primer semestre, y el segundo comenzó a faltar semanas enteras. Se quedaba en su cuarto de la pensión de estudiantes de la calle de Liceo y se dedicaba a leer. Leía a Dostoievski, Tolstoi, Panait Istrati, a Knut Hamsum, tal como lo marcan las fechas de sus libros que yo heredaría. Se dedicaba a vagar sin rumbo, siempre con un libro bajo el brazo, dando vueltas en los camiones urbanos de vidrios azules pensando en aquello que había leído. Vueltas y vueltas en los viejos camiones que recorrían las calles del centro hasta la estación del ferrocarril y luego vuelta hasta el panteón de Mezquitán. Vueltas y vueltas leyendo novelas y libros de versos de aquellas ediciones de Orión y Porrúa o Espasa Calpe. Merodeaba los portales del centro donde se reunían algunos literatos que él veía de lejos, en el café Madrid o en el café de la Parroquia. Y volvía al pueblo. Al principio cada semana, a irse de parranda o a alguna fiesta con otros jóvenes de su generación. Pero luego comenzó a faltar al pueblo también. Aludía exámenes y prácticas escolares. Cada vez se le iba haciendo más difícil llegar a la casa paterna y conversar acerca de sus clases, sus progresos, la vida de estudiante en la ciudad. Alberto, su hermano mayor --convertido en un inválido en silla de ruedas por una herida de bala debido a los líos de tierras--, le mostraba los papeles que lentamente iban y venían de la Secretaría de la Reforma Agraria y le pedía que se aplicara en sus clases para que pronto se hiciera cargo oficialmente de los trámites. Pero para entonces mi padre --ese hombre joven que luego sería mi padre-- ya trabajaba calladamente su esperanza. No le interesaba ser abogado, iba a convertirse en escritor.