Cultura
Pláticas sobre peces, en Desaire de elevadores
El montaje permanecerá en cartelera los jueves, viernes, sábados y domingos de mayo, junio y julio, en el espacio del Núcleo Agua Azul.
GUADALAJARA, JALISCO (28/MAY/2011).- Una disertación sobre el origen de la vida es el principio de la puesta en escena Desaire de elevadores, que dirige Alberto Villarreal, quien además es el dramaturgo de la obra.
El estreno del montaje en la ciudad se realizó el pasado jueves en el Teatro Experimental, foro que lució casi a la mitad de su capacidad. El público, en su mayoría artistas escénicos, durante una hora y 15 minutos disfrutaron el trabajo, que involucró a actores locales.
Cuatro hombres y tres mujeres abren un portón para acceder a una sala, donde ya espera una mujer con un exótico peinado –Karina Hurtado-, quien durante una gran parte de la obra no dice nada, es como un espectador más.
En esa sala no hay muebles, sólo un par de sillas y varias regaderas. Ahí en el departamento de la inquilina 401 –Ana Elisa Fernández- se reúnen otros habitantes del cuarto piso de un edificio, quienes sufren de insomnio y para mitigar su soledad conversan sobre sus problemas, considerados patrimonios de todos.
Cada uno de los personajes cuenta su historia, sin importar si se interrumpe o no a los otros. La idea consiste en describir cómo es que llegaron a ese punto y cuáles son sus penas, que cargan como costales llenos sobre sus espaldas.
De los actores que integran Desaire de elevadores destacan el inquilino 408 –Andrés David-, los del 403 –Sara Isabel Quintero y Jesús Hernández- y el 305 –Carlos Gómez Cacho-.
Las historias de cada uno de los personajes son pequeñas tragedias, donde la soledad y el vicio están presentes. Con algunas de las anécdotas de los personajes el público se sentirá identificado, pues cada uno de los insomnes tiene una manera distinta de mirar el mundo.
Entre los asistentes a la función del estreno se escucharon varias risas por los diálogos de los personajes o por las caídas de la inquilina 405 –Vera Wilson-, quien hace poco terminó una relación y relata la ausencia que vive. Además es, de alguna manera, la culpable de la situación de todos.
Uno de los aspectos más destacados de la puesta en escena Desaire de elevadores es el espacio escénico que es minimalista y tiene elementos hermosos como cuando la pareja del 403 relata sus sueños y cae nieve sobre ambos personajes que describen lo miserable y triste que ha sido su vida en pareja.
Este montaje permanecerá en cartelera los jueves, viernes, sábados y domingos de mayo, junio y julio, en el espacio del Núcleo Agua Azul.
El talento
Alberto Villarreal, director y dramaturgo
Beto Ruiz, asistente de dirección
Ana Elisa Fernández, Vera Wilson, Bernardo Cárdenas, Andrés David, Karina Hurtado, Carlos Cacho, Jesús Hernández y Sara Isabel Quintero, actores
Julia Reyes, diseño de escenografía, vestuario e iluminación
Rogelio Zepeda, diseño constructivo de escenografía
El estreno del montaje en la ciudad se realizó el pasado jueves en el Teatro Experimental, foro que lució casi a la mitad de su capacidad. El público, en su mayoría artistas escénicos, durante una hora y 15 minutos disfrutaron el trabajo, que involucró a actores locales.
Cuatro hombres y tres mujeres abren un portón para acceder a una sala, donde ya espera una mujer con un exótico peinado –Karina Hurtado-, quien durante una gran parte de la obra no dice nada, es como un espectador más.
En esa sala no hay muebles, sólo un par de sillas y varias regaderas. Ahí en el departamento de la inquilina 401 –Ana Elisa Fernández- se reúnen otros habitantes del cuarto piso de un edificio, quienes sufren de insomnio y para mitigar su soledad conversan sobre sus problemas, considerados patrimonios de todos.
Cada uno de los personajes cuenta su historia, sin importar si se interrumpe o no a los otros. La idea consiste en describir cómo es que llegaron a ese punto y cuáles son sus penas, que cargan como costales llenos sobre sus espaldas.
De los actores que integran Desaire de elevadores destacan el inquilino 408 –Andrés David-, los del 403 –Sara Isabel Quintero y Jesús Hernández- y el 305 –Carlos Gómez Cacho-.
Las historias de cada uno de los personajes son pequeñas tragedias, donde la soledad y el vicio están presentes. Con algunas de las anécdotas de los personajes el público se sentirá identificado, pues cada uno de los insomnes tiene una manera distinta de mirar el mundo.
Entre los asistentes a la función del estreno se escucharon varias risas por los diálogos de los personajes o por las caídas de la inquilina 405 –Vera Wilson-, quien hace poco terminó una relación y relata la ausencia que vive. Además es, de alguna manera, la culpable de la situación de todos.
Uno de los aspectos más destacados de la puesta en escena Desaire de elevadores es el espacio escénico que es minimalista y tiene elementos hermosos como cuando la pareja del 403 relata sus sueños y cae nieve sobre ambos personajes que describen lo miserable y triste que ha sido su vida en pareja.
Este montaje permanecerá en cartelera los jueves, viernes, sábados y domingos de mayo, junio y julio, en el espacio del Núcleo Agua Azul.
El talento
Alberto Villarreal, director y dramaturgo
Beto Ruiz, asistente de dirección
Ana Elisa Fernández, Vera Wilson, Bernardo Cárdenas, Andrés David, Karina Hurtado, Carlos Cacho, Jesús Hernández y Sara Isabel Quintero, actores
Julia Reyes, diseño de escenografía, vestuario e iluminación
Rogelio Zepeda, diseño constructivo de escenografía