Cultura

''No me planteo escribir sobre la violencia''

La transmigración de los cuerpos es la reciente novela del escritor Yuri Herrera en la que los muertos siguen cobrando significados

CIUDAD DE MÉXICO (29/MAY/2013).- De lo primero que esta cronista le habla al escritor Yuri Herrera (Actopán, México, 1970) es de la transmigración de las almas. El autor de Trabajos del reino y Señales que precederán al fin del mundo es un hombre educado que sutilmente le hace ver el error a la periodista.

Lo suyo, lo reciente, es La transmigración de los cuerpos, novela editada por Periférica, la firma española preferida de Yuri y su modo de tomarse con calma una carrera más que promisoria, que lo ha convertido sin duda en uno de los escritores más interesantes del panorama literario mexicano.

Aunque los cuerpos transmigren en su historia de epidemias, deseos fulgurosos, personajes casi de cómic como La Tres Veces Rubia y El Alfaqueque, también transforman el alma de los lectores.

Herrera vuelve con su pluma atmosférica a perfumar el mal olor de los cadáveres y a aturdir con el zumbido de insectos milenarios un paisaje que por ser de este tiempo no es de ninguno y que por no referirse periodísticamente al mapa de la sangre que mancha nuestro territorio cercano, pinta como nada esto que nos pasa y nos traspasa.

Hay, a diferencia de sus novelas anteriores, una elaboración más sofisticada alrededor de personajes que se mueven como en una historieta absurda, hecho que el escritor adjudica a “que más que una protagonista definida, el peso recae aquí en las características específicas de cada uno de los personajes”.

“Me gusta que los personajes tengan peso, plasticidad, que sean memorables no por una característica física, sino porque de inmediato llegan y se imponen en un cierto ámbito”, expresa el también profesor en la Universidad de Carolina del Norte en Charlotte.

–¿Qué es La transmigración de los cuerpos para ti?


–Es un concepto que me inventé a propósito de los muertos. Frecuentemente, vemos los cadáveres como el fin de algo, cuando en realidad los cuerpos muertos siguen cobrando significados. Para la familia, para el entorno en el que están…Una de las cosas que suceden en esta novela es que tenemos a este personaje cuidando de esos cuerpos, preservándolos, tratando de hacer que se los respete, es decir, dándoles un lugar que los otros no les quieren conceder.

–¿Y en el contexto de tu obra, qué significa esta novela tan concisa y precisa en términos de lenguaje?

–Empecé a pensar a este libro como parte de una trilogía junto a Señales… y Trabajos del reino. Sabía lo que quería y sabía que quería escribirlo en un registro similar a aquellas novelas. Creo que los tres libros se comunican muy bien entre sí.

– El lenguaje utilizado en este libro es distinto al de los anteriores…

–Lo que pasa es que en cada libro trato de proponer un tratamiento lingüístico diferente. No por capricho, sino porque el lenguaje tiene relación directa con los problemas y con la historia que estás tratando de contar. No entiendo a la gente que ve el estilo como un mero ornamento. Para mí el estilo tiene que ver con el núcleo emocional de la novela. Creo que a la hora de escribir debes hacer un esfuerzo por hallar, por reconstruir, por articular formas de decir singulares en cada proyecto. Lo que trato de hacer es combinar los distintos insumos lingüísticos que aprecio, entre el habla callejera, mis lecturas y las palabras que simplemente se me van ocurriendo e incluyo en la historia.

–¿Es un esfuerzo importante esa búsqueda? Lo digo en el sentido de que te tomas tu buen tiempo entre una novela y otra…

–Es un esfuerzo importante, pero a la vez gozoso, que me da mucho placer. Lo que hago es tomar muchas notas, que el libro se vaya descubriendo poco a poco, que se organice, que las ideas vayan madurando y hago muchas otras cosas entre libro y libro. Por ejemplo, escribo mucho para revistas independientes. Yo tuve una y sé lo difícil que es sobrevivir para las revistas… pienso también que para que los libros tengan densidad uno tiene que poner algo ahí de la vida que transcurre afuera y no estar solo adentro de la historia. No soy de esos que dicen que la única cosa en su vida son los libros y la escritura.

–Vuelves a transitar el México de la violencia sin por ello citar datos o repetir clichés al respecto…

–No me planteo el hecho de escribir sobre la violencia. Lo que quiero es escribir sobre historias que me importan, sobre historias que he escuchado y partes de esas narraciones y de esos problemas tienen que ver con la violencia, pero ese no es mi propósito literario.

Con información de SinEmbargo.mx

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