Cultura

Necesarias, compañías de teatro: Luis de Tavira

Anuncia que la estrategia para 2011 de la Compañía Nacional de Teatro será presentar su repertorio en diferentes entidades

GUADALAJARA, JALISCO (01/DIC/2010).- El director de la Compañía Nacional de Teatro, Luis de Tavira, se ha propuesto un objetivo para 2011: “Volver real lo que el nombre significa”, es decir, que los montajes de la agrupación se presenten en diferentes foros del país. Dicho propósito no es nuevo: tiene más de dos años en la mente del pedagogo, ensayista y director mexicano, y asegura que la agrupación de teatro más importante del país ya cuenta con el repertorio necesario para presentarse en los estados. Pone como ejemplo el estreno de El jardín de los cerezos, que se realizó en Colima y se presentó en Guadalajara durante la pasada Muestra Nacional de Teatro. Y será el próximo año cuando la obra basada en el texto de Antón Chéjov llegue al público de la Ciudad de México.

De la experiencia en Colima no podía esperar mejores resultados que sus tres funciones. De Tavira explica que existe una diferencia radical entre el público capitalino y el del interior del país, por lo que espera este año “volver real” el nombre de la Compañía Nacional de Teatro, que dirige desde 2008 con el objetivo de llevar a cabo una “renovación” que permitiera un elenco estable y la creación de repertorio.

“Hacemos teatro con agrupaciones inestables y eventuales, con actores que se reúnen para una obra y, una vez que se termina ésta, se dispersan. Eso difícilmente crea un lenguaje común o un estilo porque nos lleva a hacer del teatro un evento y, en efecto, hacemos muchas obras, pero no escribimos un discurso”, expresa el director.

Por eso, dice, para lograr que la compañía sea nacional, se ha trabajado primero en “la construcción de repertorio, porque no hay compañía sin un repertorio”. De Tavira define que ese repertorio debe ser plural: que muestre “la diversidad del teatro, su tradición, la dramaturgia nacional y también la emergencia de las nuevas teatralidades”.

A dos años de su llegada a la dirección, El jardín de los cerezos es el estreno número 15 de la Compañía Nacional de Teatro. “El año próximo la estrategia será distribuir ese repertorio, deberá ser una mayor presencia en el interior del país”.

—¿Qué se necesita para lograr una mayor presencia de la compañía en el interior del país?
—Una suma de esfuerzos, una suma amistosa. Tenemos que aprender a ser amigos entre las instituciones dedicadas a la acción cultural. Hay que ser convincentes y extender la mano para crear lazos de amistad y sumar entre todos, porque no sólo dependerá de la Compañía o del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) para realizarlo: dependerá de las instancias del interior del país. Pero estamos seguros de que también hay interés y aspiración para que las distintas comunidades se apropien de algo que es suyo, esta compañía.

—¿Cómo participa el público dentro de los retos del teatro?
—No hay teatro sin público; lo que sucede es que esto que llamamos público es una categoría indeterminada, es un anónimo casi vacío y sin sentido. Al público lo inventó Lope de Vega cuando dijo que quería hacer teatro para todos para la Corte: para los monjes, para los artesanos, para los labradores; eso quiere decir que público es el todo social. Sin embargo, la sociedad se fracciona, se divide en grupos y subgrupos, entonces deja de haber un teatro para un público y empiezan unos teatros para unos públicos.

Hoy en día, eso ya no es así, porque hay un todo social que está surgiendo de la mayor catástrofe espiritual de la historia: el proceso de masificación. En la masificación no puede haber teatro porque el teatro es el arte de la persona, y la masa es la negación de la persona; yo prefiero hablar del espectador. El espectador que, ya en el origen, no era cualquiera, sino el iniciado al misterio escénico. Así llegamos a otra prioridad del quehacer teatral: formar al espectador de teatro, porque no podemos suponerlo: tenemos que crearlo y formarlo, porque, sin él, no habrá teatro.

—¿Hay que apostarle a la producción sin importar su costo, siempre y cuando éste se justifique?
—No creo que necesite ninguna justificación la inversión a favor de la escena; lo criminal es que el presupuesto dedicado a la cultura y al arte se gaste en sindicato corrupto y burocracia estéril. Creo que criticar que se gaste cierta cantidad en un espectáculo es una mezquindad fatal que sólo puede nacer de la envidia: todos tenemos que buscar que haya dinero para el teatro. En efecto, a mí se me ha criticado mucho porque gestiono presupuestos, pero son para el teatro, no para mi persona.

Tenemos que seguir luchando por mejores presupuestos y por mejores estrategias para la distribución; es lamentable el estado de postración del gremio, porque no se invierte en lo necesario. Para que haya vitalidad en el teatro. creo que no debemos conformarnos, y la estrategia no es criticar”.

—¿Considera que las compañías estatales son necesarias?
—Cuando presenté el proyecto de renovación de la Compañía Nacional de Teatro, vinieron los cuestionamientos sobre si éste es el camino. La Compañía Nacional de Teatro no es la panacea ni la única manera de hacer el teatro; creo que la solución sería no que hubiera una compañía, sino que hubiera 30: una por cada Estado, que realmente sea una compañía y no un membrete o una productora. De lo que sí estoy convencido es que nos hacen falta grupos estables creadores de repertorio, porque es lo único que crea público y forma al espectador.

''Es en el teatro donde aprendemos qué cosa es la vida, qué puede ser la vida''
Luis de Tavira, director.

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