Cultura

''Me tacharon de come hombres''

Patricia Medina, poeta tapatía, prepara libro sobre su experiencia con la muerte

GUADALAJARA, JALISCO (17/OCT/2012).- Dice que la creación literaria le vino innata y la comenzó a ejercer desde los cinco años, cuando aprendió a escribir. Aún no entendía de qué hablaban los poemas, pero le atraía su musicalidad. Sus composiciones las inmortalizaba en los muros de la casa, con crayola, lo que provocaba que su mamá se molestara. Ya desde entonces, Patricia Medina estaba fuertemente atraída por las letras. Y así se formó la que este año fue reconocida con el premio Juan de Mairena, del Verano de la Poesía.

La poeta jalisciense recuerda esos primeros años y lo que sus poemas significaban para ella. “Hablaban de mi padre. Él murió cuando yo tenía un año y por eso me formé un padre de papel, a mi gusto. Entonces platicaba con él a través del texto, le decía lo que me pasaba. Cubrió esa falta. Y cuando yo en casa escuchaba hablar de mi papá que no conocí yo me enojaba. ‘Ése no es. El mío es el bueno’, decía.”

De adolescente escribió sonetos a la forma clásica. ‘Cursis’, como ella los recuerda, pero que respondían a las lecturas que la influenciaban al leerlas obligada en clase. Cuando se casó comenzó a escribir de manera más formal y a leer, ‘muchísimo’, sin tener la formación de gente de letras, pues había estudiado Administración de empresas.

Al divorciarse se dio cuenta de los pilares de hojas de poesía que escondía en los rincones de la casa. Pero decidió meterlos a una carpeta y llevarlos ante Cruz Lomelí, primo de Pedro Rodríguez Lomelí, periodista literario. ‘Fíjese que yo escribo y quiero saber si esto que escribo sirve para algo’, le dijo. Y así le recomendaron que visitara a don Arturo Rivas Sainz, quien más adelante se volvería su mentor.

“El primer libro publicado, Avatares, es, más que libro, una plaqueta que publicó Arturo Rivas Sainz. Es el más feminista de todos mis libros en el que me quito las mentiras sociales impuestas, tratando de deshacerme de la basura que me condicionaba. Por eso lo considero muy fuerte. Me tacharon de ‘come hombres’, pero creo que se trata de una etapa que tenía que vivir.”

El feminismo como recurrencia

Fue por esas primeras publicaciones, allá por el 81, que la crítica la comenzó a considerar como la continuadora de Rosario Castellanos, mujer que había iniciado la queja contra las costumbres y la visión machista de la sociedad. Patricia tomó la estafeta como mujer posicionada ante la sociedad y se dio a la escritura. “Ya mi postura era diferente a la de la época en la que ella vivió, pero entiendo que dijeran que yo continúo lo que ella inició y lo agradezco porque ahora, que ya he leído todo de ella, la veo como mi madre literaria.”

“Los poemas de mis primeros años tienen al feminismo como recurrencia. Necesitaba crearme una identidad, y no sólo personal, sino poética.” Tuvo que quitarse de encima los roles que le inculcaron a través de la sociedad y la religión. Luego de terminar su educación en una escuela de monjas se sentía sin identidad. “Para encontrar mi verdadero yo me tuve que desprender de muchas ideas y me ayudó el rechazo a las imposiciones, a los roles. Esa es mi etapa feminista.”

Decidida, comenzó a visitar, convivir y entender a los diversos grupos feministas de forma intelectual. Ya no sólo se basaba en los sentimientos privados, las emociones que se guardaba por saberse condicionada. Ahora se trataba de un movimiento social. “En el fondo, y toda mi vida, seguiré siendo feminista porque la injusticia, el abuso y las pocas oportunidades que sufre la mujer me parecen muy injustas. No lo soporto. No lo soporto en ningún ser humano, pero sobre todo en la mujer.”

Una adorable ama de casa, tener hijitos y ser obediente con su esposo. Así dice haber sido educada entre monjas y por su madre. Mas no fue nada de eso, “de hecho, mi ex marido se enojaba cuando me encontraba escribiendo, como si le estuviera poniendo los cuernos. Decía que tenía que atender a mis hijas, que no perdiera el tiempo. Es que él también quería ser escritor. Decía ‘cuando yo sea muy rico nos vamos a vivir en una isla y ahí voy a escribir y escribir’. Claro, y yo la gran mujer detrás del gran escritor. Ése era mi destino implícito.”

Con sus publicaciones siguientes reafirmó su postura feminista, pero ya no desde la catarsis, sino desde una posición social más estudiada y abordada desde la otredad. Asomada al mundo, vio el dolor de los otros, la injustica. Sin embrago, con 30 libros publicados se revela que las facetas poéticas de Patricia son demasiadas. Con diversas temáticas, sus demás libros viajaban por el agua y sus manifestaciones, hasta llegar a la maternidad, entre muchos otros tópicos.

Por todo lo que ha demostrado a través de su trabajo poético, Patricia Medina se hizo acreedora del premio Juan de Mairena, otorgado por la Universidad de Guadalajara durante el Verano de la Poesía que se celebra anualmente. Para Medina, el personaje de juan de Mairena, un profesor de literatura inventado por Antonio Machado, es importante para la poesía, pues “tenía un valor intelectual porque a pesar de ser un erudito en la docencia, nunca recibió una formación que lo avalara como maestro. Un gran lector que sabía de literatura más que cualquier maestro. En eso recae su importancia.”

El premio Juan de Mairena le llegó como alivio durante días difíciles. “La carta de invitación me llegó al hospital, cuando estaba sumida en la más absoluta depresión. Pero esa carta me ayudó mucho porque me hizo darme cuenta de que me quedan muchas cosas por hacer.  Durante la entrega del premio estaban generaciones mías de alumnos que hoy ya son escritores. Verlos me conmovió mucho porque de pronto me di cuenta de que la vida no ha sido en vano.”

Hoy cuenta con 65 años de vida. Lleva varios años realizando talleres de creación literaria y en 2001 abrió Literalia Editores, que hasta ahora  ha publicado 215 libros de nuevos autores y traducciones al francés, inglés e italiano. Acaba de terminar de escribir la novela Fuego amigo, donde aborda la historia de México a través de la historia de su familia. También tiene escrita la novela Flor de un día, que narra la vida de un hermafrodita. Ambas están por publicarse. Ahora quiere narrar su encuentro con la muerte, luego de experimentar una operación a corazón abierto.

“El ritmo interno del poema te dicta, lo que hace uno es vaciarlo con todo lo que debe tener: música, lenguaje y tema.”, explica Patricia Medina.

PERFIL
En los talleres de la creación


Patricia Medina nació en Guadalajara en 1947. Imparte talleres de creación literaria desde 1985. Autora de más de una docena de títulos de poesía entre los qe están: Lo mismo en Pan y Flor, Ediciones La Rana, Guanajuato, Guanajuato, Premio Efraín Huerta, 2001. Caudas, Universidad Autónoma de Sinaloa, Premio Bartolomé Delgado León, 2002, Tras tornar, Editorial Paraíso Perdido 2002, Azúcar Limpio, Ecrit des Forges/Mantis Editores, 2002. Autora también de los libros de poesía: Avatares, Unidad Editorial del Gobierno del Estado de Jalisco, 1983, Mi Palabra, Departamento de Bellas Artes de Jalisco, 1983, Trayectoria del ser, Universidad, de Guadalajara, 1987, La memoria era hoy, Ayuntamiento de Guadalajara, 1987, Fronteras de Cristal, Editorial Ágata, 1988, Trópicos Fundamentales, Mantis Editores, 1994. En enero de 2003 obtuvo el V Premio Internacional de Poesía Nicolás Guillén, por su libro La noche que dura

FRAGMENTO

Azúcar limpio
(56)
(Patricia Medina)

Difícil no mentir.
Entre olvidar a medias
levantar el guijarro
y ser la cuarta parte
de lo que intento
hay más mentiras que hombres en la tierra.
Creí en lo creado
ello viste mis huesos.
De no existir la Santa Inquisición
yo fuera un total embuste
sin violentarme a recoger
mis pupilas del suelo.

Debo quedarme quieta -y sola-
a disfrutar la exactitud
de la mentira.

Viene en mi ayuda.

¿Serán reales la ventana y el que mira detrás? 

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