Cultura
Los repatriados
La ciudad les había quedado chica. Ahora están de regreso y narran sus motivos: Son Juan Carlos Macías y Alfonso Martí, pintores, y Beto Ruiz, teatrista
GUADALAJARA, JALISCO (01/AGO/2011).- “Se viaja no para buscar el destino, sino para huir de donde se parte”, decía el filósofo español Miguel de Unamuno (1864-1936). La frase describe la travesía de varios artistas locales que decidieron alejarse por algún tiempo de Guadalajara porque la ciudad ya era demasiado cómoda y era necesario seguir con el crecimiento profesional. Hoy están de regreso a la Patria chica.
Tres creadores locales comparten los recuerdos de su odisea. Los pintores Juan Carlos Macías y Alfonso Martí y el director de teatro Beto Ruiz explicaron los motivos que les llevaron a alejarse de la ciudad. Así como otros se fueron para no volver, ellos optaron por regresar y seguir con su trabajo, el cual ya se ha dado a conocer al público en diversos espacios.
“Tenía necesidad de lo otro”
El director escénico Beto Ruiz decidió hacer maletas en 2005 y viajar rumbo a Singapur para conocer el teatro tradicional asiático.
Con 10 años de carrera teatral en la ciudad partió y ahora dice: “Me fui porque tenía ganas de mirar otras cosas, ver y comparar otros modos de producción, otras visiones, en ese sentido sí tenía la necesidad de lo otro porque llevaba bastante tiempo produciendo en la localidad y quería conocer otros lenguajes y otras culturas. Deseaba volver a estudiar, aunque permanecía en talleres y capacitándome, deseaba cursar un programa completo y encontré uno en Singapur, que estaba muy vinculado a cuestiones de la corporalidad y me llaman mucho la atención porque también fui bailarín contemporáneo”, expresó Beto Ruiz.
En Singapur trabajó el teatro tradicional asiático durante tres años. En 2008, otro país formó parte del viaje: Polonia. “Ahí fui a crear, a trabajar, a verter las experiencias y a empezar a darles forma”.
El artista escénico apuntó que “el teatro más importante es el que uno quiere hacer y recibir la influencia de los otros –creadores- es fundamental y yo la seguiré buscando siempre, espero, pero el teatro que busco es el que quiero hacer así sea en México o en Polonia o en Asia”.
Beto Ruiz volvió en 2009. Entonces fue elegido por un jurado como el director de la Compañía Estatal de Teatro con el montaje El gesticulador. Ahora, trabaja con la bailarina Gaby Cuevas en una nueva temporada para la puesta en escena Horizontal Vertical, que llegará a cartelera el próximo año. Además, trabaja en un espectáculo para niños con Carla Constantina que tiene como tema el infante y la guerra. Esta obra está escrita por Verónica Maldonado saldrá a las calles de diferentes colonias de la ciudad en 2012. A la par del trabajo escénico, el director también es docente en espacios como Escena 3.
De lo aprendido tanto en Singapur como en Polonia, el director explicó que su motivación para salir del país fue por aspectos teatrales, sin embargo “la mayor experiencia está en la categoría de vida. El sólo hecho de mirar otras culturas es una experiencia que a mí me movió el piso bastante y me movió el sentido de las lógicas vida. Me hizo expandir mi visión acerca de aspectos como país, familia e integridad personal. Aunque pareciera ser que esto no es de carácter teatral, pero desde luego cuando vuelves a escena ya no eres el mismo”.
“Era el límite y podía empezar a repetirme”
“Estaba muy distraído, mucha fiesta y muchas relaciones sociales como Facebook, pero en vivo. Estaba disperso, era el límite y podía empezar a repetirme”, recuerda el pintor Juan Carlos Macías Islas, quien decidió alejarse por un tiempo de Guadalajara. En 2003, emprendió una travesía que marcaría su vida de manera inimaginable que le llevó a Estados Unidos, Francia y Marruecos.
El artista tapatío nacido en 1961 regresó el año pasado a la ciudad y comenzó a trabajar la muestra In situ. Ahora está remodelando su taller, pero sigue con sus viajes al extranjero aunque ya duran unos días porque sólo va a ver a los amigos.
Macías Islas decidió irse a Chicago por la propuesta de una residencia artística de un año. Como promesa de campaña política, el artista se quedó esperando en el aeropuerto, pero no llegaron por él. Ahí solo aprendió la primera lección de su viaje: “los políticos son iguales” en cualquier lugar del mundo.
Afortunadamente, la esposa del pintor tenía un sobrino que vivía en Chicago y él ayudó a Juan Carlos durante unos días, mientras las cosas tomaban su curso natural.
El pintor rentó un pequeño departamento, pues el plan era quedarse con o sin el apoyo del gobierno y llamar a su familia para que lo alcanzara en su travesía. Empezó a recorrer algunas de las galerías de la ciudad, pero no tuvo suerte en su primer encuentro. Al mes, llegó su esposa e hijo, quien fue su carta de buena suerte.
Su hijo recibió de cumpleaños raquetas y pelotas para jugar. Mientras Macías leía al novelista José Saramago su familia estaba en la cancha. Ahí ellos conocieron a un empresario, que le apoyó con un espacio de trabajo y se convirtió en su coleccionista.
Además, expuso en la galería Ann Nathan y su obra forma parte del espacio público en Chicago.
Después viajó a Francia en 2006, donde permaneció casi dos años y luego estuvo unos meses en Marruecos.
En su trayecto, Juan Carlos Macías aprendió a valorar su trabajo y comenzó a producir de manera distinta, encontró esa estabilidad que en Guadalajara había perdido, pero volvió para encontrarse con su familia y disfrutar de su ciudad natal.
“Nada es regalado en la vida”, expresó el artista que ha presentado su trabajó en 20 muestras individuales y es ganador del Premio Nacional de Grabado José Guadalupe Posada 2000.
“Guadalajara, poco estimulante”
Nueve años duró el viaje del pintor Alfonso Martí, quien en 2001 partió hacia Roma porque “sentía una necesidad de alejarme de Guadalajara. Esta ciudad hermosa, cómoda, pero muy poco estimulante”.
El artista plástico volvió a la ciudad hace un año para encontrarse con su familia y amigos. Además, en abril pasado mostró su reciente producción bajo el título De figuras y abstractos, muestra que estuvo albergada en la galería de la Estación Juárez del Tren Ligero.
“Aquí todo es cotidiano, aunque me encanta la ciudad, es preciosa y se vive muy bien, sin embargo, para un artistas tal vez no es lo que uno busque: tanta estabilidad que te da esta ciudad”, dijo Martí, quien decidió huir de la rutina y de la desvaloración del arte local, donde unas cuantas familias son coleccionistas.
Sin embargo, su estancia en Guadalajara está empezando a contaminarse por esa necesidad de cambio. “Me estoy sintiendo guardado del mundo, aunque ya con internet no es lo mismo que hace 10 años, aun así me cuesta trabajo encontrar gente afín a mí. Por ejemplo, los pintores que conozco son reservados y egoístas, en su mayoría, y están fuera de la idea que tenía yo de los artistas del impresionismo en Francia, cuando todos se reunían y discutían el arte”, apuntó Martí.
Aclaró que en Guadalajara no ha sentido esa hermanad ni antes ni ahora. Esa falta de compañerismo fue uno de los tantos motivos que llevó a Martín a irse a Roma, ciudad donde sólo estuvo un breve tiempo, ya que ese mismo año decidió mudarse a París.
En la capital francesa, el tapatío radicó de 2001 a 2005. Ahí en esa ciudad sí encontró a artistas interesados en ver qué “me puede aportar este pintor mexicano” y viceversa. Ahí se dedicó a pintar y mostró sus cuadros en la galería Vertu, en la Rue Royale. “Fue un sueño hecho realidad, se me hace increíble que haya llegado a París y expuesto ahí y que venga a Guadalajara y me cueste trabajo exponer”.
En 2005 regresó a Ciudad de México, donde radicó por tres años. Y durante dos años decidió irse a San Miguel de Allende.
De su experiencia en el DF, Martí añadió que es una metrópoli cosmopolita y la gente sí compra arte. “El DF es otro rollo, pero hay que pagar el precio de vivir en una ciudad así”, expresó el pintor, quien ahora sigue trabajando en su estudio de Guadalajara y busca espacios para presentar su trabajo.
Viajeros que no regresaron
El que artistas se vayan de Guadalajara para buscar mejores oportunidades, por considerar que la ciudad no les ofrecía lo que necesitaban, no es nada nuevo. Hay registro de ello después de la Revolución Mexicana. Creadores que pertenecieron al Centro Bohemio, como el pintor Carlos Orozco Romero y la diseñadora y novelista Guadalupe Marín, quien fue esposa del muralista Diego Rivera.
Durante los años cuarenta del siglo pasado, salieron de Guadalajara figuras destacadas como los escritores Juan José Arreola, Agustín Yáñez, Juan Rulfo, y el crítico literario Emanuel Carballo. Lo mismo que José Clemente Orozco, entre otros.
En años recientes, artistas que emprendieron su viaje son las actrices Margarita Sanz y Adriana Pérez Cañedo y el pintor Samuel Meléndrez.
Tres creadores locales comparten los recuerdos de su odisea. Los pintores Juan Carlos Macías y Alfonso Martí y el director de teatro Beto Ruiz explicaron los motivos que les llevaron a alejarse de la ciudad. Así como otros se fueron para no volver, ellos optaron por regresar y seguir con su trabajo, el cual ya se ha dado a conocer al público en diversos espacios.
“Tenía necesidad de lo otro”
El director escénico Beto Ruiz decidió hacer maletas en 2005 y viajar rumbo a Singapur para conocer el teatro tradicional asiático.
Con 10 años de carrera teatral en la ciudad partió y ahora dice: “Me fui porque tenía ganas de mirar otras cosas, ver y comparar otros modos de producción, otras visiones, en ese sentido sí tenía la necesidad de lo otro porque llevaba bastante tiempo produciendo en la localidad y quería conocer otros lenguajes y otras culturas. Deseaba volver a estudiar, aunque permanecía en talleres y capacitándome, deseaba cursar un programa completo y encontré uno en Singapur, que estaba muy vinculado a cuestiones de la corporalidad y me llaman mucho la atención porque también fui bailarín contemporáneo”, expresó Beto Ruiz.
En Singapur trabajó el teatro tradicional asiático durante tres años. En 2008, otro país formó parte del viaje: Polonia. “Ahí fui a crear, a trabajar, a verter las experiencias y a empezar a darles forma”.
El artista escénico apuntó que “el teatro más importante es el que uno quiere hacer y recibir la influencia de los otros –creadores- es fundamental y yo la seguiré buscando siempre, espero, pero el teatro que busco es el que quiero hacer así sea en México o en Polonia o en Asia”.
Beto Ruiz volvió en 2009. Entonces fue elegido por un jurado como el director de la Compañía Estatal de Teatro con el montaje El gesticulador. Ahora, trabaja con la bailarina Gaby Cuevas en una nueva temporada para la puesta en escena Horizontal Vertical, que llegará a cartelera el próximo año. Además, trabaja en un espectáculo para niños con Carla Constantina que tiene como tema el infante y la guerra. Esta obra está escrita por Verónica Maldonado saldrá a las calles de diferentes colonias de la ciudad en 2012. A la par del trabajo escénico, el director también es docente en espacios como Escena 3.
De lo aprendido tanto en Singapur como en Polonia, el director explicó que su motivación para salir del país fue por aspectos teatrales, sin embargo “la mayor experiencia está en la categoría de vida. El sólo hecho de mirar otras culturas es una experiencia que a mí me movió el piso bastante y me movió el sentido de las lógicas vida. Me hizo expandir mi visión acerca de aspectos como país, familia e integridad personal. Aunque pareciera ser que esto no es de carácter teatral, pero desde luego cuando vuelves a escena ya no eres el mismo”.
“Era el límite y podía empezar a repetirme”
“Estaba muy distraído, mucha fiesta y muchas relaciones sociales como Facebook, pero en vivo. Estaba disperso, era el límite y podía empezar a repetirme”, recuerda el pintor Juan Carlos Macías Islas, quien decidió alejarse por un tiempo de Guadalajara. En 2003, emprendió una travesía que marcaría su vida de manera inimaginable que le llevó a Estados Unidos, Francia y Marruecos.
El artista tapatío nacido en 1961 regresó el año pasado a la ciudad y comenzó a trabajar la muestra In situ. Ahora está remodelando su taller, pero sigue con sus viajes al extranjero aunque ya duran unos días porque sólo va a ver a los amigos.
Macías Islas decidió irse a Chicago por la propuesta de una residencia artística de un año. Como promesa de campaña política, el artista se quedó esperando en el aeropuerto, pero no llegaron por él. Ahí solo aprendió la primera lección de su viaje: “los políticos son iguales” en cualquier lugar del mundo.
Afortunadamente, la esposa del pintor tenía un sobrino que vivía en Chicago y él ayudó a Juan Carlos durante unos días, mientras las cosas tomaban su curso natural.
El pintor rentó un pequeño departamento, pues el plan era quedarse con o sin el apoyo del gobierno y llamar a su familia para que lo alcanzara en su travesía. Empezó a recorrer algunas de las galerías de la ciudad, pero no tuvo suerte en su primer encuentro. Al mes, llegó su esposa e hijo, quien fue su carta de buena suerte.
Su hijo recibió de cumpleaños raquetas y pelotas para jugar. Mientras Macías leía al novelista José Saramago su familia estaba en la cancha. Ahí ellos conocieron a un empresario, que le apoyó con un espacio de trabajo y se convirtió en su coleccionista.
Además, expuso en la galería Ann Nathan y su obra forma parte del espacio público en Chicago.
Después viajó a Francia en 2006, donde permaneció casi dos años y luego estuvo unos meses en Marruecos.
En su trayecto, Juan Carlos Macías aprendió a valorar su trabajo y comenzó a producir de manera distinta, encontró esa estabilidad que en Guadalajara había perdido, pero volvió para encontrarse con su familia y disfrutar de su ciudad natal.
“Nada es regalado en la vida”, expresó el artista que ha presentado su trabajó en 20 muestras individuales y es ganador del Premio Nacional de Grabado José Guadalupe Posada 2000.
“Guadalajara, poco estimulante”
Nueve años duró el viaje del pintor Alfonso Martí, quien en 2001 partió hacia Roma porque “sentía una necesidad de alejarme de Guadalajara. Esta ciudad hermosa, cómoda, pero muy poco estimulante”.
El artista plástico volvió a la ciudad hace un año para encontrarse con su familia y amigos. Además, en abril pasado mostró su reciente producción bajo el título De figuras y abstractos, muestra que estuvo albergada en la galería de la Estación Juárez del Tren Ligero.
“Aquí todo es cotidiano, aunque me encanta la ciudad, es preciosa y se vive muy bien, sin embargo, para un artistas tal vez no es lo que uno busque: tanta estabilidad que te da esta ciudad”, dijo Martí, quien decidió huir de la rutina y de la desvaloración del arte local, donde unas cuantas familias son coleccionistas.
Sin embargo, su estancia en Guadalajara está empezando a contaminarse por esa necesidad de cambio. “Me estoy sintiendo guardado del mundo, aunque ya con internet no es lo mismo que hace 10 años, aun así me cuesta trabajo encontrar gente afín a mí. Por ejemplo, los pintores que conozco son reservados y egoístas, en su mayoría, y están fuera de la idea que tenía yo de los artistas del impresionismo en Francia, cuando todos se reunían y discutían el arte”, apuntó Martí.
Aclaró que en Guadalajara no ha sentido esa hermanad ni antes ni ahora. Esa falta de compañerismo fue uno de los tantos motivos que llevó a Martín a irse a Roma, ciudad donde sólo estuvo un breve tiempo, ya que ese mismo año decidió mudarse a París.
En la capital francesa, el tapatío radicó de 2001 a 2005. Ahí en esa ciudad sí encontró a artistas interesados en ver qué “me puede aportar este pintor mexicano” y viceversa. Ahí se dedicó a pintar y mostró sus cuadros en la galería Vertu, en la Rue Royale. “Fue un sueño hecho realidad, se me hace increíble que haya llegado a París y expuesto ahí y que venga a Guadalajara y me cueste trabajo exponer”.
En 2005 regresó a Ciudad de México, donde radicó por tres años. Y durante dos años decidió irse a San Miguel de Allende.
De su experiencia en el DF, Martí añadió que es una metrópoli cosmopolita y la gente sí compra arte. “El DF es otro rollo, pero hay que pagar el precio de vivir en una ciudad así”, expresó el pintor, quien ahora sigue trabajando en su estudio de Guadalajara y busca espacios para presentar su trabajo.
Viajeros que no regresaron
El que artistas se vayan de Guadalajara para buscar mejores oportunidades, por considerar que la ciudad no les ofrecía lo que necesitaban, no es nada nuevo. Hay registro de ello después de la Revolución Mexicana. Creadores que pertenecieron al Centro Bohemio, como el pintor Carlos Orozco Romero y la diseñadora y novelista Guadalupe Marín, quien fue esposa del muralista Diego Rivera.
Durante los años cuarenta del siglo pasado, salieron de Guadalajara figuras destacadas como los escritores Juan José Arreola, Agustín Yáñez, Juan Rulfo, y el crítico literario Emanuel Carballo. Lo mismo que José Clemente Orozco, entre otros.
En años recientes, artistas que emprendieron su viaje son las actrices Margarita Sanz y Adriana Pérez Cañedo y el pintor Samuel Meléndrez.