Cultura

Laurent Gounelle regresa con una sátira sobre la sociedad occidental

La novela ''Te llevaré a un lugar donde todo es posible'' que ha sido un fenómeno literario en Francia, se publica ahora en español

MADRID, ESPAÑA (20/MAR/2013).- Fenómeno literario en Francia, Laurent Gounelle tiene el "don" de trasmitir ideas complejas de forma sencilla y la "misión", dice, de hacer reflexionar sobre el sentido de la vida y la felicidad. Su tercera y última novela, "Te llevaré a un lugar donde todo es posible", se publica ahora en español.

Que el lector tome consciencia del modo de vida de la sociedad consumista occidental es el objetivo en esta novela de Gounelle, experto en desarrollo personal y autor de los éxitos de ventas "El hombre que quería ser feliz" y "No me iré sin decirte adónde voy", que proyecta llevar a la gran pantalla.

En "Te llevaré a un lugar donde todo es posible" (Planeta) Gounelle construye una sátira sobre nuestro modo de vida, que ha situado "la economía y no el hombre como centro de la sociedad", señala en una entrevista con EFE, en la que muestra su esperanza de que la crisis actual haga que se inviertan los términos.

"El hombre no puede ser esclavo de la economía. No podemos continuar con el modelo actual de huida adelante", subraya este antiguo experto contable que no dudó al principio de su treintena en prescindir de un buen salario para cambiar y estudiar psicología.

Contratado por una gran consultoría de formación para directivos, Gounelle viajó por todo el mundo hasta que finalmente creó su propia empresa en París.

En 2006, a los 40 años, murió su padre y su mejor amigo, y su esposa se quedó embarazada de su primera hija (tiene dos). Fue entonces cuando sintió la necesidad de plasmar sus conocimientos en una novela: "El hombre que quería ser feliz".

La escribió en solo tres meses y la mandó a un editor que se la publicó de inmediato. Así nació el fenómeno Gounelle, quien hace tres años vendió su empresa y ahora se dedica solo a la literatura.

"Me gustaría cambiar la visión negativa de la vida", confía. Y es que la vida, subraya, "es un regalo en sí misma, un don del cielo", en el que "cada instante es maravilloso".

Cada cual debe "escuchar su corazón" si quiere encontrar su lugar en el mundo, así como su "talento" y su "misión" en la vida.

Él está convencido de que la suya es "enseñar, transmitir ideas complejas de forma sencilla" sobre la necesidad de que el ser humano esté en sintonía con "sus verdaderos deseos".

Es precisamente la idea que desarrolla en "Te llevaré a un lugar donde todo es posible" al construir una fábula que sitúa en el corazón de la selva amazónica.

Hasta allí viaja un profesor de filosofía neoyorquino con la única misión de hacer infelices a los integrantes de una tribu a la que cree, erróneamente, responsables de la muerte de su esposa.

Ayudado por cuatro exmercenarios reconvertidos en guías se instalará junto al poblado indígena y pondrá en marcha toda una batería de acciones para transformar la vida de la tribu.

El objetivo final era "separarlos del Gran Todo, destruir sus creencias en un vínculo invisible que une a todos los seres vivos, hombres, animales y plantas", "confrontarlos con el vacío de una vida puramente individualista y que, ante aquel abismo de absurdidad, percibieran el vértigo de una existencia desprovista de sentido".

Y entonces, continúa en la novela, "el miedo a la muerte surgiría en ellos y bastaría con suministrarles diversiones para que vivieran su vida por completo sin estar en ella".

Así, lo primero que introduce en el poblado es un "vacióforo", una especie de pecera que produce burbujas y ante las que los indígenas se sientan para no pensar en nada, luego sustituye los relatos de los ancianos alrededor de la lumbre por sesiones en las que la chica más guapa desgrana informaciones negativas.

Posteriormente les conmina a vivir y dormir en chozas separadas, a comunicarse a través de mensajeros y a pagar por ese servicio.

Les empuja igualmente a levantar empalizadas para aislar al pueblo de la naturaleza y a que compitan en concursos, al tiempo que les crea la necesidad de adquirir y lucir diferentes abalorios.

De esa manera consigue que se alejen más y más de su esencia y, por tanto, del bienestar al inducirles miedos y necesidades infundadas.

Gounelle, quien "globalmente" se siente feliz, piensa que "no hay fórmulas ni métodos" para alcanzar la felicidad, pero lo que sí está convencido que "es el fruto de un equilibrio entre el ser y el hacer" y que pasa por "implicarnos con lo que hacemos" y en buscar ese sentimiento de plenitud "en nosotros mismos".

"Olvidamos que el simple hecho de estar vivos es un milagro y que la vida en sí misma es fabulosa", recalca con el cascabel constante de su risa.

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