Cultura

Javier Marías, ante Tiempos ridículos

El escritor reúne en una publicación 96 artículos suyos de los últimos dos años

GUADALAJARA, JALISCO (28/MAY/2013).- El título Tiempos ridículos lo encontró Javier Marías leyendo un “modesto artículo” del New York Times sobre el ocaso de los neuróticos ante “la superabundancia de ellos”. Lo usó para una de sus columnas en El País Semanal, en la que trataba —al hilo del polémico safari del Rey en África— de elefantes aún mayores: la desmesura, la iracundia y la histeria colectiva que nos inunda. Tiempos ridículos es ahora el título del volumen (y la cita, recuerda el escritor, es de una catedrática de Psiquiatría: “Vivimos tiempos ridículos, y si a uno le parece que todo tiene sentido, lo más probable es que no esté bien”) que, editado por Alfaguara, reúne 96 artículos publicados durante los últimos dos años.

Artículos combativos unos y “de tregua” otros, como define Marías a los que escoran hacia la autobiografía. “Involuntariamente autobiográficos”, matiza, “más bien evocativos, en los que recupero anécdotas familiares o de viajes. Quizá en ellos está lo más parecido que jamás haré a unas memorias o a unos diarios, que siempre me resultan pretenciosos a no ser que uno tenga una vida llena de aventuras, y no es el caso”.

El libro arranca con un texto de febrero de 2011 en el que se mofa de una guía “ecofeminista” que desde la Junta de Andalucía proponía “potenciar el lenguaje periodístico desde una perspectiva de género medioambiental”. Es fácil imaginar el sofoco del escritor ante la propuesta. Él mismo lo justifica en el arranque de la columna: “Con razón me consideran un pesado, pero siempre aduciré en mi descargo la vieja excusa infantil: “Yo no he empezado”. Si la realidad es insistente y pelma, además de con frecuencia alelada, hay que salirse al paso una y otra vez”.

Una y otra vez, sí, hasta febrero de 2013, fecha en la que Marías dedica la columna dominical que cierra el libro para celebrar sus 10 años y, de paso, cuestionarse la inutilidad del esfuerzo. Lo titula Piel de rinoceronte o desdén y con él ilustra la sensación de esterilidad que le ronda.

“Después de 18 años como columnista, primero en el XL Semanal y después en El País, es inevitable cierto cansancio”, explica sobre una tarea que suele concluir dos semanas antes de su publicación, después de al menos dos versiones y una misma pregunta: “¿Y de qué hablo hoy?”. “Soy consciente de que me repito y, en general, procuro disculparme con el lector, pero es que la realidad es tan pesada como uno”.

Con información de El País

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