Cultura
James Ellroy, o la habilidad para mezclar realidad y ficción
El autoproclamado ''perro diabólico de las letras estadounidenses'' cierra su aclamada Trilogía Americana
GUADALAJARA, JALISCO. A James Ellroy (Los Ángeles, Estados Unidos, 1948) le gusta pensar que algún día se convertirá en el mejor novelista del mundo y, para conseguirlo, no tiene más remedio que pensar a lo grande. “No me gustan las cosas pequeñas -dice-. Quiero grandes trabajos que provoquen en el lector la misma obsesión con la que yo escribo”.
Fruto de esa obstinación nace ahora Sangre vagabunda (Ediciones B), novela con la que este maestro de la novela negra cierra la Trilogía Americana que abrieron América y Seis de los grandes, y añade un nuevo capítulo a un largo historial literario-delictivo marcado por el asesinato de su madre cuando tenía 10 años. En el menú, un amplio surtido de conspiraciones, crímenes y lecciones de una historia que, maquillada con la presencia de una trama para asesinar a Martin Luther King y Richard Nixon, presenta a unos Estados Unidos racistas y conservadores.
La novela Sangre vagabunda arranca en 1968, con Robert Kennedy y Martin Luther King ya asesinados, y acaba en 1972, tiempo (y páginas) suficientes para que quepan todas las teorías de la conspiración; un drama político, social y humano donde Richard Nixon, Edgard Hoover o Howard Hughes conviven con personajes nacidos de la imaginación -y las experiencias- de un hombre que, tanto en su literatura como en su vida, se confirma también como un maestro a la hora de diluir fronteras entre ficción y realidad.
- Ha dicho usted que antes era escritor de novela negra y ahora se ha convertido en un novelista histórico. ¿Qué es lo que ha cambiado?
- Me he convertido en algo más grande y todo ha cambiado: el escenario geopolítico, el deseo de trascender de los personajes… Sangre vagabunda es un gran trabajo de ficción popular americana, la recreación de un periodo histórico a través de la ficción. Porque, créame, es ficción.
- Es ficción, pero con personajes reales como Nixon, Hughes o Hoover, que no salen muy bien parados.
- Hay aspectos de ficción y personajes reales, pero estas personas están muertas y no pueden ver lo que hago (risas). Es una manera de que mis historias resulten más creíbles, ya que todos somos escépticos respecto a nuestra propia historia. Yo soy estadounidense y no me creo la versión oficial de la historia americana. Es más: nadie se cree la versión oficial de la historia, así que si le das un aspecto real, te la puedes acabar creyendo.
- Ha definido “Sangre vagabunda” como un romance histórico.
- Trata de hombres malos enamorados de mujeres muy fuertes, de cambios políticos, de revolución, del estado de sueño de América en esa era. Yo pienso poco en el mundo que me rodea. No veo la televisión ni voy al cine ni leo los periódicos. Me tumbo en la oscuridad y pienso.
- ¿Por qué le atrae la historia reciente pero no la actualidad?
- Lleva mucho tiempo que la historia se aposente en mí y encuentro muy satisfactorio reescribirla según mis propias especificaciones. Yo tenía entre 20 y 24 años en el periodo en que transcurre esta novela. Es un recuerdo muy borroso en algunos sentidos y afiladísimo en otros. América hoy está inundada de televisión, internet, constante cobertura de noticias, reportajes… y no hace más que aburrirme. Yo no siento la obligación moral de mantenerme al día con el mundo, no quiero saber.
- Pero, ¿se ve dentro de 20 años escribiendo sobre los acontecimientos de hoy?
- No. El resto de mi vida lo dedicaré a escribir sobre los años de América antes de que yo naciera.
- ¿Por qué decidió llegar sólo hasta 1972 en esta trilogía?
- Ese año marca el fin cronológico de mi trabajo vital como novelista histórico. Tengo unas memorias que sacaré el año que viene, The Hilliker Curse, pero luego quiero escribir una serie de libros ambientados aún más atrás en el tiempo, en una historia en la que no me he metido aún. Serán cuatro novelas históricas ambientadas antes que el Cuarteto de Los Ángeles (El gran desierto, La dalia negra, LA Confidential y Jazz Blanco).
- En “Sangre vagabunda” es clave una mujer, Joan Klein. ¿Es su personaje femenino más fuerte hasta ahora?
- Sí, creo que lo es. Está muy basada en una mujer de la que estuve enamorado y con la que tuve relaciones sexuales. Le dediqué el libro. Ya no nos vemos. Espero que lea la novela y que se sienta honrada.
- ¿Cómo fue la experiencia de crear ese personaje a partir de una mujer con la que tuvo tanta intimidad?
- Fue una experiencia conmovedora basarlo en una persona real que había querido y perdido, e intentar hacer el personaje icónico, real en algunos atributos emocionales pero enteramente ficticio. La mujer real no era una revolucionaria izquierdista o una asesina.
- ¿Cuál es el secreto para navegar siempre en la frontera entre realidad y ficción?
- Es una audacia innata que poseo. Creo en mi capacidad de hacerlo. La ficción criminal o cualquier tipo de ficción de aventuras, intriga internacional o espionaje depende un ridículo nivel de drama. Cuando escribes ficción histórica con personajes reales y hablas de conspiraciones a varios niveles, a altos niveles, para hacerlo todo real tu infraestructura humana tiene que ser fuerte. Los personajes ficticios como los de esta novela tienen que ser creíbles, el drama humano debe ser real. Es la naturaleza casual de las relaciones la que da validez a todo el aspecto histórico.
- Para prepararse, contrata investigadores y los envía a sitios como República Dominicana, escenario en esta novela. ¿No preferiría ir usted?
- No. Confío en mí mismo para inventar. Soy extremadamente confiado en mi habilidad para tomar material en crudo e ideas y ejecutarlos.
- ¿De dónde cree que viene esa habilidad?
- Soy feliz en un estado de aislamiento. Soy limitado en mi curiosidad. Sé cómo mantener la concentración. Sé como ir dentro de mí mismo y sacar lo que necesito. Viajar al Tecer Mundo, con jet lag, acalambrado, con diarrea, es simplemente un fastidio. Puedo leer, mirar un par de fotos e inventármelo.
- Se le define como megalómalo, superconfiado… ¿Trabaja en crear ese personaje, en poner difícil al público saber quién es usted y quién su personaje?
- Soy feliz de ser capaz de hacer lo que hago. Trabajo muy duro, escribo para Dios, escribo para la gente que ama leer… Me esfuerzo mucho. Y luego me toca salir al mundo. Soy un pobre chico de pobres circunstancias… Y doy gracias de que me haya ido bien. Tengo 61 años y la energía de un hombre joven.
- Una periodista le definió como un hombre de mujeres pero un escritor de hombres.
- Hombre de mujeres sí soy, pero escritor de hombres… A las mujeres les gustan más mis obras de no ficción.
- Es “Sangre vagabunda” su obra magna?
- Es mi mayor libro.
- ¿Es el mejor?
- Sí.
- ¿Siempre cree que el último que ha escrito lo es?
- A veces me equivoco (risas), pero a veces acierto.
- ¿Es cierto que los únicos libros que entran en su casa son los suyos?
- Sí. Sólo necesito mis libros, a ni novia y a Beethoven.
Vida y obra
James Ellroy nació en Lós Ángeles en 1948. Marcado por el asesinato de su madre en 1958, se convirtió en ladrón, alcohólico y drogadicto, y por ello pasó algún tiempo en la cárcel. En aquel tiempo se convirtió en un apasionado lector de novelas policiacas y empezó a estructurar sus fantasías en forma narrativa.
A la edad de 30 años publicó su primera novela, Réquiem por Brown, que recreaba su propia vida. A ésta siguieron Clandestino, Sangre en la luna, A causa de la noche, La colina de los suicidas, la tetralogía conocida como Cuarteto de Los Ángeles y formada por El gran desierto, La dalia negra, LA Confidential y Jazz Blanco, American Tabloid, Mis rincones oscuros, LA Noir, Ola de crímenes, Seis de los grandes y The Best American Mystery Stories, Destino: La morge, Loco por Donna, El asesino de la carretera y Noches en Hollywood.
En opinión del autor
Sobre su obra. “Quiero conmover a la gente. Quiero obsesionar a la gente. Quiero que la gente viva esa tensión mental extrema con la que yo trabajo cuando escribo un libro”.
Sobre Beethoven. “Hay 20 minutos de una pieza de Beethoven que, en mi opinión, describe perfectamente la unió entre hombres y mujeres. Es el tercer movimiento de la Sonata Hammerklavier (Sonata para piano número 29). Es el movimiento lento más sublime en la historia de la música para un solo instrumento”.
Sobre el lenguaje. “El idioma siempre ha estado vivo dentro de mí. Aliteraciones, “yidish” (lenguaje judío del Este de Europa), insultos racistas, la jerga del jazz, blasfemias en general… todo eso ha estado ahí y a mí me han fascinado las palabras, siempre he hablado solo y me he dado conversación a mí mismo cuando no ha habido nadie más en la habitación”.
Sobra la ciudad de Los Ángeles. “Es un lugar sin civilizar. Hay demasiados automóviles, demasiada gente todo el rato. Estacionar el coche es un fastidio”.
“Yo no siento la obligación moral de mantenerme al día con el mundo, no quiero saber”
James Ellroy, escritor.
Fruto de esa obstinación nace ahora Sangre vagabunda (Ediciones B), novela con la que este maestro de la novela negra cierra la Trilogía Americana que abrieron América y Seis de los grandes, y añade un nuevo capítulo a un largo historial literario-delictivo marcado por el asesinato de su madre cuando tenía 10 años. En el menú, un amplio surtido de conspiraciones, crímenes y lecciones de una historia que, maquillada con la presencia de una trama para asesinar a Martin Luther King y Richard Nixon, presenta a unos Estados Unidos racistas y conservadores.
La novela Sangre vagabunda arranca en 1968, con Robert Kennedy y Martin Luther King ya asesinados, y acaba en 1972, tiempo (y páginas) suficientes para que quepan todas las teorías de la conspiración; un drama político, social y humano donde Richard Nixon, Edgard Hoover o Howard Hughes conviven con personajes nacidos de la imaginación -y las experiencias- de un hombre que, tanto en su literatura como en su vida, se confirma también como un maestro a la hora de diluir fronteras entre ficción y realidad.
- Ha dicho usted que antes era escritor de novela negra y ahora se ha convertido en un novelista histórico. ¿Qué es lo que ha cambiado?
- Me he convertido en algo más grande y todo ha cambiado: el escenario geopolítico, el deseo de trascender de los personajes… Sangre vagabunda es un gran trabajo de ficción popular americana, la recreación de un periodo histórico a través de la ficción. Porque, créame, es ficción.
- Es ficción, pero con personajes reales como Nixon, Hughes o Hoover, que no salen muy bien parados.
- Hay aspectos de ficción y personajes reales, pero estas personas están muertas y no pueden ver lo que hago (risas). Es una manera de que mis historias resulten más creíbles, ya que todos somos escépticos respecto a nuestra propia historia. Yo soy estadounidense y no me creo la versión oficial de la historia americana. Es más: nadie se cree la versión oficial de la historia, así que si le das un aspecto real, te la puedes acabar creyendo.
- Ha definido “Sangre vagabunda” como un romance histórico.
- Trata de hombres malos enamorados de mujeres muy fuertes, de cambios políticos, de revolución, del estado de sueño de América en esa era. Yo pienso poco en el mundo que me rodea. No veo la televisión ni voy al cine ni leo los periódicos. Me tumbo en la oscuridad y pienso.
- ¿Por qué le atrae la historia reciente pero no la actualidad?
- Lleva mucho tiempo que la historia se aposente en mí y encuentro muy satisfactorio reescribirla según mis propias especificaciones. Yo tenía entre 20 y 24 años en el periodo en que transcurre esta novela. Es un recuerdo muy borroso en algunos sentidos y afiladísimo en otros. América hoy está inundada de televisión, internet, constante cobertura de noticias, reportajes… y no hace más que aburrirme. Yo no siento la obligación moral de mantenerme al día con el mundo, no quiero saber.
- Pero, ¿se ve dentro de 20 años escribiendo sobre los acontecimientos de hoy?
- No. El resto de mi vida lo dedicaré a escribir sobre los años de América antes de que yo naciera.
- ¿Por qué decidió llegar sólo hasta 1972 en esta trilogía?
- Ese año marca el fin cronológico de mi trabajo vital como novelista histórico. Tengo unas memorias que sacaré el año que viene, The Hilliker Curse, pero luego quiero escribir una serie de libros ambientados aún más atrás en el tiempo, en una historia en la que no me he metido aún. Serán cuatro novelas históricas ambientadas antes que el Cuarteto de Los Ángeles (El gran desierto, La dalia negra, LA Confidential y Jazz Blanco).
- En “Sangre vagabunda” es clave una mujer, Joan Klein. ¿Es su personaje femenino más fuerte hasta ahora?
- Sí, creo que lo es. Está muy basada en una mujer de la que estuve enamorado y con la que tuve relaciones sexuales. Le dediqué el libro. Ya no nos vemos. Espero que lea la novela y que se sienta honrada.
- ¿Cómo fue la experiencia de crear ese personaje a partir de una mujer con la que tuvo tanta intimidad?
- Fue una experiencia conmovedora basarlo en una persona real que había querido y perdido, e intentar hacer el personaje icónico, real en algunos atributos emocionales pero enteramente ficticio. La mujer real no era una revolucionaria izquierdista o una asesina.
- ¿Cuál es el secreto para navegar siempre en la frontera entre realidad y ficción?
- Es una audacia innata que poseo. Creo en mi capacidad de hacerlo. La ficción criminal o cualquier tipo de ficción de aventuras, intriga internacional o espionaje depende un ridículo nivel de drama. Cuando escribes ficción histórica con personajes reales y hablas de conspiraciones a varios niveles, a altos niveles, para hacerlo todo real tu infraestructura humana tiene que ser fuerte. Los personajes ficticios como los de esta novela tienen que ser creíbles, el drama humano debe ser real. Es la naturaleza casual de las relaciones la que da validez a todo el aspecto histórico.
- Para prepararse, contrata investigadores y los envía a sitios como República Dominicana, escenario en esta novela. ¿No preferiría ir usted?
- No. Confío en mí mismo para inventar. Soy extremadamente confiado en mi habilidad para tomar material en crudo e ideas y ejecutarlos.
- ¿De dónde cree que viene esa habilidad?
- Soy feliz en un estado de aislamiento. Soy limitado en mi curiosidad. Sé cómo mantener la concentración. Sé como ir dentro de mí mismo y sacar lo que necesito. Viajar al Tecer Mundo, con jet lag, acalambrado, con diarrea, es simplemente un fastidio. Puedo leer, mirar un par de fotos e inventármelo.
- Se le define como megalómalo, superconfiado… ¿Trabaja en crear ese personaje, en poner difícil al público saber quién es usted y quién su personaje?
- Soy feliz de ser capaz de hacer lo que hago. Trabajo muy duro, escribo para Dios, escribo para la gente que ama leer… Me esfuerzo mucho. Y luego me toca salir al mundo. Soy un pobre chico de pobres circunstancias… Y doy gracias de que me haya ido bien. Tengo 61 años y la energía de un hombre joven.
- Una periodista le definió como un hombre de mujeres pero un escritor de hombres.
- Hombre de mujeres sí soy, pero escritor de hombres… A las mujeres les gustan más mis obras de no ficción.
- Es “Sangre vagabunda” su obra magna?
- Es mi mayor libro.
- ¿Es el mejor?
- Sí.
- ¿Siempre cree que el último que ha escrito lo es?
- A veces me equivoco (risas), pero a veces acierto.
- ¿Es cierto que los únicos libros que entran en su casa son los suyos?
- Sí. Sólo necesito mis libros, a ni novia y a Beethoven.
Vida y obra
James Ellroy nació en Lós Ángeles en 1948. Marcado por el asesinato de su madre en 1958, se convirtió en ladrón, alcohólico y drogadicto, y por ello pasó algún tiempo en la cárcel. En aquel tiempo se convirtió en un apasionado lector de novelas policiacas y empezó a estructurar sus fantasías en forma narrativa.
A la edad de 30 años publicó su primera novela, Réquiem por Brown, que recreaba su propia vida. A ésta siguieron Clandestino, Sangre en la luna, A causa de la noche, La colina de los suicidas, la tetralogía conocida como Cuarteto de Los Ángeles y formada por El gran desierto, La dalia negra, LA Confidential y Jazz Blanco, American Tabloid, Mis rincones oscuros, LA Noir, Ola de crímenes, Seis de los grandes y The Best American Mystery Stories, Destino: La morge, Loco por Donna, El asesino de la carretera y Noches en Hollywood.
En opinión del autor
Sobre su obra. “Quiero conmover a la gente. Quiero obsesionar a la gente. Quiero que la gente viva esa tensión mental extrema con la que yo trabajo cuando escribo un libro”.
Sobre Beethoven. “Hay 20 minutos de una pieza de Beethoven que, en mi opinión, describe perfectamente la unió entre hombres y mujeres. Es el tercer movimiento de la Sonata Hammerklavier (Sonata para piano número 29). Es el movimiento lento más sublime en la historia de la música para un solo instrumento”.
Sobre el lenguaje. “El idioma siempre ha estado vivo dentro de mí. Aliteraciones, “yidish” (lenguaje judío del Este de Europa), insultos racistas, la jerga del jazz, blasfemias en general… todo eso ha estado ahí y a mí me han fascinado las palabras, siempre he hablado solo y me he dado conversación a mí mismo cuando no ha habido nadie más en la habitación”.
Sobra la ciudad de Los Ángeles. “Es un lugar sin civilizar. Hay demasiados automóviles, demasiada gente todo el rato. Estacionar el coche es un fastidio”.
“Yo no siento la obligación moral de mantenerme al día con el mundo, no quiero saber”
James Ellroy, escritor.