Cultura
Jacques Lafaye y la musa de la historia
Este martes, el historiador francés ofreció la conferencia ''Historia y Literatura: ¿cuál de las dos es parte de la otra?''
GUADALAJARA, JALISCO (20/MAR/2013).- "Yo estoy convencido de que la buena historia no puede dar la espalda a la literatura; y la buena literatura -e incluso la mala-- es una fuente indispensable para un buen historiador", afirmó Jacques Lafaye la tarde de este martes, durante la conferencia plenaria que ofreció en el Coloquio Internacional de Historia y Literatura que se lleva a cabo en el CUCSH.
El historiador francés del Colegio de Jalisco -con residencia en Guadalajara desde hace más de una década-- comenzó su charla "Historia y Literatura: ¿cuál de las dos es parte de la otra?", señalando el carácter polisémico de ambos términos: cuando alguien "se expresa sin rodeos respecto de algo que sienten obsoleto, dicen 'eso ya es historia'; pero si quieren ponderar un hecho trascendente, como la victoria de su equipo de fútbol, dicen que es histórica".
Para el historiador, también la literatura es percibida en ciertos casos como algo positivo -"el valor superior de la cultura"-- y en otros tiene una connotación negativa, tal como en la expresión familiar en francés "eso es pura literatura", que se utiliza para referirse a algo "mentiroso o deleznable".
Dicha ambivalencia, añadió Lafaye, se refleja en la clasificación formal que se hace de las dos disciplinas: mientras que las obras de creación, o las novelas, se ubican en el área de las Humanidades, a las obras analíticas de sociología, antropología o psicología, se les reconoce en el campo de las Ciencias Sociales. "La cuestión pendiente es: ¿la historia es ciencia social o literatura?", se preguntó el autor de Quetzalcoatl y Guadalupe (FCE, 1974).
Con el mismo tono de humor e ironía que utilizó a lo largo de su charla, Lafaye explicó que el meollo del asunto -en realidad-- se reduce a un problema de crematística, "como dijera Aristóteles". Es decir, de "cómo conseguir recursos públicos para dedicarse a estudiar y enseñar cosas que no merecen la etiqueta de ciencia".
Para Jacques Lafaye, si las ciencias sociales han logrado ser consideradas científicas por los poderes públicos, es gracias al lenguaje técnico desarrollado por los sociólogos positivistas como Comte, Weber, Durkheim y Marx. Pero en ese obsesivo afán, dijo el conferencista, "las ciencias sociales han arrasado con toda una tradición, y, lo que es peor: con el estilo".
Aunque es la más antigua, la Historia es "la más débil y controvertida de las Ciencias Sociales", ya que al ser narrativa, se le considera literatura en el mal sentido. "Si se vuelve creativa, dicen que cae en la ficción", pero "si se profundiza un poco, se descubre que casi todos los hechos históricos son producto de una reconstrucción imaginativa con datos incompletos, tendenciosos y conectados entre sí".
Desafortunadamente para el académico, la gran mayoría de los historiadores también "han caído en esa patología teorizante queriendo ser científicos", mediante un mal conocido como "la historia cuantitativa".
En el otro extremo, Lafaye mencionó al historiador michoacano Luis González, cuya obra más conocida Pueblo en Vilo, tiene un gran parentesco temático y de calidad de la escritura con La Feria, de Juan José Arreola; Pedro Páramo, de Juan Rulfo; o Al Filo del Agua, de Agustín Yáñez, ya que todas son "documentos de historia social de la provincia".
De igual manera, mucha de la literatura del siglo XIX -"el siglo de la novela"-- se caracterizó por grandes obras que fueron "trozos de historia": novelistas como Stendhal, Zola y Flaubert, en Europa; y, más tarde, Thomas Mann y James Joyce. De América Llatina, Lafaye mencionó a autores como Mauricio Magdaleno, Miguel Ángel Asturias, José María Arguedas y Manuel Mejía Vallejo.
Además de las antes mencionadas, Lafaye añadió dos novelas mexicanas que "son una verdadera radiografía histórica": Los de Abajo, de Mariano Azuela; y La Muerte de Artemio Cruz, de Carlos Fuentes. Y es que en esas obras "palpita la vida", a diferencia de tesis de historia que por su lenguaje académico "sólo destinan al tedio".
Se han separado la Historia y la Literatura, dijo Lafaye ya para finalizar, a pesar de su íntima relación durante más de dos milenios. "La erudición es más del historiador, el estilo es más del escritor, pero la musa es de ambos".
AGENCIA INFORMADOR / EUGENIA COPPEL
El historiador francés del Colegio de Jalisco -con residencia en Guadalajara desde hace más de una década-- comenzó su charla "Historia y Literatura: ¿cuál de las dos es parte de la otra?", señalando el carácter polisémico de ambos términos: cuando alguien "se expresa sin rodeos respecto de algo que sienten obsoleto, dicen 'eso ya es historia'; pero si quieren ponderar un hecho trascendente, como la victoria de su equipo de fútbol, dicen que es histórica".
Para el historiador, también la literatura es percibida en ciertos casos como algo positivo -"el valor superior de la cultura"-- y en otros tiene una connotación negativa, tal como en la expresión familiar en francés "eso es pura literatura", que se utiliza para referirse a algo "mentiroso o deleznable".
Dicha ambivalencia, añadió Lafaye, se refleja en la clasificación formal que se hace de las dos disciplinas: mientras que las obras de creación, o las novelas, se ubican en el área de las Humanidades, a las obras analíticas de sociología, antropología o psicología, se les reconoce en el campo de las Ciencias Sociales. "La cuestión pendiente es: ¿la historia es ciencia social o literatura?", se preguntó el autor de Quetzalcoatl y Guadalupe (FCE, 1974).
Con el mismo tono de humor e ironía que utilizó a lo largo de su charla, Lafaye explicó que el meollo del asunto -en realidad-- se reduce a un problema de crematística, "como dijera Aristóteles". Es decir, de "cómo conseguir recursos públicos para dedicarse a estudiar y enseñar cosas que no merecen la etiqueta de ciencia".
Para Jacques Lafaye, si las ciencias sociales han logrado ser consideradas científicas por los poderes públicos, es gracias al lenguaje técnico desarrollado por los sociólogos positivistas como Comte, Weber, Durkheim y Marx. Pero en ese obsesivo afán, dijo el conferencista, "las ciencias sociales han arrasado con toda una tradición, y, lo que es peor: con el estilo".
Aunque es la más antigua, la Historia es "la más débil y controvertida de las Ciencias Sociales", ya que al ser narrativa, se le considera literatura en el mal sentido. "Si se vuelve creativa, dicen que cae en la ficción", pero "si se profundiza un poco, se descubre que casi todos los hechos históricos son producto de una reconstrucción imaginativa con datos incompletos, tendenciosos y conectados entre sí".
Desafortunadamente para el académico, la gran mayoría de los historiadores también "han caído en esa patología teorizante queriendo ser científicos", mediante un mal conocido como "la historia cuantitativa".
En el otro extremo, Lafaye mencionó al historiador michoacano Luis González, cuya obra más conocida Pueblo en Vilo, tiene un gran parentesco temático y de calidad de la escritura con La Feria, de Juan José Arreola; Pedro Páramo, de Juan Rulfo; o Al Filo del Agua, de Agustín Yáñez, ya que todas son "documentos de historia social de la provincia".
De igual manera, mucha de la literatura del siglo XIX -"el siglo de la novela"-- se caracterizó por grandes obras que fueron "trozos de historia": novelistas como Stendhal, Zola y Flaubert, en Europa; y, más tarde, Thomas Mann y James Joyce. De América Llatina, Lafaye mencionó a autores como Mauricio Magdaleno, Miguel Ángel Asturias, José María Arguedas y Manuel Mejía Vallejo.
Además de las antes mencionadas, Lafaye añadió dos novelas mexicanas que "son una verdadera radiografía histórica": Los de Abajo, de Mariano Azuela; y La Muerte de Artemio Cruz, de Carlos Fuentes. Y es que en esas obras "palpita la vida", a diferencia de tesis de historia que por su lenguaje académico "sólo destinan al tedio".
Se han separado la Historia y la Literatura, dijo Lafaye ya para finalizar, a pesar de su íntima relación durante más de dos milenios. "La erudición es más del historiador, el estilo es más del escritor, pero la musa es de ambos".
AGENCIA INFORMADOR / EUGENIA COPPEL