Cultura
Fernando Carrera alza su voz poética
El joven escritor habla de su obra
GUADALAJARA, JALISCO (21/OCT/2013).- Fernando Carrera es un lector de poesía clásica y podría decirse que sus versos traen reminiscencias de otros tiempos poéticos, con la limpidez de una palabra que busca el preciosismo sin abandonar la autenticidad de una emoción primera, transformadora. El caso de Fernando remite a un joven dedicado con plenitud a la experiencia
poética, sin “contaminarse” con otros géneros de la escritura.
Quizás por eso Los intestinos no mienten es reflejo de una palabra madura y pausada, con esa falta de histeria petardista que encontramos en escritores menos concentrados. A propósito, reponde.
Desde cuándo la poesía
El origen (como todo origen) me resulta difuso. Habrá sido como a los 16 o 17 años; ya sabes, los grandes temas: la soledad, lo amoroso, la noche. Normalmente uno no sabe abordarse a uno mismo en ese tiempo, la experiencia es aún muy poca, así que ingenuamente comenzamos hablando de la inabarcable. Al menos esos primeros textos me dieron la pista de uno de los ingredientes esenciales que nos llevan a querer escribir: la soledad.
Los poetas preferidos
Disfruto mucho los poemas, proverbios y textos en general, de los poetas anónimos y no anónimos de las culturas antiguas del llamado Medio oriente. En español voy de los clásicos a los llamados contemporáneos, y he leído a muchos de mis contemporáneos. Por mi formación personal, desde muy niño soy muy cercano al inglés y su literatura, creo que es mi influencia central; leo con avidez a los poetas de lengua inglesa, desde las expresiones de la poesía sajona medieval, pasando por Shakespeare, Donne, los románticos; más recientemente a Yeats, Whitman, la piedra angular que labró Eliot, la fuerza de Dylan Thomas, y, ¿por qué no?, me encanta el otro Dylan, Bob. El lenguaje claro, simple, pero de sintaxis extraña y renovadora que encuentro en Strand o William Carlos Williams, muy pocas veces lo he leído en español.
Visión sobre la poesía mexicana
Se escribe mucho, sin embargo creo que se escribe muy pretenciosamente, con una urgencia bastante ingenua por innovar y encontrar la siguiente ruptura. Esto ha desembocado en un cúmulo de poetas jóvenes y no tanto, mimetizados en una serie de “modas” estilísticas, que más preocupadas están por el despeine y malabarismo sintáctico, por fabricaciones y artefactos, que por llegar al poema y a la poesía. En breve, no me gusta mucho como lector el grosso de lo que se escribe en la llamada “nueva poesía mexicana”; pero como todo, hay algunas afortunadas excepciones.
Quizás por eso Los intestinos no mienten es reflejo de una palabra madura y pausada, con esa falta de histeria petardista que encontramos en escritores menos concentrados. A propósito, reponde.
Desde cuándo la poesía
El origen (como todo origen) me resulta difuso. Habrá sido como a los 16 o 17 años; ya sabes, los grandes temas: la soledad, lo amoroso, la noche. Normalmente uno no sabe abordarse a uno mismo en ese tiempo, la experiencia es aún muy poca, así que ingenuamente comenzamos hablando de la inabarcable. Al menos esos primeros textos me dieron la pista de uno de los ingredientes esenciales que nos llevan a querer escribir: la soledad.
Los poetas preferidos
Disfruto mucho los poemas, proverbios y textos en general, de los poetas anónimos y no anónimos de las culturas antiguas del llamado Medio oriente. En español voy de los clásicos a los llamados contemporáneos, y he leído a muchos de mis contemporáneos. Por mi formación personal, desde muy niño soy muy cercano al inglés y su literatura, creo que es mi influencia central; leo con avidez a los poetas de lengua inglesa, desde las expresiones de la poesía sajona medieval, pasando por Shakespeare, Donne, los románticos; más recientemente a Yeats, Whitman, la piedra angular que labró Eliot, la fuerza de Dylan Thomas, y, ¿por qué no?, me encanta el otro Dylan, Bob. El lenguaje claro, simple, pero de sintaxis extraña y renovadora que encuentro en Strand o William Carlos Williams, muy pocas veces lo he leído en español.
Visión sobre la poesía mexicana
Se escribe mucho, sin embargo creo que se escribe muy pretenciosamente, con una urgencia bastante ingenua por innovar y encontrar la siguiente ruptura. Esto ha desembocado en un cúmulo de poetas jóvenes y no tanto, mimetizados en una serie de “modas” estilísticas, que más preocupadas están por el despeine y malabarismo sintáctico, por fabricaciones y artefactos, que por llegar al poema y a la poesía. En breve, no me gusta mucho como lector el grosso de lo que se escribe en la llamada “nueva poesía mexicana”; pero como todo, hay algunas afortunadas excepciones.