Cultura

Escribir para el teatro duele

El director y dramaturgo tiene sus más recientes obras: Cuando vuelvas y Otra vez un bolero, recién salidas de imprenta; aquí habla sobre su proceso creativo y los referentes de su arte

GUADALAJARA, JALISCO (07/JUN/2012).- A continuación se hablará de dos historias de boleros y fantasmas. De cómo se tejen las sombras del pasado y la realidad escénica. De cómo escribir para el teatro “duele”.  Del proceso creativo que atravesó Daniel Constantini para concretar sus recientes obras dramatúrgicas: Cuando vuelvas y Otra vez un bolero (Escenología AC, El Apuntador y Secretaría de Cultura).

El destacado actor, director, docente y dramaturgo jalisciense reflexiona en el preámbulo de la compilación que ambas obras son “la expresión del hoy que se conflictúa con el ayer”, es también “el presente que le parte la madre al futuro”, “es bailar con la más fea y no por ello perder cordura y esperanza”, “es el lado oscuro de todos, sí, pero también lo es todo”. La dramaturgia es, pues, dolorosa porque “no puedo sustraerme de ser la fuente más próxima para lo que escribo”

Daniel Constantini aún tiene los dedos pulgares manchados con tinta por la elección de un día anterior a la realización de la entrevista. Hace algunos comentarios sobre el regreso del PRI. Pide un café americano, abre un sobre de azúcar refinada y charla, con la mirada fija —enmarcada por unos viejos Ray-Ban cafés—, concentrado en sus pensamientos.

La idea central de Cuando vuelvas —el encuentro y desencuentro entre una madre y su hijo, la ausencia, el abandono del padre—,  deambulaba en su mente desde hace años. En los años noventa entró a un taller de dramaturgia con Vicente Leñero y éste a la vez le hizo una serie de observaciones al texto, “las tomé en cuenta, pero luego no me motivé a continuar reelaborando el texto. La docencia y la dirección me absorbieron. Pienso que fue correcto en mi caso porque ambas han sido la escuela que me permite escribir dramaturgia en la actualidad”.

Lo anterior es tal vez a lo que se refiere Vicente Leñero en el prólogo de esta publicación: Daniel Constantini es un hombre de teatro en el más exacto sentido del término, que ha escrito dos obras “aparentemente sencillas pero de inmensa complejidad si se les entiende como propuestas para el foro”.

En Guadalajara, los dramaturgos han cuestionado que los dramaturgos reproducen las mismas ideas escénicas de sus “maestros”. En el caso de Constantini es todo lo contrario, pues considera que no escribe a partir de lo que aprendió con un maestro.  “No hubo tal (…) Escribo en la medida de mi formación, primero como actor y luego como director y maestro. Concibo la dramaturgia a partir de ello, de mi trabajo que tengo con los actores en el escenario”.

En su opinión, los más de 35 años que tiene de experiencia escénica, “ me dan derecho de escribir, porque además tengo algo qué decir”.

El texto que originalmente se llamaba Sony dejó de vivir se publicó en una revista de teatro, y ahí quedó en el olvido. Hace algunos años revivió la inquietud de la dramaturgia y Daniel Constantini decidió hacer las correcciones que le había sugerido Vicente Leñero. Le cambió el nombre a Cuando vuelvas, un bolero “bonito” de Agustín Lara que el personaje femenino de la obra escucha durante una momentos de melancolía.

“Ese recurrir al sonido, al bolero, a las palabras, es lo que me lleva a cambiar el título. Porque ella siempre está con la esperanza de que vuelva, pero sabe perfectamente que lo hará, se miente a sí misma. Por eso se llama así”.

La historia Otra vez un bolero no tenía la intención de tener relación con Cuando vuelvas, pero en ambas aparecieron “inconscientemente” los boleros.

Tal vez, piensa, aparecen porque este género musical es importante para estos personajes de ficción, porque muestra la idiosincrasia del mexicano: con un bolero te emborrachas, con un bolero sueñas, te enamoras, te mueres…

“ Y descubro de repente que José, el personaje central de esta segunda historia, se encuentra inmerso en la nada, de pronto surge otra vez el pasado, los fantasmas, la soledad, los espectros que vienen a desarticular todo… así que al ver que en el título aparece otra vez el bolero, lo festejo y pienso que ambas obras tenían que estar publicadas en conjunto”.

—¿Qué ventajas le da el hecho de ser un hombre de escena?

—De entrada me da un bagaje importante, hay un cúmulo de información que si no lo hubiera tenido, no podría escribir, aunque era algo que siempre soñé. Toda esa cultura, formación e información me permite generar un estilo en mí y está justo en la experiencia pasada, en mi formación, con maestros concretos, con gente que realmente marcó mi vida profesional y con el amor indiscutible que le tengo al teatro.

Recuerdo que Heiner Müller (autor alemán), en una dramaturgia de dos cuartillas se la pasa dando indicaciones, mostrando lo que hace el personaje, es como un guión que sigues, pero que no deja de ser la idea dramatúrgica, porque como director al tomarlo puedes seguir las indicaciones o seguir tu propia interpretación. Yo sí tomo las ideas dramatúrgicas de Müller y no tengo miedo que digan “qué le dejas al director, si tú lo indicas todo”. Yo dejo una oferta clara de lo que quiero, pero el director debe preguntarse qué quiere. Y escribo así porque es mi formación.

—¿Cómo entreteje su experiencia escénica, con su observación de las relaciones humanas, con lo que le duele en lo personal?

—En mi caso, los textos surgen precisamente porque a mí como persona me duele algo y ese algo lo exploro como artista. Es la gran diferencia, si no, me quedaría con el méndigo bolero y estaría tirado en el alcohol. Pero no, algo me duele por la vida pasada y eso lo empiezo a explorar. Imagino cómo construir a partir del abandono en particular, echo al escenario a unos personajes  y voy entreteniendo aspectos personales y de ficción. Tejo la estructura dramática en el sentido de contar la historia que imagino. Otra vez un bolero habla de la soledad, pero también del perdón. José descubre que ha cometido errores garrafales consigo mismo y con el entorno, y de pronto se da cuenta que esos errores se le cobran con precisión en tiempo y espacio. Por eso cuando presento mis textos, no hablo de casualidad, sino de la causalidad de estos personajes que se dan encontronazos, choques tremendos.

—¿La escritura comienza a ser parte de su disciplina?

—A partir de estas dos obras no he dejado de escribir. Eso me alienta  porque significa que en eta etapa de mi vida seguiré haciéndolo. En las tardes sigo como maestro de actuación y dirección en el Cedart “José Clemente Orozco” del INBA. Y a pesar de que no soy tan disciplinado para escribir como parece, porque me cuesta el trabajo en soledad, porque ésta duele. Pero cuando tienes el valor, la enfrentas con la disciplina de ponerte a escribir en las mañanas, religiosamente. Ahora estoy escribiendo, paralelo a tres obras de dramaturgia, un proyecto de vida vicioso que creo que será mi legado. Se llama Higiene del actor, un libro sobre el entrenamiento y mantenimiento del trabajo con actores, con textos minúsculos para un solo ensayo que es en el ahora, para construir el antes y el después.

—Cuál es su diagnóstico sobre la dramaturgia en Jalisco

—La dramaturgia de Jalisco no es muy rica en cuanto a la publicación de textos que hayan fluido a través de los años y que hayan hecho un movimiento importante. Sí hay trabajos importantes, como la de Dávalos, Ignacio Haro Arreola, Gabriel Bárcenas, Hugo Salcedo, Víctor Castillo, Luis Enrique Gutiérrez Ortiz Monasterios (LEGOM), José Ruiz Mercado… Entonces hay jóvenes escribiendo, pero falta construir en continuidad y que esta dramaturgia refleje nuestro tiempo, que sea un sólido señalamiento a todo lo que anda mal en nosotros. A final de cuentas, eso es la dramaturgia, es drama, es encontronazo, choque entre uno que quiere y otro que no quiere. Y creo que nos hace falta más comunidad, que fluyan los años con producción interesante y yo quiero sumarme a ese esfuerzo con todos los que ya escriben dramaturgia.  

FRASE

"
Falta construir en continuidad y que esta dramaturgia refleje nuestro tiempo, que sea un sólido señalamiento a todo lo que anda mal en nosotros "

Daniel Constantini,
director de teatro y dramaturgo.

PERFIL
Reconocido tapatío por decisión


Daniel Constantini (Uruapan, 1952)  estudió teatro en el Departamento de Bellas Artes de Jalisco (ahora Secretaría de Cultura). Llegó a Guadalajara en 1975. Después se fue a la Ciudad de México a estudiar en la Escuela Nacional de Teatro, donde comenzó su interés por la dirección.

Tiene 35 años de experiencia como actor, director, docente y dramaturgo.

En el Cedart “José Clemente Orozco” del INBA imparte los cursos de actuación y dirección.

Es considerado como uno de los más importantes directores del Estado y ha montado obras como “La muerte se va a Granada”, de Fernando del Paso, en 2006; “El burgués gentilhombre”, “Escenas de una mentirosa y su perro”, “La fábrica de los juguetes”. En 2010 fue invitado como director de la Compañía Estatal de Teatro para montar “El gesticulador”, pero rechazó la invitación.

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